El Jardín Japonés del Jardín Botánico Nacional [JBN], sitio en las afueras de La Habana, frente por frente al recinto ferial de Expocuba, constituye un verdadero carnaval de colores y texturas. En él, cada piedra, arbusto o detalle arquitectónico está colocado en el sitio preciso, acorde a un diseño muy sobrio que conduce a la meditación, a la calma.
Proyectado por Yoshikuni Araki, notable arquitecto paisajista japonés, fue inaugurado el 26 de octubre de 1989 y donado por la Asociación Conmemorativa para la Exposición Mundial en ocasión del 30 aniversario del triunfo de la revolución cubana.
Posee una extensión de cinco hectáreas, se inscribe en el tipo Kaiyu-Shiki-teien, que significa Jardín de los paseos y se halla organizado en torno a un lago artificial de 300 metros de largo y con un perímetro de 750 metros, donde habitan carpas multicolores.
-Jardín Botánico en Río de Janeiro, parecido al Jardín Japonés del Jardín Botánico Nacional de la Habana-.
A su alrededor se extiende un sendero donde los visitantes descubren, a su paso, escenas que aparecen o se esconden, se trata de una antigua técnica denominada mie-gakure.
El elemento focal más importante del jardín es una cascada. Para contemplarla se han dispuesto diversos puntos, siendo el más sobresaliente el llamado Ukimi-dou [pabellón sobre las aguas] construcción de madera de forma exagonal colocado sobre pilotes dentro del embalse.
En su recorrido, el visitante encuentra un pequeño rincón, junto al camino, donde puede lavarse las manos en un tazón de piedra natural [Tskubai] y sentir bajo los pies el eco del agua que cae dentro de una tinaja oculta.
Próximo al salto de agua se halla un monumento pétreo de 3 metros de alto, formado por trece placas. Se trata de una réplica simplificada de las tradicionales pagodas budistas; también se puede apreciar, en un extremo del jardín, la linterna de piedra, representativa del fuego y la vida en la cultura japonesa.
Como en toda construcción de este tipo predominan las plantas. Aunque apreciamos especies propias de Asia coexisten otras que por su forma, textura o floración satisfacen las exigencias del diseño, tal es el caso del Pinus caribaea Morelet [su nombre vulgar es Pino macho o amarillo], endémico de Cuba.
Sobresalen la Bambusa vulgaris, la Amoora rohituka, el Podocarpus neriifolius, la Albizzia kalkoris y la Thuja orientalis. Según se recorre el camino se alzan majestuosos ejemplares de Cassia nodosa, cuya floración, de color rosa pálido, recuerda el tiempo de los cerezos en flor o Sakura.