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Nuestras obras persisten más allá de la vida del arquitecto. Mario Botta

El arquitecto suizo Mario Botta creció bajo el cobijo de nombres imprescindibles en el quehacer arquitectónico, como Le Corbusier y Louis Kahn. Su obra abarca toda la topografía imaginable, desde spas alpinos hasta catedrales, pasando por museos, escuelas, bibliotecas, bancos, etcétera. (Mar, 03 Nov 2015)
Nuestras obras persisten más allá de la vida del arquitecto. Mario Botta Platicamos con él a propósito de la identidad de la arquitectura como memoria y en tiempos de la globalización.

Entrevistador: ¿Por qué decidió hacerse arquitecto?

Mario Botta: Comencé a los quince años como diseñador en un estudio de arquitectura. Ahí vi que una línea puede convertirse en un muro. Y, a partir de ahí, todo se desenvolvió fácilmente porque entendí que la pasión y la fuerza del arquitecto transforman el pensamiento en un espacio y un espacio en una realidad. Estudié en Venecia con Carlo Scarpa, Ignazio Gardella, Rogelio Salmona, y ya luego fue muy fácil. Cuando tu pasión entra en juego, todo se vuelve fácil.



EN: Entonces, la clave es la pasión por el trabajo para convertir una línea en un muro.

MB: Exacto, esa es la síntesis. Porque en nuestro pensamiento no es abstracto, sino que parte de un imaginario pero porta consigo una realidad. Y esta operación es bastante interesante en cada proyecto. De la arquitectura amo la realización. Louis Kahn nos decía a sus alumnos que la arquitectura no existe, que lo que existe son las obras de la arquitectura. El trabajo físico, el trabajo esforzado transforma las condiciones naturales en condiciones culturales.



EN: Usted es suizo, como Le Corbusier. Usted está en la tradición de grandes arquitectos suizos.

MB: Eso no lo sé. Trabajo porque no sé hacer otra cosa, porque poseo una gran pasión y estoy contento de haber estudiado la crónica, de trabajar en la historia de mi tiempo. Después los críticos dirán lo que tengan que decir. Pero sé que son muchos los problemas que encierra una estructura física –de la ciudad, de un territorio– de cara a la globalización que intenta allanarlo todo. La globalización es una gran conquista pero lo homogeniza todo. Todo deviene banal. Hoy debemos tener los ojos de la mente abiertos para que la arquitectura vuelva a ofrecer una emoción. No debe responder como elemento técnico-funcional; debe convertirse de nuevo, como enseña Luis Barragán, en un momento de gran poesía.



EN: Exactamente, porque hay una narrativa en la arquitectura, como en la literatura.

MB: Yo creo que sí. Ninguno de nosotros niega la propia cultura contemporánea (todos tenemos un celular en la bolsa) con su propia historia, con su propia memoria y pasado, con la ciudad de los muertos. Vivimos en una ciudad de cuerpos extintos y de ahí extraemos nuestro propio bienestar, el sentirnos bien colectivamente, también porque en la ciudad sentimos la fuerza del pasado, el territorio de la memoria. De esta manera es como nos sentimos parte de la humanidad. En la ciudad vivo bien porque veo cosas que no hice yo pero me las apropio como cultura, como memoria. Esto es bastante importante. J’existe car je me souviens, dicen los franceses: existo porque recuerdo. Y la ciudad es el territorio de la memoria.



EN: Nuestra época ha sacrificado esta cultura, esta memoria, por la funcionalidad.

MB: Más que por la funcionalidad, por el consumo. Y ahora ha llegado ya el momento de reequilibrar la situación. No solo construir para consumir, no solo construir para los negocios, no solo lo cuantitativo, sino redescubrir qué falta en la arquitectura, porque nuestras obras persisten más allá de la vida del arquitecto. Llegará un día en que serás inmortal porque son otros los testimonios de tu trabajo. Estos valores son importantes.



EN: ¿Y qué le parece México?

MB: Es un laboratorio porque ya es una ciudad metropolitana, una megalópolis, pero en las calles se siente una cultura artesanal, que viene de lejos, que viene de la historia. Y encontrar esto dentro de una metrópolis contemporánea es algo rarísimo. Dicho esto, ¡viva México!


Mario Botta

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