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El primer edificio art nouveau del mundo

La casa Tassel, se construyó en Bruselas en 1893, y es obra del arquitecto Victor Horta y es considerado el primer edificio art nouveau del mundo. (Lun, 28 Sep 2015)
El primer edificio art nouveau del mundo Bruselas renegó durante décadas de su pasado art nouveau tanto que, en los años sesenta del pasado siglo, muchos edificios de este estilo fueron destruidos. Hoy, sin embargo, la capital belga presume de ser “cuna” de esta corriente que cambió la arquitectura europea de finales del XIX.

“El primer edificio art nouveau del mundo, la casa Tassel, se construyó en Bruselas en 1893, y es obra del arquitecto Victor Horta”, explica Anne Kennes, del Museo Horta.



Horta había descubierto la nueva estética en Inglaterra, pero en ese momento esta se limitaba a las artes decorativas, y él la aplicó a la arquitectura.

“Lo que Horta hizo fue explotar las posibilidades que le ofrecían materiales como el hierro y el cristal, hasta entonces nunca empleados para la arquitectura privada”, explica Kennes.

El entonces joven arquitecto “se deshizo” de viejos estilos, como el flamenco, el Luis XVI o el neoclasicismo para crear “algo completamente nuevo”.

Así nació el art nouveau arquitectónico, una corriente que jugaba con las curvas, con los espacios, la luz y que, “sobre todo, trataba de imitar las formas de la naturaleza”.



Estilo de Gran Huella en Toda Europa

La nueva estética se expandió rápidamente por Europa y dejó su huella en ciudades como París, Barcelona, Riga o San Petersburgo.

El taller de Victor Horta, en rue Américaine, se convirtió en centro difusor. Anexo al taller, Horta construyó su propia casa, que hoy aloja el museo Horta, y que contó con los últimos avances domésticos de la época: teléfono, electricidad, calefacción y baño.

El esplendor del art nouveau a finales del XIX coincidió con el de la propia Bruselas: “Bajo el reinado de Leopoldo II, Bélgica era, gracias a la colonia del Congo, una de las mayores potencias del mundo”, explica Kennes, “con lo que la capital atrajo a gran cantidad de artistas, escritores y arquitectos”.



Entre 1890 y 1900, la población de Bruselas creció en 100,000 habitantes. En 25 años se construyeron miles de nuevas viviendas, de las cuales 1,500 fueron art nouveau, según recogen Franco Borsi y Hans Wieser en su libro Bruselas, capital del art nouveau.

El nuevo estilo proliferó sobre todo en las comunas de Schaerbeek, Ixelles, Saint-Gilles y Uccle, que son las que concentran hoy la mayor parte de este patrimonio, de la mano de arquitectos como Paul Hankar, Paul Saintenoy o Gustave Strauven.
“Leopoldo II quiso hacer una Bruselas de apartamentos”, explica Anne Kennes. “Sin embargo, los nuevos bruselenses eran gente que venía del campo, y querían tener viviendas individuales, y con jardín”.

Recorriendo las salas de la casa museo de Horta, se descubren detalles sobre la personalidad del arquitecto: “Su obra es muy imaginativa, pero él fue un hombre duro y frío, que llegó a decir de sí mismo que, para vivir, a su corazón le había bastado con la piedra”, explica Anne Kennes.

Horta fue también un trabajador inagotable: Dormía cuatro horas y trabajó prácticamente hasta su muerte, a los 86 años. Pero, en realidad, el impulsor del art nouveau en arquitectura sólo dedicó a este estilo 15 años de su carrera.
“Durante la I Guerra Mundial, se exilió a Estados Unidos, donde le deslumbraron los rascacielos y el art deco”, explica Kennes.

Este descubrimiento le hizo comprender que el tiempo del art nouveau había terminado, y el resto de su trayectoria lo consagró al diseño de edificios públicos, como el Palacio de las Bellas Artes o la estación central de Bruselas.

También la capital belga dejó atrás el art nouveau: En los años 60, gran cantidad de edificios pertenecientes a este estilo fueron destruidos, entre ellos la Casa del Pueblo, obra del propio Horta, cuya demolición en 1965 suscitó protestas internacionales.



Sin embargo, a partir de los setenta, Bruselas redescubrió su patrimonio de este estilo que, “plenamente revalorizado hoy en día, es una seña de identidad de la ciudad”, concluye Kennes.

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