Este lugar recibió tal nombre al ser construido en la antigua hacienda de Los Leones, el punto de intersección de los cuatro caminos que comunicaban a la ciudad de México con Cuautitlán, Tacuba y Huixquilucan por su importancia comercial.
El Toreo fue construido originalmente en la ya antigua colonia de La Condesa, en los terrenos que ahora ocupa en las calles de Durango la tienda El Palacio de Hierro. El Toreo fue demolido y piedra por piedra se trasladó a Cuatro Caminos, en donde se reconstruyó. Nunca fue terminado.
Incluso, fue hasta 1968 cuando se decidió colocar el domo [lo hizo la firma Campos Hermanos, especializada en la industria de herramientas y ligada al político Carlos Hank González].
Ahora, los 25 mil metros cuadrados del predio se convertirán el próximo año en un centro comercial y de servicios y formará parte del entorno en que se edificará el Viaducto del Bicentenario.
-Segundo Piso Periferico. Viaducto Bicentenario-.
Ahí, el 12 de septiembre de 1982 El Santo realizó su último combate y también allí se realizaron peleas memorables de Rubén Púas Olivares, Julio Cesar Chávez o Ultiminio Ramos. Todas ellas hicieron vibrar al país entero.
De los miles de aficionados que a dos de tres caídas y sin límite de tiempo aglutinaron los alrededores del cuadrilátero en que se presentaron Canek, Tinieblas, Blue Demon y André el Gigante ya no queda ni su sombra.
Apenas y permanece en pie un oscuro pasillo cubierto de polvo por el que salían los gladiadores de sus vestidores.
Un palco a ras de pista luce aún en condiciones decorosas, mañana ya no. Sólo queda la memoria de las familias más prominentes que lo ocupaban para deleitarse en una corrida de toros, de esas que sólo duraron un par de décadas.
El avance de la demolición va en 30 por ciento y se pretende terminarla entre seis y ocho meses, para comenzar el proyecto a cargo del arquitecto Javier Sordo, quien construyó centros comerciales de la talla de Antara, Moliére 222 y Angelópolis.
Aquella taquilla que en sus inicios se abarrotó para ver a Manuel Capetillo o Miguel Espinosa Armillita, sin olvidar a Joselito Huerta y a Manolo Martínez, quedó en ruinas, pues a su alrededores sólo hay máquinas y hombres apilando los escombros de la devastación inducida.
Con sus 60 metros de altura, el Toreo no termina de desdibujarse de la mente de los que acudieron a algún concierto de Antonio Aguilar o de La Scala de Milán, ni de los conductores que a diario transitan por la zona.
De igual manera, quedarán en el recuerdo los actos políticos, sobre todo de los candidatos presidenciales panistas, partido que, por cierto, fue el encargado de realizar el último evento dentro del Toreo de Cuatro Caminos. El presidente blanquiazul realizó un acto con miras a las elecciones del 2009. Sin olvidar que Felipe Calderón y Vicente Fox iniciaron ahí sus campañas presidenciales.
Cabe señalar que el domo que cubrió la plaza desde 1968 prácticamente ha desaparecido, luego de que más de un centenar de empleados empezaron la desmantelación de su cubierta y butacas.
Los conductores ya no podrán tomar como referencia de la división del Estado de México y el Distrito Federal en la zona norte a esa estructura semiesférica que durante los días soleados deslumbraba por el reflejo del astro rey.