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Una casa en una semana

La humanidad siempre ha soñado con viviendas económicas y acogedoras que se levantan en solo una semana. Hoy día, los arquitectos han sabido unir el atractivo estético al concepto industrial. Repasamos a través del libro 'prefab house' la historia de las casas prefabricadas, desde las cabañas del lejano oeste hasta las actuales, pasando por alguna 'nave espacial'. (Mar, 27 Jul 2010)
Los esfuerzos del arquitecto de hoy se dirigen hacia la satisfacción de un cliente individual. Los del arquitecto de mañana se dirigirán hacia un montón de clientes invisibles". El arquitecto e ingeniero autodidacta Richard Buckminster Fuller defendió las viviendas prefabricadas hace más de 80 años. Aunque por entonces en Estados Unidos y en las colonias del imperio británico se había extendido la idea de la prefabricación, Fuller era consciente de que en Europa y entre cierto tipo de usuarios esta tardaría en triunfar. El tiempo de clientes anónimos, construcción en seco, plazos cortos y diseño lógico anunciado por el norteamericano está ahora más cerca. Tras varios intentos fallidos por irrealizables, el encuentro entre los proyectistas, la industria y las necesidades de los usuarios se acerca. Y ha sido la industria la que ha dado los mayores pasos. En las últimas décadas, grandes empresas de mobiliario, Muji en Japón e Ikea en Suecia, han puesto en marcha compañías que, más allá de ofrecer a los usuarios mesas desmontables en embalajes planos, fabrican viviendas prefabricadas. Así, con la industria preparada, el público cada vez más familiarizado con sus ventajas, los precios competitivos y muchos arquitectos dispuestos a abordar realmente el asunto, la prefabricación podría vivir su momento.


Como la manera más rápida y económica de acceder a un hogar o como el contrapunto a la tradicional noción de estabilidad, solidez y permanencia asociable a la casa burguesa, la casa prefabricada tiene una historia más que centenaria. La idea de llevar los componentes de la casa a la cadena de producción industrial es tan vieja como la propia industria. Las primeras viviendas levantadas con componentes modulares se pusieron a la venta en 1833. El carpintero londinense Herbert Manning ofrecía sus cabañas (Manning Cottages) en un folleto que llegó a ser muy popular entre quienes emigraban a Australia. Lo que unía a los usuarios de las viviendas prefabricadas era a la vez la necesidad de un hogar económico y fácil de construir y su condición de gente predispuesta al cambio para acceder a una vida mejor. Así, entre los nuevos pobladores del Oeste americano, los buscadores de oro que llegaron a California persiguiendo fortuna entre 1849 y 1854, y entre quienes emigraban a Australia y a Sudáfrica, la vivienda habitual era, al margen del estilo elegido, prefabricada. Además, pronto surgió competencia entre los industriales. La compañía galesa Thomas Eddington & Sons desarrolló la manera de producir chapa metálica corrugada que, desde 1844, le hizo la competencia a la madera como material básico. Para la segunda mitad del siglo XIX, entre el 60% y el 80% de las viviendas norteamericanas eran prefabricadas. Pero cuando las colonias desarrollaron sus propios métodos y estilos constructivos, a partir de 1860, decayó la industria de la prefabricación.


Estas fueron las casas prefabricadas pioneras, muy de granjeros. El modelo de la imagen está datado en 1936 en Reedsville, West Virginia.

En el siglo XX, la venta por catálogo recuperó el sueño de sacar una casa de un montón de paquetes. Para entonces ya no eran los carpinteros quienes daban nombre a los modelos. Las marcas eran las de los grandes catálogos de venta por correo: Sears, Montgomery Ward o The Hodgson Company estaban detrás de los nuevos hogares que llegaban hasta los solares vacíos por servicio postal: en el vagón de un tren o a bordo de un camión. La mayoría de las viviendas prefabricadas ofrecían la posibilidad de elegir fachada y chimenea. Los clavos y la pintura estaban incluidos, pero el sistema de calefacción y la fontanería eran asuntos opcionales. La empresa Aladin vendió la primera casa prefabricada en 1906. Su catálogo ofrecía 450 modelos distintos. Despacharon 65.000 unidades.

En EE UU se construyeron pueblos enteros de viviendas prefabricadas. Uno de ellos fue Carlinville, en Illinois. Los usuarios eran los nuevos trabajadores de la empresa Standard Oil. Sears recibió un encargo por valor de un millón de dólares. Y para llevar las 156 casas solicitadas hasta allí se construyó una extensión de la línea de ferrocarril.

