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El Pelli Desconocido. Tabaja para los más pobres y también gana premios

Es hermano de César Pelli, el reconocido arquitecto de las Torres Petronas de Malasia. Lo distinguieron el martes pasado en Córdoba. (Sab, 17 Oct 2015)
El Pelli Desconocido. Tabaja para los más pobres y también gana premios Para ser un arquitecto reconocido, el de Víctor Saúl Pelli es un caso muy especial.

“No estoy en el mercado, no tengo estudio y casi no hice obras que pueda mostrar”, admite este tucumano de 84 años, dedicado por entero a trabajar con poblaciones en situación de emergencia habitacional. En especial, en Chaco, donde vive desde hace casi medio siglo, aunque también suele ser convocado para brindar asesoramientos y enseñar en todo el país y en universidades del extranjero. Sus aportes en este tema le valieron ser nombrado ayer doctor Honoris Causa por la Universidad Católica de Córdoba: una de sus pocas distinciones académicas, justo cuando está a punto de retirarse.

Pero todo esto no sería llamativo si no fuera porque, además, Víctor es hermano de César Pelli, el arquitecto argentino más globalizado, con oficina en Estados Unidos y obras como el World Financial Center de Nueva York y las Torres Petronas de Malasia, que fueron por varios años las más altas del mundo, tal como lo recordó hace poco una publicidad de telefonía celular. “No tenemos por qué ser iguales porque no somos gemelos”, comentó Víctor días atrás desde Resistencia, donde es profesor en la Universidad Nacional del Nordeste y fundó, dentro de ella, el Instituto de Investigación y Desarrollo en Vivienda (IIDVi).

Sin caer en comparaciones, Víctor explica que en 1952, cuando César partió a Estados Unidos a perfeccionarse después de recibirse de arquitecto en Tucumán, él, 5 años menor, viajó a Buenos Aires para cursar la misma carrera en la UBA. Le tocó vivir la congoja popular por la muerte de Evita y, 3 años más tarde, el bombardeo a la Plaza de Mayo.

“Hasta entonces yo no tenía un sentido político de la vida, pero entonces empecé a darme cuenta que tenía más para aprender en la calle que en la facultad”, cuenta.

Una curiosidad en el trabajo de este arquitecto es que su quehacer no consiste tanto en obras o proyectos sino en ideas de gestión y formas de actuar ante la emergencia habitacional.

“Creo que las opiniones de los beneficiarios tienen tanto peso como la del profesional, por eso mi planteo se basa en la participación. Todo sale mejor si los arquitectos resignamos nuestras pretensiones e ideas estéticas y aprendemos a escuchar mejor a los habitantes”, cuenta. Un ejemplo: “Cuando tratamos con comunidades como los qom, siempre tenemos que considerar que los extranjeros somos nosotros”.



Le sobran anécdotas que ilustran sus convicciones: “Una vez, en un barrio de 100 familias, un concejal consiguió presupuesto para hacer 20 casas nuevas. Hicimos una asamblea, y los mismos pobladores decidieron que ese dinero se utilizará para mejorar las 100 casas que ya había. Lo más importante es que conseguimos que el trabajo se hiciera por encima de las pertenencias partidarias y la influencia de los punteros”, concluye.

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