Empapelan las ciudades y pueblos para anunciar eventos y conseguir atraer a los ciudadanos a sus actos. Son papeles grandes con una imagen acompañada por un texto, por lo general, breve y conciso que pretende captar la atención de apresurados transeúntes a golpe de ojos. En los pasquines que empapelan las calles también ha evolucionado el arte.
Los carteles surgen con la Revolución Industrial. La cultura de consumo y ocio, la competencia entre empresas y el mercado de consumo todavía por desarrollar provocan el desarrollo de nuevas formas de hacerse ver, de publicitarse.
En pleno apogeo de la revolución, el gobierno francés se encuentra en 1791 con unos muros repletos de mandatos, sentencias, avisos y órdenes oficiales que se confundían con los carteles propagandísticos. Finalmente el gobierno prohibió el empleo de tipografías en la publicidad privada de las calles, acotándola a los anuncios oficiales.
Fue entonces cuando se reinventaron los carteles y los publicistas se centraron en los signos gráficos y el color para atraer al público. En 1866, en París, Chéret inventó la litografía de tres colores. Entonces arrancó la industria gráfica y surgieron los conocidísimos carteles de la Belle Époque creados por Henry Toulouse-Lautrec, sutiles y sugerentes.
A partir de entonces, cada país evolucionó a su manera. Italia se contagiaba del espíritu dramático de la ópera, Francia del culto a la bebida de sus cafés...
Primeros carteles vascos: Militares.
En Euskadi, los primeros en pegar carteles fueron los soldados del ejercito francés, lo hicieron durante la Guerra de la Independencia, entre 1808 y 1813. Para que al pueblo le quedaran claros los severos castigos que iban a recibir los que colaboraran con los guerrilleros, escribían los bandos militares en las tres lenguas -español, francés y euskera- . El estilo marcado por los bandos militares -un solo color y sin dibujos- predominaron durante toda la primera mitad del siglo XIX.
Los catalanes ya impulsaban las agencias publicitarias en 1894. A Euskadi le costó más, la industrialización aquí no incidía en el diseño del producto, ya que las industrias se centraban en géneros como la explotación del mineral de hierro, la transformación de ferrerías en industrias papeleras y metalúrgicas. Vamos, que la estrategia de vender ropa y la de comercializar los productos de la industria vasca distaban, sobre todo, en el colorido.
La industria papelera se asentó en la cuenca del río Oria, fábricas del sector tomaron Alegi, Tolosa, Legorreta... Y cerca de éstas surgieron pequeños talleres de impresión. Y algunos se especializaron en el cartelismo. Eran pequeños negocios situados en plazas urbanas, como Legina en la plaza Nueva de Bilbao y Fournier en Gasteiz.
José Bringas creó el primer cartel diseñado e impreso en Euskadi en 1866, que corresponde al de la feria de Bilbao. En la década de los 80 del siglo XIX, proliferaron grandes carteles taurinos impresos, la mayoría, fuera de Euskadi. Los carteles de los Sanfermines de Iruñea se distinguían desde finales del siglo XIX por su singularidad y calidad.
-Consumismo y Publicidad-.
Reflejo de la realidad: Resumen de la cultura.
-El cartel resume en sus imágenes y textos la cultura de una época, ya que en ellos se contienen los signos, símbolos, tópicos... y en definitiva las creencias compartidas de aquélla-, explica la profesora Raquel Pelta en el capítulo dedicado al cartelismo en Euskal Herria Emblemática.
Con el nuevo siglo, la modernización llega a la sociedad vasca y, al mismo tiempo, al cartelismo que se pone al servicio de las nuevas necesidades: comercio, comunicación, cultura, política o vida social.