Son muchos y variados los motivos que llevan a precisar viviendas de forma rápida y económica. Pero ¿cómo añadir calidad a esa suma? Tras la devastación de la Primera Guerra Mundial, Europa se convirtió en uno de esos escenarios, campo abonado para la experimentación y la innovación. Fue entonces cuando una nueva generación de arquitectos se apuntó, por primera vez, al reto de la industria, justo cuando esta parecía más capaz que la propia arquitectura de ofrecer soluciones para conseguir una vivienda digna. En un mundo en el que aparecían sillas apoyadas en tubo de acero y en el que triunfaba el modelo T de Ford, el primer coche ensamblado en una cadena de montaje, la rapidez se convirtió en objetivo prioritario. Era fundamental reducir el número de elementos que se necesitaban para cualquier montaje. Como resultado, el proceso de producción y su simplificación eclipsaron a la durabilidad como objetivo.

Uno de esos jóvenes arquitectos amigo de los muebles tubulares fue el director de la Bauhaus, la escuela que desde Weimar trataba de revolucionar la arquitectura. Walter Gropius quiso romper la imagen que asociaba prefabricación a descuido estético y entre 1920 y 1923 desarrolló un sistema constructivo que empleaba bloques de hormigón. El objetivo era levantar viviendas estandarizadas con cubierta plana y los proyectistas Adolf Meyer y Fred Forbat lo acompañaron. Hubo otros arquitectos, como Georg Muche y Richard Paulick, que lo intentaron con un esqueleto de metal y paneles metálicos de tres milímetros, pero el asunto no cuajó. No existía un público preparado para asociar hogar a una colección de paneles desmontables.

Tras la gran depresión de 1929, varias empresas, como Pullman o General Electric, unieron fuerzas para producir viviendas por 3.000 dólares siguiendo el proceso de la cadena de montaje de los automóviles. General Houses Corporation tuvo su público. Pero ese mismo año, un visionario de la arquitectura como Richard Buckminster Fuller no encontró quien lo escuchara. Presentó su primera vivienda prefabricada, la hoy famosa Dymaxion House, en unos grandes almacenes de Chicago. El prototipo era de planta hexagonal, y no era el peso lo que lo mantenía en pie, sino la tensión: toda la vivienda dependía de un mástil central que la sujetaba. Tenía dos baños, dos dormitorios, sala, comedor y cocina, e incluso una terraza en la parte alta. Pero no encontró comprador.


La famosa casa construida en 1947 por Richard Buckminster Fuller, en Wichita (EE UU).

Casi un siglo después de las primeras viviendas prefabricadas, el asunto continuaba pareciendo un espectáculo circense. No en vano, Alfred Frey presentó su Aluminaire, una vivienda de tres pisos levantada con aluminio, acero y vidrio, en la feria de Chicago. También Frank Lloyd Wright se interesó por la prefabricación y, tras varios intentos, solo al final de sus días logró que la empresa Marshall Erdman de Madison le produjera una vivienda prefabricada. Vendió 20 unidades.

No es que la gente no necesitara un hogar de forma rápida; es que, puestos a sacrificarse por uno, lo querían sólido y estable. Y les parecía que lo que demostraba con su nuevo aspecto que se había levantado en pocos días carecía de esos atributos. La falta de apertura mental de los consumidores, sumada al poco tino de los arquitectos a la hora de sopesar sus necesidades reales (más guardar sus enseres que sentirse habitantes de un platillo volante), llevó a la bancarrota a muchas de las empresas que se habían lanzado a producir viviendas prefabricadas. Las que triunfaban, en los catálogos de Sears o Aladín, por ejemplo, no sentían ninguna necesidad de acercar sus productos a los diseños de los arquitectos. La arquitectura y la vivienda básica parecían condenadas a un desinterés mutuo. Hasta que llegaron las excepciones.



En París, en el suburbio de Meudon, el arquitecto-herrero Jean Prouvé levantó 14 viviendas prefabricadas, de factura impecable, pero escasamente industriales: él mismo las producía. Fue la Segunda Guerra Mundial la que cambió las cosas. Tras la contienda, 70 compañías norteamericanas vendieron más de 200.000 viviendas prefabricadas. Para entonces, arquitectos y diseñadores habían decidido tomarse la experimentación en serio. El matrimonio formado por Charles y Ray Eames levantó en 1949 su famosa casa, en Pacific Palisades (California). Tardaron menos de una semana. Dos décadas después se convirtió en una referencia para los arquitectos del high tech británico.


