Arte: Las huellas de 'En construcción'
La vida de los protagonistas del documental sobre el Raval, que opta a uno de los premios Goya, apenas ha cambiado (Dom Ene 13 2002)
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Con su rostro de hombre alegre, las mejillas rojas de un ser inocente y las palabras de un filósofo sabio, Abdel Aziz el Mountassir, uno de los miles de habitantes marroquís del barrio de la Ribera, recuerda una frase de su descubridor: "José Luis me decía que si tú le eres fiel a la realidad, ella no te traicionará nunca".
La realidad de Abdel es un trabajo como fregaplatos y ayudante de cocina del restaurante Gente de Pasta. Él es anticapitalista, y lo de la pasta se refiere a los fetuccini de la carta. La realidad de José Luis, de apellido Guerin, es la película En construcción , que el director estrenó hace meses y se mantiene en dos salas barcelonesas, una de las cuales, Verdi Park, albergó esta semana una sesión especial para gente del barrio, presidida por el alcalde Joan Clos.
La realidad es, dos años después de la conclusión del rodaje, una fachada original que se mantiene en pie en la calle de Sant Pau, cerca del Paral.lel. Detrás, un bloque de pisos nuevos, algunos con ventanales impresionantes, otros sin balcón. Seis escaleras de acceso, tres en una ensanchada calle de la Reina Amàlia y las otras tres en la estrechísima calle de Les Carretes.
"La vista ha mejorado con este edificio nuevo, porque antes vivía con la fábrica encima y ahora tengo casi una plaza delante, pero el barrio está mal, muy mal", dice Leonor Puertos, que ya lleva 72 de sus 75 años en una planta baja del Hort de la Bomba, la parte trasera del emblemático edificio donde se desarrolla durante 125 minutos En construcción . "Cuando mis padres se instalaron aquí, hace 72 años, pagaban 23 pesetas al mes", dice doña Leonor, que está liada, porque a ella están reformándole la fachada. Para que el barrio quede guapo.
Un balcón de fondo
Los balcones de encima de la ventana minúscula de doña Leonor figuran en la mayor parte del documental, siempre como fondo. "Yo no he visto la película, pero me han dicho que sale el marido de mi vecina. El hombre ya murió".
El tiempo pasa, corre, vuela, también en el Raval. Antes todo el mundo decía Barrio Chino, pero incluso esa denominación se está diluyendo bajo los mazos, la invasión de los paquistanís y la lucha entre prostitutas: una banda, la de los monumentos locales, señoras maquilladas en edad de jubilación, y las rivales, las chicas africanas esclavizadas.
En construcción , que optará dentro de un mes a un premio Goya, es un documental de buen rollo. Curiosamente, la vida que menos ha cambiado es la de sus protagonistas. A Abdel mucha gente le reconoce, pero él siguió en la construcción hasta encontrar trabajo en la hostelería. Iván, el chaval de la película, sigue frecuentando el barrio y sus plazas. Juani, la joven madre de la hija de ambos, cambió la calle por un lugar cálido regentado por monjas, y don Antonio Atar, el exmarino, sigue paseando con su carrito de enseres a cuestas.
"¿Miedo? No, este barrio no me da miedo. Tal vez si la portería estuviese más hacia atrás, en las calles tan estrechas, a los amigos les daría cosa venir a visitarnos de noche, pero de momento no hay nadie que no haya venido porque vivamos en el Raval", cuenta Àngels Egea, vecina desde hace un año de un piso en la segunda planta con vistas a la parroquia de enfrente. "Vivíamos en el Clot, pero queríamos venir al Raval".
"Sí, algunas de las familias que salen en la parte final de la película compraron el piso aquí. Aunque casi todo se vendió sobre plano. ¿Qué costaron? Unos 18 millones por 70 metros cuadrados", recuerda Yolanda Codina, la vendedora de la constructora Preyco que transformó un bloque deteriorado en un oasis con vecinos nuevos. "Es toda gente de Barcelona, pero casi nadie vivía antes en el barrio".
Es lo que más le molesta a Abdel, el peón poético de la construcción, ya que "echaron a la gente por 600.000 pesetas para vender luego los pisos por 20 kilos". Por eso el marroquí, que llegó a vivir sin papeles en una chabola en Viladecans, no quiso asistir a la sesión de cine con el alcalde, aunque sí representará al director Guerin en la gala de los Goya. A ver si le sale un trabajo de actor.
el Periodico on line
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