Los carnavales de Donostia de 1900 se anunciaron con un cartel de -los grandes talleres de Soto, Tuduri y Echeverria-, imprenta tolosarra que contaba para entonces con sus propios artistas gráficos. En la línea de la producción cartelística europea de aquellos años, con una notable influencia francesa, aquel cartel mostraba un Boulevard donostiarra iluminado con los nuevos faroles eléctricos y con los ya tradicionales de gas.
Los mejores años del cartelismo llegaron más tarde, durante los años veinte y treinta del siglo pasado. la Exposición Internacional de Artes Decorativas de París de 1925 marcó la pauta a seguir: el estilo Arte Déco se consagrará y las artes gráficas asimilan las vanguardias artísticas de la época: dadá, cubismo, futurismo,... Las formas utilizadas en los trabajos son más simples y cobran movimiento propio, con la ayuda del aerógrafo. Aníbal Tejada trabajaba esta técnica en los trabajos realizados para la empresa Bicicletas Orbea.
La revista Novedades de Donostia calificó de -obra maestra- el cartel Irrintzi para lanzar el diario Euzkadi en 1913. Desde entonces el bilbotarra hizo trabajos para regatas, partidos de fútbol, teatro, ópera...
Los productos comerciales, eventos culturales y deportivos, consignas políticas, publicaciones... en Euskal Herria el despertar cultural y el proceso de urbanización favorecen el despegue del cartel a partir de 1920. La demanda de carteles es cada vez mayor, y los dibujantes se van especializando en carteles y anuncios publicitarios para prensa o revistas.
-Lo que puede hacer una buena publicidad-.
Artistas: Dibujantes, arquitectos...
No existían las agencias de publicidad, por lo que los artistas trabajan de forma indepeniente, como Juan Cabanas Erauskin [Donostia, 1907], Rafael Elosegi y Carlos Landi [Tolosa, 1896], Casla, Nicolás Múgica [Bergara, 1887]. Nicolás Martínez Ortiz de Zárate [Bilbao, 1907] fue una de las grandes figuras del cartelismo vasco anterior a la guerra. Los pintores también se acercaron al mundo del cartelismo, además de diseñadores gráficos o dibujantes. Es el caso del autor del cartel de las regatas de traineras de La Concha de 1930, Eduardo Lagarde.
El arquitecto Lagarde [1884] empleaba una técnica de tintas planas en papeles recortados. Son suyos los carteles para el Congreso de Estudios Vascos y los del circuito automovilista de Lasarte.
También destacan, en el apartado comercial, los anuncios creados por Emilio Ferrer para galletas Artiach que utilizaba un estilo que acabó por imponerse.
Otro artista con un estilo inconfundible es Jon de Zabalo Txiki, conciso y claro. Son trabajos basados en un dibujo de marcados perfiles negros, entre los que destacan los de El Gran Kursaal, así como los carteles políticos sobre el Estatuto de Autonomía.
Con el triunfo de la Revolución bolchevique en Rusia, se impone el cartelismo político. En Euskadi, la Guerra Civil generó una actividad propagandística muy intensa. Los carteles se convirtieron en un arma eficaz para animar al bando amigo o para desanimar al enemigo. La mayoría de artistas vascos se quedaron con los republicanos. Nicolás Martínez Ortiz de Zárate, además de carteles políticos diseñó los conocidos como heliodoros , billetes emitidos por el Gobierno Vasco, razón por la que fue represaliado por los franquistas.
Desde la toma de Donostia por parte de los franquistas en septiembre de 1936, la mayoría de la actividad editora se concentró en Gipuzkoa, por su proximidad con la frontera, con Burgos [capital rebelde]...
Durante la posguerra, el nivel bajó. Los artistas habían desaparecido o se habían ido fuera. Además, la censura moral, política y estética limitó los contenidos de los trabajos, incluso las posibilidades de adquirir papel.
Desde la II Guerra Mundial los soportes publicitarios cambian, y aparecen en escena, entre otros, la radio y la televisión. Más tarde llegaron las nuevas tecnologías y los soportes que no paran de evolucionar.