Colonia Meudon por Jean Prouvé

Así, también Norman Foster y Richard Rogers se interesaron por la flexibilidad, la sofisticación técnica y la estética industrial. Sin embargo, una vez más, descuidaron la producción en serie. En una constante de la prefabricación, los arquitectos han liderado el diseño de las viviendas, pero no su producción, su razón de ser. De este modo, la casa Zip que Rogers ideó en 1968 era amarilla, se apoyaba en cimientos de color fucsia y a los autores del libro Prefab houses (Taschen), Oliver Jahn y Arnt Cobbers, les recuerda al submarino amarillo que popularizaron los Beatles. Pero no tuvo secuelas más allá del currículo de Rogers. En esa línea hippy, el grupo Archigram propuso viviendas en cápsulas que podían unirse para levantar ciudades. Fue el israelí Moshe Safdie quien levantó 158 viviendas modulares, Habitat 67, para la Expo de Montreal de 1967 y abrió nuevas vías.

Con todo, hasta los años noventa Europa no aceptó la prefabricación. Y la razón de esa aceptación partió entonces de los fabricantes de muebles desmontables. La japonesa Muji (de la mano de Kengo Kuma) y la sueca Ikea (liderando el fenómeno Boklok) recuperaron la idea de la vivienda prefabricada; hoy ha iniciado su expansión por el Reino Unido tras levantar 14.000 hogares en Suecia.



Más allá de los dos bastiones que soportan la prefabricación -la rapidez y el bajo precio-, hoy otros factores se añaden a la mejora de esa opción: ahorro energético, reciclaje, flexibilidad o la posibilidad de cambiar y crecer sin obras que ensucien. En esa línea, el francés Eric Bigot es el alma de la empresa sudafricana ZenKaya Ecohome, que reparte sofisticadas viviendas a domicilio. Todas las casas miden 3,40 metros de ancho (como un camión) y entre 6 y 18 metros de largo. Cuidadas hasta el último detalle, llegan completas y listas para que el dueño se siente en el porche a jugar.


Zenkaya (2005). Casa construida por el francés Eric Bigot, instalada en la planicie de Sudáfrica.

Pero está claro que no todo es juego. Después de levantar habitáculos temporales con tubos de cartón, el japonés Shigeru Ban fue capaz de vender como residencia fija la ingeniosa Furniture Home. Y la arquitecta Marianne Cusato echó mano de la tradición constructiva de Nueva Orleans para diseñar los Katrina Cottages. La proyectista entendió que quienes habían perdido su casa en la zona devastada por el huracán de 2005 lo que necesitaban era recuperar, prefabricada o no, su idea de casa.

Del autor del Museo Judío de Berlín, Daniel Libeskind, al estudio sueco Claesson, Koivisto y Rune, cada vez son más los proyectistas dispuestos a apostar por la construcción en seco. Las viviendas prefabricadas no solo ahorran tiempo y dinero. Su rápida construcción resulta mucho más sostenible. También su destrucción: permiten el reciclaje de todos sus componentes. De la mano de los arquitectos de hoy, el problema ya no es dibujar la casa del futuro, el reto es que esta resulte felizmente habitable.


Casa diseñada por Daniel Libeskind


La prueba evidente de cómo ha evolucionado este mundo: la Kip House fue concebida en 2005 por el estudio danés 3XN para la empresa M2.


Casa Orion (1970) concebida por Jean Maneval.


Casas dormitorio para los más pequeños ideadas por los noruegos TYIN Tegnestie en Tailandia (2008).


Freedom House. Casa situada en Australia.


Easy Domes (1992). Casas del arquitecto danés Kári Thomsen, que se montarán como colonia de vacaciones en Abu Dhabi.

El libro 'Prefab houses', editado por Taschen, acaba de salir a la venta. Todas las imágenes de este reportaje pertenecen a esta publicación.

