Arquitectura: Entrevista con Carlos Martner García:
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Hace cincuenta años, ninguna escuela de arquitectura consideraba la importancia del paisajismo. Fue gracias
a profesores como Carlos Martner que el tema comenzó a tomar fuerza.
(Mie, 26 Sep 2001)
Agitado ha sido este mes para el arquitecto Carlos Martner, quien acaba de inaugurar una exposición de acuarelas, además de ser galardonado recientemente con el premio Sergio Larraín García-Moreno por ser uno de los pioneros en la integración del paisajismo dentro de la formación de estudiantes de arquitectura.
Autor de grandes espacios públicos en el Cerro San Cristóbal y parques en provincias, reconoce la importancia del entorno en que se inserta la arquitectura. Por eso, cada vez que debe desarrollar un proyecto visita el lugar, recoge piedras y distingue colores para lograr una armonía entre la obra y el paisaje.
Su actividad académica, que viene realizando desde hace casi medio siglo en la Universidad de Chile con un paréntesis de quince años en México, habla de un hombre que valora la importancia de la relación entre el alumno y el profesor, porque fue precisamente un maestro quien le planteó por primera vez la posibilidad de desplegar todo su talento de dibujante, en planos y en el diseño de edificios.
- ¿Por qué su vida profesional se ha desarrollado desde el comienzo junto a la docencia?
- Los alumnos le enseñan mucho a uno, realizan trabajos de gran interés, a pesar de que ellos no se dan cuenta de la calidad que tienen. Intuitiva o sensiblemente, hacen propuestas excelentes y ese aspecto es muy importante, porque fuera de traspasar conocimientos, que es lo esencial, el profesor enseña a ver lo que es la naturaleza y la obra construida.
- Usted vivió en México quince años, donde también trabajó como profesor, ¿existen diferencias entre los estudiantes chilenos y los mexicanos?
- Yo no lo noté. Encuentro que el estudiante de arquitectura es igual en cualquier lado; se trata de personas que se apasionan por la carrera. No he visto alumnos que no estén realmente metidos en el tema, porque no hay horarios y se trabaja hasta en la noche. En ese sentido se parecen, y tal vez si vas a otro país ocurrirá lo mismo, porque la carrera te imprime cierto estímulo que te permite sintetizar en un producto determinado distintos aspectos, pero todos en torno al fenómeno del espacio. Es importante tener esto claro, porque a veces se cree que la arquitectura es sólo el volumen, pero lo que interesa es lo que se genera dentro. En el paisajismo también el tema fundamental es el manejo del espacio, aunque en este caso es abierto y libre.
- Su gran aporte académico ha sido precisamente en esta área, ¿cómo fue que derivó hacia ella?
- Fueron las circunstancias. Yo trabajaba en el MOP y como dibujaba bien me enviaron al Cerro San Cristóbal para que realizara unos diseños, signos y fuentes. En el balneario Tupahue por ejemplo, hice una arquitectura fundamentalmente paisajística, pero con mucha inserción de la parte arquitectónica. En esto me ayudó el que yo pintara acuarelas, porque siempre me he sentido muy impresionado por la naturaleza.
La belleza del paisaje es algo que Carlos Martner puede disfrutar todos los días desde su casa en Curacaví, donde vive hace ocho años junto a su mujer. Ahí encuentra la tranquilidad que le permite dedicar parte de su tiempo a pintar acuarelas, donde busca insinuar formas y luces a partir del juego de colores.
Regularmente también se escapa a Santiago para dictar clases a las nuevas generaciones de arquitectos de las Universidad de Chile y Central.
- ¿De qué manera se inserta el estudio de la arquitectura del paisaje en la actual formación de los alumnos?
- Cuando yo estudié en la universidad no había nada al respecto. La primera escuela de diseño del paisaje que se hizo fue en la Universidad de Chile, en la Escuela de Artes Aplicadas, y a mí me tocó participar en su organización junto a otros profesores. Pero después se cerró esa entidad, y años más tarde surgió la Escuela de Ecología y Paisajismo, en la Universidad Central. Actualmente también hay postítulos en la Universidad de Chile y Católica.
- ¿Representa eso una falencia dentro de la formación general de los futuros arquitectos?
- Yo creo que al arquitecto le hace falta, por lo menos en algunas etapas de su formación, un estudio sobre la arquitectura del paisaje, porque el edificio siempre tiene que emplazarse en un lugar, y de alguna manera ese entorno no le puede ser ajeno.
- Y esa falta de la que habla, ¿se nota en los proyectos más recientes edificados en Santiago?
- Sí, yo noto que, definitivamente, falta en gran parte de las obras realizadas; es un defecto que se debe superar. Esta carrera de arquitectura del paisaje es antigua en Europa e incluso Estados Unidos, pero en Sudamérica se ha desarrollado poco, incluso hay países que están más atrasados que nosotros, que ni siquiera vislumbran el tema.
Con sus más de siete décadas, recuerda que los creadores de parques tan importantes como el Forestal o el del Cerro Santa Lucía eran europeos, franceses, alemanes o italianos. En ese sentido sus trabajos en el San Cristóbal fueron pioneros y gestaron una preocupación que hasta hoy, no se cansa de propagar. VD
Emol
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LISTA DE COMENTARIOS |
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1
de
0
de los particiopantes encontró que el siguiente comentario es útil:
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Entrvista a Carlos Martner
,
2008-02-11
Comentarios por:
Rubén Gómez Jaimes
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Parte de su obra
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excelente como artista que le ayuda demasiado en sus proyectos de arquitectura del paisaje |
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