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Frei Otto creador de la liviandad

El alemán Frei Otto, a quien se le acaba de conceder póstumamente el Premio Pritzker, es uno de los máximos exponentes de un estilo arquitectónico que se oponía a las construcciones monumentales de los nazis a través de una deliberada liviandad y de algo que podría definirse como una anarquía poética. (Mar, 17 Mar 2015)
Frei Otto creador de la liviandad La obra más conocida de Otto es tal vez el techo del Estadio Olímpico de Múnich, pero también firmó otras construcciones emblemáticas, como el pabellón japonés de la Exposición Universal de Hannover en 2000 y el techo en forma de tela de araña del pabellón alemán en Montreal, en 1967.

Su nombre de pila, Frei, significa libre en alemán y se dice que fue elegido conscientemente por la madre del arquitecto, nacido en 1925, ocho años antes de que los nazis llegasen al poder.

El padre de Otto era escultor. Uno de sus maestros fue Mies van der Rohe (1886-1969), ícono de la escuela Bauhaus, perseguida por los nazis.

Otto se interesó muy pronto por la aerodinámica y la construcción de aviones, de ahí pasó a ocuparse de las características de las membranas elásticas y todas esas experiencias lo ayudaron a llegar a sus llamadas “construcciones naturales”.

Sus edificaciones lúdicas en los primeros años de la posguerra, en los que las ciudades destruidas parecían pedir a gritos una arquitectura funcional, eran una invitación a soñar en medio del apocalipsis.

Tras tener varios años en Berlín una oficina de arquitectos, Frei Otto se trasladó en la década de 1960 a la Universidad de Stuttgart, que había creado especialmente para él el Instituto de Construcciones Ligeras, donde tuvo plena libertad para experimentar.

En cierta medida, Frei Otto pertenecía a aquéllos que lograban combinar la Arquitectura con la utopía y en su trabajo se mezclaron tanto obras terminadas como proyectos futuristas que sólo existen en maquetas.

Entre estos últimos hay un modelo de una ciudad protegida del Sol en medio del desierto y otra, aislada del frío, en el Ártico.

El techo del Estadio Olímpico de Berlín, lleno de filigranas lo mismo que otros techos del parque olímpico, fue algo que inicialmente muchos pensaron que iba a ser imposible construir. El modelo original fue presentado por la oficina de arquitectos de Günter Behnisch y elaborado por uno de sus socios, Fritz Auer, a partir de medias de nailon de su mujer. La idea era mostrar la nueva liviandad alemana, que debía reflejarse en los Juegos Olímpicos de Múnich de 1972 y debía ser un contraste claro frente a la monumentalidad de los de Berlín en 1936.

Pero los autores del modelo —que tenía mucho que ver con el techo en forma de tela de araña de la Exposición Universal de Montreal— no sabían cómo construir algo así y cuando sorpresivamente ganaron el concurso le pidieron ayuda a Otto, quien llegó a una solución.

“Utopía” era el nombre que le daba Otto a un garaje donde acumulaba innumerables proyectos. Su idea era construir el mundo como debía ser, aunque esto pareciera imposible. Eso hacía que gran parte de su trabajo lo dedicara a la experimentación.

Cambio de planes

El arquitecto murió el lunes pasado, lo que motivó que se adelantara dos semanas el anuncio del ganador 2015 del Premio Pritzker. La decisión se había tomado a comienzos de este año y se le había comunicado al arquitecto.

“Ganar premios no es la meta de mi vida, trato de ayudar a la gente pobre. Pero, ¿qué quieren que diga? Estoy feliz”, dijo en aquel momento el profesional alemán.

“Arquitecto, visionario, utopista”, llama a Otto el jurado del Premio Ptritzker. Su obra ha influenciado a numerosos arquitectos de todo el mundo, que durante treinta años peregrinaron hasta Stuttgart para escuchar sus conferencias.
Frei Otto

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