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Sou Fujimjoto, el arquitecto más joven en diseñar Serpentine Gallery

La fantasía de una vida sin fronteras fue popular en la arquitectura moderna: en los años 60, por ejemplo, el francés Yona Friedman y el grupo italiano Superstudio soñaron grandes grillas que se extenderían por todo el mundo, se ocuparían a voluntad y a las cuales se podría conectar el suministro de electricidad y agua según se lo deseara. (Vie, 31 May 2013)
Sou Fujimjoto, el arquitecto más joven en diseñar Serpentine Gallery Soñaban con edificios como paisajes abiertos, ocupados por nómadas modernos. Había muchos motivos por los cuales estos proyectos no se construyeron, uno de ellos era su calculada indiferencia hacia la idea burguesa de la propiedad.

Un arquitecto que se acercó más que la mayoría a hacer realidad esos sueños es el japonés de 41 años Sou Fujimjoto, que no había nacido cuando terminaron los 60. Lo consigue con casas construidas en los pequeños lotes de las ciudades japonesas más que en los grandes espacios abiertos imaginados por Superstudio. Pronto su pabellón de la Serpentine, que parece una versión temporal en miniatura de las grandes grillas de Friedman, se inaugurará en los Jardines de Kensington en Londres.



Su interés en la naturaleza se expresa más bien en la forma en que sus estructuras captan el espacio externo y en su imitación de los efectos de los fenómenos naturales. En particular, Fujimjoto habla sobre la idea de “fondo”, la forma en que los paisajes proporcionan entornos característicos a la vida sin dictar lo que ocurre dentro de ellos. Un bosque es “fuerte pero al mismo tiempo muy cómodo. La gente puede pasarlo por alto o experimentar los distintos climas… permite que las personas se comporten como les guste”.

Además de la naturaleza, le gusta hablar del “comportamiento de la gente”, “este es fundamental para la arquitectura, es decididamente primitivo. No ha cambiado mucho en 2.000 años, y me gusta volver a los comienzos, a la relación entre las personas y el espacio”. Por ello, sus cavernas y nidos rectangulares, si bien tienen un aspecto muy del presente, buscan permitir que la gente se comporte como siempre lo ha hecho.

Su pabellón de la Galería Serpentine es otra “nube”, un enrejado hecho de delgados postes de acero que parecerán sobrevolar el suelo. El propósito “no es crear un edificio sino crear un lugar”, un “jardín arquitectónico”, “sin paredes fuertes ni colores fuertes”. Pese al hecho de que el pabellón es todo ángulos rectos y metal, Fujimoto dice que “tendrá una escala pequeña que se adecua a los cuerpos humanos, algo blando y ambiguo, con una agradable convivencia entre el orden y el desorden”.

En lo personal, me gusta esta línea de pensamiento: la idea de que la arquitectura es crear espacios que interactúan con lo que los rodea, en lugar de objetos preciosos; que es un fondo para la vida y está incompleta sin las actividades y las experiencias que tienen lugar a su alrededor. Esto no significa que la arquitectura deba ser neutra o insípida. Como los bosques y las cavernas de las que habla Fujimoto, puede ser impactante pero no es todo. Sus obras no necesariamente son sencillas de habitar, y es llamativo que medios austeros como el acero y las rejillas se usen para llegar a fines sensuales pero eso parece ser parte de su juego.

Fujimoto es el arquitecto más joven de los trece estudios que diseñaron un Pabellón de la Serpentine. También es el tercer japonés. Los otros dos –Toyo Ito y Sanaa- crearon los que se consideran los mejores de la serie. Esto quizá no sea una coincidencia, ya que los arquitectos japoneses en general se sienten a gusto con la idea de lo temporal y ligero. Su país también se está convirtiendo en un refugio para formas intrincadas y sutiles de diseñar edificios que están en peligro en otros lugares, una especie de reserva natural para la arquitectura a la vieja usanza.

Mientras que China ofrece un espectáculo de dimensiones descaradas y velocidad de construcción, al menos algunos diseñadores japoneses dan valor a la seriedad y la reflexión. Fujimoto, por ejemplo, tiene un interés poco común en dibujar a mano porque, según dice, le “aclara el pensamiento”. Lo ayuda a lograr complejidad y trabajar de manera inteligente en diferentes escalas, algo elemental para la práctica de la arquitectura pero a menudo difícil de encontrar.



Y en cuanto a las ideas de los 60, Fujimoto las ha puesto en práctica con la ayuda de una importante exclusión. No trata de transformar la sociedad o de cuestionar la propiedad de la tierra. Trabaja dentro de las líneas precisas de un lote o en la ubicación nada revolucionaria de Kensington. Sus edificios en realidad tienen límites, sólo que se los hace poco visibles. Fujimoto construye sueños de vivir en los árboles o las nubes pero no una existencia realmente sin restricciones e ilimitada. Lo cual, podría decirse, es todo lo que un arquitecto puede hacer. Sou Fujimoto

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