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Lista de comentarios

16 de 32 de los participantes encontró que el siguiente comentario es útil:
INTERESANTE , 2010-08-01
Comentarios por: MYRIAM REYES HIDALGO
SI
 
MUY IMPORTANTE SEGUIR LA HISTORIA DE LA CONSTRUCCION DE LAS VIVIENDAS EN CUALQUIER PARTE DEL MUNDO. LOS TIPOS MATERIALES, ETC. ES PARTE DE CRECER E INNOVARSE EN ARQUITECTURA Y DEMAS ESPECIALIDADES.
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7 de 26 de los participantes encontró que el siguiente comentario es útil:
ecasas prefabricadas , 2010-07-31
Comentarios por: vale
3
 
siento que falto informacion y no sacaron un ejemplo real y practico mas bien fue como ciencia ficcion y creo que las casas rodantes son casas rapidas y prefabricadas pero como que senti que esto fue muy incompleto no se profundizo en el tema y s eme hace raro la muetra de casas katrina no se ve
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7 de 22 de los participantes encontró que el siguiente comentario es útil:
Casas Prefabricadas , 2010-08-23
Comentarios por: Evaristo Antonio Guzmán Higareda
Constructor de Viviena y Desarollos Habitacionales
 
Concuerdo con el contenido del artículo correspondiente, pues nos remota al inicio de la construcción de casas por medios distintos a los que aún hoy se siguen empleando. El hecho de que reconocidos arquitectos o despachos de diseño se hayan abocado a encontrar una solución que permita construir una casa con valores estéticos, económica, eficiente y en un tiempo mínimo, habla de un añejo problema para el cual aún no existe una solución real. Estoy convencido de que hoy se cuenta con los elementos físicos y materiales para lograr una casa o casas que cumplan con la expectativa, sólo que se requiere atacar el problema desde una perspectiva o enfoque más amplio. En el cuerpo del artículo que se comenta ya se esboza una parte de la posible solución al mencionar la participación de la industria, y que requiere modificar el criterio de “prefabricación” ya que éste supone el empleo de elementos “prefabricados”, es decir, un sinnúmero de elementos previamente construidos que se unen o ensamblan para constituir elementos más grandes para que satisfagan los requerimientos de tamaño del proyecto (tabiques, bloques, viguetas, trabes, losetas, tubos, válvulas, conexiones, cables, varillas, placas, entre muchos otros) donde se emplea una gran cantidad de mano de obra, no siempre especializada. Ahora bien, si el enfoque cambiara a “industrialización”, las cosas tendrían que cambiar. Ningún usuario compra pistones, bielas, anillos, cigüeñales, válvulas, bloques, radiadores, baterías, columnas de dirección, volantes, asientos, cristales, suspensiones, llantas, lámina o resinas para construir una carrocería y poder tener una automóvil… lo recibe completo y listo para conducir; entonces porqué no puede adquirir una casa totalmente terminada del color y tamaño que se ajuste a sus necesidades. Desde luego que esto puede parecer muy ambicioso pero… ¿es posible? Estoy convencido de que sí, sólo que indudablemente un automóvil no es una casa. El automóvil como tal es producto de la industrialización y se construye en todas sus etapas en una “planta” donde existen infinidad de controles y mano de obra calificada que permiten ofrecer al mercado un producto de calidad. Así, la “industrialización” de una o varias casas que se ubicarían en sitios con características específicas de terreno, clima, vientos dominantes, etc. La “industrialización” tendría que hacerse en el sitio donde habrán de erigirse en cuyo caso, habría que llevar la “planta” completa y el personal calificado al mismo. En México existe maquinaria y equipos especiales que pudieran emplearse para este fin y también se cuenta con ingenieros y técnicos capaces par construir las máquinas especiales que se requieren. Sin embargo, pecando de idealista, creo que si se cuenta con los recursos suficientes provenientes de empresarios, inversionistas particulares e incluso del estado, “la industrialización in situ” sería el menor de los problemas. El mayor y más importante a mi juicio es el propio proyecto, tarea exclusiva de los arquitectos, quienes deberán tomar conciencia de que por lo menos en México, el que tiene solvencia financiera seguramente no tendrá empacho en ordenar una casa tan grande y original como sus capacidad económica le permita, cuando el grueso de los usuarios que necesitan adquirir una casa, llámese “vivienda decorosa” para sus familias, cuentan con una capacidad limitada de endeudamiento en razón de sus ingresos. Estos individuos son los que verdaderamente se beneficiarían de la casa o “vivienda industrializada” A lo largo de mi vida profesional he constatado que siendo la vivienda (y no digo residencia o mansión) uno de los más grandes problemas que enfrenta nuestro país, se le presta poca atención desde el punto de vista del proyecto, llegando a encontrarme en edificios y desarrollos habitacionales viviendas que contravienen muchos principios del diseño y aún de los reglamentos vigentes. Estoy cierto que el diseñar una vivienda “decorosa”, con importantes restricciones de espacio, reglamento y costo, incluso de usuario, no es una tarea fácil, siendo ahí precisamente donde se requiere el conocimiento, la habilidad, la creatividad, la experiencia y compromiso de los arquitectos de México, para resolver el proyecto de casas o viviendas “dignas y decorosas” para los mexicanos que también deben ser “cómodas y funcionales”… ¿o no?
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6 de 28 de los participantes encontró que el siguiente comentario es útil:
Casas prefabricadas , 2011-01-10
Comentarios por: Germán Santibáñez Bagnara
La prefabricación de viviendas
 
