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La manzana de la discordia de Montaner, Cadafalch y Gaudí

Fijamos la mirada en un lugar concreto donde el Modernismo dejó un legado indeleble. Nos situamos en el Paseo de Gracia de Barcelona, en el tramo de números impares comprendido entre las calles de Aragón y Consejo de Ciento donde se levantan cinco edificios modernistas y que son de izquierda a derecha la Casa Lleó i Morera de Lluís Domenèch i Montaner, la Casa Mulleras de Enric Sagnier, la Casa Bonet de Marcel-lià Coquillat, la Casa Amatller de Josep Puig i Cadafalch y la Casa Batlló de Antoni Guadí. (Mar, 20 Oct 2015)
La manzana de la discordia de Montaner, Cadafalch y Gaudí Esta Manzana se ubica en el reconocido Ensanche proyectado por el Ingeniero de Caminos Ildefons Cerdà.

¿Por qué Manzana de la Discordia?

Los barceloneses de principios del siglo XX dieron este apelativo fundamentalmente por la rivalidad de tres de los mencionados arquitectos; Domenèch i Montaner, Puig i Cadafalch y Gaudí. Se juega con dos acepciones de la palabra manzana; por un lado los edificios están situados en un bloque de viviendas rodeado de calles y a su vez con el significado de fruta, pues evoca el episodio de la mitología griega de la boda de Peleo y Tetis, a la que se invitaron a todos los dioses a excepción de Eris, la diosa de la Discordia. Por venganza, Eris dejó una manzana dorada con la inscripción Kallisti que significa "para la más bella" y que provocó la disputa entre Hera, Atenea y Afrodita lo que condujo a la Guerra de Troya. Y teniendo una similitud con la mitología, los ciudadanos dudan todavía en la actualidad cual de todas las casas es la más bella.

Casa Batlló



En 1904 Gaudí y su amigo y constructor Josep Bayó i Font reciben el encargo de remodelar un modesto edificio existente de planta rectangular. El genial arquitecto modifica absolutamente la planta noble destinada a la familia Batlló dotándola de una amplia galería, aumenta el patio de luces, añade sótano y una quinta planta destinada al personal de servicio y hace nuevas las fachadas exteriores.

La fachada que da a la calle supone la expresión de la culminación del talento de Gaudí. De formas curvas, sobre las dos primeras plantas se desarrolla una fachada policroma donde predomina el color azul verdoso, tono que varía con la luz diurna. Llamativos son también los balcones de hierro colado en forma de antifaz. Una interpretación simbólica de la fachada es la lucha de San Jorge contra el dragón, símbolo del mal. El perfil superior de la Casa Batlló representa el espinazo de la bestia, con una cresta que recuerda el lomo de un dragón revestida con baldosas de cerámica vidriada de diversos colores a modo de escamas. Dicho recubrimiento es rojizo en la parte izquierda debido a la herida de la lanza clavada que no es otra que la torre. Se interpretan multitud de símbolos en el edificio sobre la leyenda del dragón. Es una obra maestra que es Patrimonio Mundial de la Unesco.

Casa Amatller



Situada a la izquierda de la Casa Batlló, encargada por el industrial del chocolate Antoni Amatller a Puig i Cadafalch, es inaugurada en 1900. Es también una reforma de un edificio existente. La fachada es una mezcla entre gótico catalán y flamenco donde este último estilo lo percibimos especialmente en su coronación triangular y nos evoca casas de ciudades muy distantes de Barcelona.

La Casa Amatller tiene una portada claramente palaciega y en las dos puertas asimétricas, enlazándolas, se observa a San Jorge y el dragón. Cuenta con un patio central, un vestíbulo pensado para la entrada de carruajes, dos escaleras, siendo la más ornamentada la que da acceso al piso principal.

Casa Lleó i Morera



Estamos ante otra reforma integral, en este caso de la antigua casa llamada Rocamora. Quien hace el encargo es Francesca Morera i Ortiz en 1902 al arquitecto Domènech i Montaner. Es la única de las tres que obtuvo el premio del Concurso anual de edificios artísticos concedido por el Ayuntamiento de Barcelona en la edición de 1906. En esta casa intervinieron multitud de maestros, entro los que cabe destacar al escultor Eusebi Arnau, a los mosaiquistas Lluís Bru y Mario Maragliano, al magnífico vidriero Antoni Rigalt, al decorador y ebanista Gaspar Homar y así hasta más de 40 artistas y artesanos.

El interior representa un rico conjunto de artes aplicadas del modernismo español. La escultórica y ornamentada fachada queda coronada por un templete, que al exceder los límites de altura permitidos por el Ayuntamiento de la ciudad tuvo que obtener un pertinente permiso.

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