Como en las familias aristócratas. Hay quienes tienen abolengo y quienes tienen dinero. Así sucede con los galardones de arquitectura, los más famosos llevan pegados cheques de al menos 100 mil dólares, como el Pritzker, el Carlsberg o el Aga Khan.
Pero ninguno puede competir con los más de 150 años de historia de la Medalla de Oro del Real Instituto Británico de Arquitectos, o RIBA por sus siglas en inglés; una presea que fue instituida nada menos que por la Reina Victoria en 1848 y cuyo primer ganador fue Charles Robert Cockerell [1788–1863], autor del St. George’s Hall, de Liverpool o el Museo Fitzwilliam, de Cambridge.
Desde entonces, este galardón se ha entregado cada año [excepto en dos ocasiones, una de ellas cuando murió la Reina Victoria]. Durante varias décadas el premio fue declaradamente británico o europeo, aunque conforme fue avanzado el Siglo XX, adquirió una personalidad más global, siendo concedido, por ejemplo a Le Corbusier [1953], Sir Giles Gilbert Scott [1925], Frank Gehry [2000], el estudio Archigram [2002], Frei Otto [2005], Toyo Ito [2006] y Herzog y de Meuron [2006].
La presea se concede para reconocer toda una vida de trabajo y es aprobada personalmente por la Reina Isabel II para ser entregada a un individuo o grupo cuya influencia en la Arquitectura tenga un verdadero efecto internacional. El premio es por todo un cuerpo de obra, no por un solo edificio o para un arquitecto que esté actualmente de moda.
La Medalla de Oro de la RIBA se entrega en una cena de gala en el mes de febrero y su nuevo ganador acaba de ser anunciado: el veterano arquitecto portugués Álvaro Siza [1933], un oriundo de Matosinhos, puerto pesquero próximo a Oporto, que abandonó la idea de ser escultor tras ver los edificios de Gaudí en un viaje a Barcelona.
Queda escrito.
Sunand Prasad, presidente del RIBA y cabeza del jurado que concede el premio, señala en el acta oficial que la Medalla de Oro para Álvaro Siza es un reconocimiento por -el cuerpo de obra inspiradora e instructiva que ha producido a lo largo de más de 40 años y por su inmensa contribución a la Arquitectura a través del diálogo y la enseñanza-.
El veredicto también señala que Álvaro Siza es un arquitecto completo que desafía las clasificaciones. El establecimiento de una Arquitectura magistral y aparentemente inevitable fuera de las posibilidades de un sitio, es una de las supremas características de su trabajo.
-Álvaro Siza manipula las lecturas de un lugar en formas escultóricas que no son predecibles u ordinarias, pero nunca se permite ser ininteligible-.
En los edificios de Siza, como no sucede en muchos otros, son las relaciones entre los elementos de la arquitectura las que cobran importancia, en lugar de la forma o textura de los mismos. Se trata de una arquitectura en la que una economía de medios expresivos se combina con una abundante revelación espacial.
Álvaro Siza es, y siempre lo ha sido, un profesor comprometido y educador. Ha permitido a muchos arquitectos jóvenes obtener comisiones a través del trabajo que él inicialmente ofreció y esta abnegación es uno de los muchos ejemplos de su compromiso con la grandeza del proyecto arquitectónico, más que del éxito personal.
Inusualmente para un arquitecto de tal prestigio internacional, Siza ha mantenido deliberadamente un estudio pequeño, para garantizar su atención a cada proyecto y es generoso con su reconocimiento a otros arquitectos.
-En los edificios de Siza, las relaciones entre los elementos de la arquitectura son las que cobran importancia, en lugar de la forma o textura de los mismos-.
Maestro detallista.
Álvaro Joaquim de Melo Siza Vieira, su nombre completo, nació el 25 de junio de 1933. Su padre fue ingeniero y quien lo persuadió de seguir su inclinación hacia la arquitectura. Realizó sus estudios profesionales en la Facultad de Arquitectura de Oporto.
Entre 1955 y 1958 trabajó con Fernando Tavora, con quien es uno de los referentes de la llamada -Escuela de Porto-, pero después retomó su propio despacho, el que había establecido en 1954. Sus primeros proyectos construidos fueron un restaurante llamado Boa Nova y un cuerpos de piscinas en Leica de Palmeras.
Su estilo podría definirse como un modernismo poético, en la línea de Alvar Aalto, con una obra profundamente conectada con el sitio [-el arquitecto encuentra la arquitectura allí donde trabaja-, dijo en alguna ocasión].
-Los edificios de Siza buscan conectarse con la naturaleza de su contexto y plantear relaciones entre lo viejo y lo nuevo, lo sensorial y lo racional-.
El jurado que en 1992 le concedió el premio Pritzker, afirmó que su Arquitectura -es un gozo para los sentidos y eleva el espíritu. Cada línea y curva son puestas con habilidad y certeza-.
Como los primeros modernistas, sus formas, moldeadas por la luz, tienen una sencillez engañosa sobre ellas. Resuelven problemas de dieño directamente. Si se necesita sombra, un plano voladizo se sobrepone para proporcionarla. Si se desea una vista, se abre una ventana. Escaleras, rampas y paredes, todo parece estar predestinado en un edificio de Siza.
-Esa sencillez, examinada detenidamente, se revela como una gran complejidad. Hay una sutil maestría subyacente en lo que parecen ser creaciones naturales. Parafraseando las palabras del propio Siza, es su respuesta a un problema, una situación en la transformación, en la que él participa-.
Además del Pritzker y la Medalla de Oro del RIBA, Álvaro Siza también ha sido merecedor de la Medalla Alvar Aalto [1988], el Premio Nacional de Arquitectura de Portugal [1993], el Wolf Prize de Artes [2001] y el Premio Príncipe de Gales, de la Universidad de Harvard [1998].
Entre sus obras más recientes se cuentan: el edificio para la Fundación Ibere Camargo, en Porto Alegre [Brasil], el Museo de Arte Contemporáneo de la Fundación Serralves en Oporto [Portugal] y la Biblioteca de la Universidad de Aveiro [Portugal]. En el 2005 fue el diseñador del afamado Serpentine Pavillion, estructura temporal veraniega que se instala en el Hyde Park londinense a invitación de la galería Serpentine.
En marzo de este año, declaró en una entrevista al diario español El País, desmarcándose del aire de -rockstar- que rodea a muchos de sus colegas: -El arquitecto nunca es más importante que el edificio, y en esta época pasa lo mismo, aunque la Arquitectura tenga mucha presencia en los medios de comunicación. Cuando el que encarga el proyecto no está interesado en la calidad, no tenemos poder para hacer lo que queremos-.