En mi opinión, estas casas no funcionan porque están pensadas por Arquitectos.El Arquitecto piensa la casa como una obra que es parte del lugar. Si la casa pasa a ser un "objeto de construcción" industrial, en serie, entonces debe estar pensada por un Diseñador Industrial, y que los arquitectos me perdonen, pero ustedes hablan de materiales y tecnologías nuevas, pero eso no es el concepto " en serie " de la industria.Porque la casa prefabricada es un objeto de Diseño Industrial, por su forma de producirla, debe ser concebida de otra perspectiva. Si el ladrillo es parte de una casa, ya que su sumatoria termina siendo una, y es fabricado en serie, ya tenemos pre fabricación de viviendas, pero el problema pasa por el tiempo que se demora en levantarse la casa, cuánto trabajo es en el lugar y cuanto tiempo se demora en armar las partes en la industria? Un problema que también frena su desarrollo es que quienes financian estos proyectos, como bancos, entidades financieras, etc., no lo hacen porque son casas que no estan fijas al lugar, por lo que yo la desarmo y me la llevo, desaparezco me voy a vivir a otro lado y dejo de pagar. Los bancos no corren ese riesgo, porque no saben perder. El tema de la prefabricación de la vivienda es sumamente interesante y curiosamente no se ha masificado a nivel mundial, como una forma de sacar a los pobres de su miseria a bajo costo, porqué será? Qué intereses están enredados a la vivienda industrializada, en serie y a bajo costo?, se terminan las constructoras? no hay trabajo para los Arquitectos? No sé, pero me da la idea que deben haber intereses creados !!! Un abrazo Germán Santibáñez Bagnara Diseñador Industrial Univ, de Chile - Valparaíso CHILE
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3 de 29 de los participantes encontró que el siguiente comentario es útil:
Daniel Libeskind , 2010-08-03
Comentarios por: Dorian Londoño
Daniel Libeskind
 
esbeltez de la imaginación, excelente.
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0 de 35 de los participantes encontró que el siguiente comentario es útil:
Casas Pré-fabricadas , 2010-08-12
Comentarios por: Arq. Alexandre Torres
Excelente Artigo
 
Concordo plenamente com a visão de que no futuro, nós arquitetos, teremos que racionalizar as construções e buscar novos materiais mais ecológicos não deixando de lado a sustentabilidade e o acompanhamento das novas tecnologias.
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0 de 22 de los participantes encontró que el siguiente comentario es útil:
casas prefabricadas , 2010-08-12
Comentarios por: Joaquín Téllez
3
 
Y que hay de las construcciones alemanas? creo que son más sólidas, un requisito sólido para el comprador, deberían agregar al reportaje.
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0 de 22 de los participantes encontró que el siguiente comentario es útil:
opinion , 2010-08-13
Comentarios por: Blanca CHàvez
regular
 
me gustaria que nos dieran directorio de constuctores
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0 de 33 de los participantes encontró que el siguiente comentario es útil:
viviendas prefabricadas , 2010-08-13
Comentarios por: José Luis
5
 
Muy adecuado y muy propio para considerarlo como elemento esencial dentro del alcance en la obra creadora del arquitecto.Que país por rico o pobre que sea no necesita de estas genialidades que le facilita al hombre su habitat decoroso?
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0 de 13 de los participantes encontró que el siguiente comentario es útil:
excelente reportaje , 2010-08-25
Comentarios por: lina
muy bueno
 
excelente reportaje,
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0 de 26 de los participantes encontró que el siguiente comentario es útil:
....... , 2010-09-22
Comentarios por: Dark
 
aprendi mucho.....!
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0 de 22 de los participantes encontró que el siguiente comentario es útil:
UNA CASA EN UNA SEMANA , 2011-01-16
Comentarios por: Carlos Arturo Mojica
CALIFICACION 4
 
Me gusta el artículo sobre las casas prefabricadas, aunque los ejejmplos mostrados no son los más transcendentales, como Arquitecto siempre me ha interesado investigar sobre la prefabricación pero especialmente en buscar los costos más bajos en la construcción de vivienda principalmente. me gustaría tener más artículos al respecto, gracias y un saludo muy especial.
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