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Alejandro Zohn, la geometría de la memoria

Si Alejandro Zohn no se hubiese despedido de este mundo hace 15 años, probablemente hoy no existiría el Auditorio Telmex, ahí —quizá— la Universidad de Guadalajara tendría un centro de innovación, inmueble construido bajo las órdenes del arquitecto austriaco que a los ocho años nació como mexicano en Tlaquepaque. (Vie, 11 Ago 2017)
Alejandro Zohn, la geometría de la memoria Sería ése, tal vez, un ejemplo de la más reciente propuesta arquitectónica del también ingeniero: una serie de estructuras con formas curvas, un enorme cambio de lo que fue su etapa inicial hacia finales de la década de los cincuenta con los paraboloides, como se ven aún en el Mercado Libertad (San Juan de Dios), su primera obra pública; la Concha Acústica, los puentes del Parque Agua Azul y el ingreso a la Unidad Deportiva Adolfo López Mateos.

Si Alejandro Zohn no se hubiese ido de este mundo hace 15 años… hoy estaríamos rindiendo tributo a una trayectoria impecable, a un arquitecto preocupado por hacer las cosas bien, por integrar sus obras al paisaje, por dar a los usuarios un espacio amigable para habitar. Hoy celebraríamos su llegada a los 85 años.



Pero hoy habrá que decir “gracias” al arquitecto a tres lustros de su desaparición física. Gracias porque los inmuebles que dejó en ésta y otras ciudades del país, continúan siendo habitables, porque muchas de sus obras son hoy tan vigentes como ayer, porque él ha trascendido y hoy despierta el interés de jóvenes arquitectos; porque al padre, el esposo, el abuelo y el amigo se queda por siempre en la memoria.



“No hay un día que no vea la foto de mi papá y llore”, dice Laura, una de sus hijas. “No lo puedo evitar y ahora que ya pasaron 15 años, pues yo creo que nunca olvidas y siempre quedan esas ganas de haberme despedido de él en persona… iba a ser su cumpleaños y no tuvimos chance de despedirnos. Pensé, con los años esto se quita; pero creo que no se quita nunca. El otro día leía un libro de Rosa Montero que se llama ‘La ridícula idea de no volverte a ver’, y dice que —a ella se le acababa de morir su pareja— no olvidas, simplemente lo que empiezas a hacer es reinventar tu realidad”.

Alejandro Zohn murió el 4 de agosto de 2000, un día antes de la celebración anticipada de su cumpleaños —el 8 de agosto—. Él, dice Laura, quizá hubiera querido irse trabajando, haciendo lo que le gustaba desde niño, “en el despacho con el restirador enfrente”, y aunque no haya sido así, de cualquier forma partió cuando aún estaba inmerso en su trabajo; tenía proyectos, algunos con la Universidad de Guadalajara, otros —incluso— fuera del país.



“Cuando iba a morir había proyectos muy interesantes… innova para la UdeG, aquí ya empezó a hacer curvas, esto nunca se realizó, de hecho ahí es donde está el Telmex. Yo le preguntaba: ‘Papá, ¿por qué nunca haces curvas?’. Y me decía: ‘Porque no me laten’. Le latían más bien los triángulos y las cosas que terminaban en picos. En la última etapa de su vida iba a hacer esto. Si hubiera seguido vivo, y sería cosa de futurearle, habría hecho este tipo de cosas”.

Sin embargo, al paso del tiempo, la obra de Alejandro Zohn continúa siendo vigente. Laura asegura que nunca se casó con ninguna moda o tendencia, sino que su estilo creativo y constructivo estaba encaminado —ante todo— a la funcionalidad, sin que ello signifique que su obra se pueda encasillar en el funcionalismo; pero eso sí, lo primordial para él era hacer las cosas bien.

“Eso es lo que más le aprendí a mi papá. Hacer las cosas bien, no hacerlas a medias. Él siempre nos decía, desde chiquitos: ‘Si vas a hacer las cosas, hazlas bien de una vez. Te tardas más tiempo, dinero…’. Cero mediocridad. Él se exigía muchísimo a sí mismo, por supuesto era súper perfeccionista, pero creo que ésa es la esencia de Alejandro Zohn, al margen del estilo de su obra, al margen de los colores, formas, texturas y demás”.

Laura, quien comparte la profesión de su padre —además de dedicarse al arte y la fotografía—, destaca de Alejandro Zohn su capacidad para alcanzar la contemporaneidad: “Las obras que hizo en los sesenta o setenta, de repente parece que las hizo ayer, o la que hizo en el 95 parece que la hizo ayer. Cuando me preguntan los alumnos qué es ser contemporáneo, pues es ir con el tiempo, de acuerdo al tiempo, que tal parece que una obra no la puedes pegar a una moda… y la suya se aleja de las moda. Creo que su arquitectura en general era sencilla, congruente, respetuosa y con un afán de permanencia”.

El legado del padre

Alejandro Zohn fue un perfeccionista. Le gustaba que las cosas salieran bien. Prueba irrefutable de eso es su arquitectura, pero como padre, también instaba a sus hijos (Gina, Ricardo, Laura, Tania y Diana) a seguir el mismo sendero.

“Sí era estricto, nos instaba mucho a la disciplina y hacer las cosas bien, hacer las cosas correctas, pero no era enojón ni gritón. Si te regañaba, en lugar de subir la voz la bajaba. Había reglas a seguir, por supuesto, disciplina… y yo lo veo en mí y en mis hermanos, todos somos personas muy independientes, muy autosuficientes, nos exigimos mucho a nosotros mismos y yo creo que eso fue lo que nos dejó como papá”.



Alejandro Zohn fue hijo único y eso—tal vez— sumado al hecho de haber tenido que dejar su país natal (Austria) a temprana edad, hicieron de él una persona de mucha fortaleza interior, “y creo que eso fue lo que nos quiso transmitir”.

Pero también fue un hombre sensible, “se conmovía por las cosas más simples: una flor que se abría o una comida muy rica”. Y así iba por el mundo, con la firmeza de su lado racional y la dulzura del emocional. Una perfecta combinación para este ingeniero civil y arquitecto.

Como padre, Alejandro Zohn también enseñó a sus hijos a amar su país. Le gustaba recorrer diversos poblados por carretera para disfrutar de la belleza del paisaje, echar un vistazo en las artesanías, las casas y, por supuesto, deleitarse con la comida.



“Le gustaba conocer los referentes culturales de cada ciudad y creo que al final los aplicaba todos”.

Algunos de sus proyectos

Edificio Mulbar (estacionamiento y centro comercial).
La casa redonda (Puerto Vallarta).
Hotel Hermanos Reyes
Unidades habitacionales Flores Magón y CTM Atemajac
Mercado Municipal Río Cuale (Puerto Vallarta)
Remodelación del Hospital del Refugio (hoy centro cultural)
Condominio Pablo Neruda
Casa Loma Larga
Centro Comercial Hípermart Cumbres (Monterrey)
Centro Comercial Hípermart Torreón
Centro Comercial Hípermart Ciudad Juárez
Archivos del Estado
Unidad Deportiva 14 de Febrero
Viviendas de Mar del Sur
Condominio horizontal Alberta
Club de Golf Acapulco
Puentes peatonales y accesos de Los Colomos
Acceso a la Estación San Juan de Dios
Centro Universitario en Autlán
Ingresos al Tren Ligero en Av. Federalismo.
Mercado Libertad.
La Concha Acústica
Iglesia del Nazareno
Apartamentos Yuca
Centro de Rehabilitación DIF Jalisco
Alejandro Zohn

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