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Palacio Nacional, una ventana a la identidad y la riqueza cultural

La recién abierta Sala de Patrimonio Mundial en Palacio Nacional es un recorrido por la grandeza mexicana. (Sab, 02 Ene 2016)
Palacio Nacional, una ventana a la identidad y la riqueza cultural El Palacio Nacional es mucho más que la sede del Poder Ejecutivo de la nación. No obstante que uno de sus principales atractivos sigue siendo los murales de Diego Rivera, plasmado al fresco en la escalinata principal, ahora los más de 300,000 visitantes que anualmente trasponen sus muros pueden disfrutar de una experiencia multisensorial en la Sala de Patrimonio Mundial, recién abierta al público, además de apreciar las exposiciones temporales que se exhiben en la Galería Nacional.



Un poco de historia



“El predio nació con vocación de palacio”, dice la historiadora Carmen Saucedo, pues allí estuvieron las casas nuevas del emperador Moctezuma Xocoyotzin a la llegada de los españoles. “Era un gobernante sumamente exquisito y refinado que mandó construir allí sus habitaciones, sus jardines con estanques y un zoológico”.



En 1529, luego de la caída de Tenochtitlán, Hernán Cortés edificó sobre esas casas lo que sería su palacio. Años después, esa edificación, adquirida por la Corona, se convirtió en el Palacio de los Virreyes de la Nueva España. En casi 500 años de historia, el inmueble, con innumerables intervenciones, pasó de ser Palacio Virreinal a Palacio Imperial y, finalmente Palacio Nacional, sede del Poder Ejecutivo desde 1824 hasta la fecha; salvo en las dos ocasiones en que las tropas norteamericanas y francesas invadieron temporalmente el país.

Actualmente, sin dejar ser su preminencia política, administrativa, protocolaria y militar, el Palacio Nacional se ha convertido también en un espacio cultural, que está bajo el cuidado y la supervisión de la Conservaduría de Palacio Nacional, un cargo creado a fines del siglo XX.



Saucedo relata que desde la época virreinal “siempre hubo alguien que se hiciera cargo del mantenimiento del Palacio. Se llamaba de otro modo, mayordomo, obrero mayor, intendente, arquitecto mayor, chambelán, pero siempre la función fue el cuidado del inmueble.”

La nueva conservadora del Palacio Nacional, Lilia Rivero Weber, nombrada en julio de este año, refiere que a partir del 2010, el cargo tiene una nueva dimensión, pues “además de la protección del inmueble y la aplicación de las normas en materia de conservación, se convierte en un ente que promueve la cultura y la identidad nacional a través de la Galería”, que alberga exposiciones temporales y que el público puede visitar de martes a domingo.

“Nuestro reto —dice— es que cada vez que un mexicano entre a la Galería, salga más orgulloso de su identidad”.



Por estos días, la Galería Nacional hospeda una colección de 460 piezas que configuran la exposición Máscaras mexicanas, simbolismos vedados, que estará abierta al público hasta enero del 2016.

Un recorrido por la identidad



El Palacio Nacional ocupa un área de casi 100,000 metros cuadrados, y poco más de dos terceras partes están destinadas a los edificios que conforman el inmueble. No todos los espacios están abiertos al público, por ejemplo el Patio de Honor y el ala norte, destinada a las áreas presidenciales. Sin embargo, no deja de ser atractivo para el visitante recorrer el patio central presidido por la fuente de mármol coronada por un Pegaso, que fue reconstruida en la década de los 70, ya que la original quedó completamente destruida tras un motín que en 1692 incendió el entonces Palacio Virreinal. Según el mito griego, el Pegaso representa las virtudes del gobernante: valor, prudencia e inteligencia.



Desde allí se puede apreciar una panorámica de los murales de Diego Rivera, Epopeya del pueblo mexicano, que se extienden por la escalinata principal, pintados al fresco entre 1929 y 1951. Ascendiendo al primer piso también se observan otras obras importantes del pintor, alusivas a la raíz prehispánica y a los pueblos indígenas mesoamericanos.

Otro lugar obligado en la visita es el Recinto Parlamentario, donde se juró la Constitución de 1857 y sesionó la Cámara de Diputados hasta 1872, cuando fue consumido por un incendio. Fue reconstruido 100 años después a partir de una litografía de Pedro Gualdi, de 1841. Actualmente el salón está catalogado como museo de sitio y se exhiben en él documentos y objetos relacionados con la Independencia y la Reforma.



Yendo hacia el ala sur nos encontramos con los patios marianos, donde se yergue la estatua sedente del presidente Benito Juárez, en bronce, construida con el metal de los cañones de los invasores del siglo XIX a quienes le tocó enfrentar. A un costado, se encuentran las ventanas arqueológicas con los restos de lo que fueran las habitaciones de Moctezuma.

Trasponiendo los patios se puede acceder a las habitaciones donde murió el Benemérito de las Américas, que fue el último presidente que vivió en Palacio Nacional. Allí se recrean su estudio, su sala de juegos, su recámara, de acuerdo con los gustos de la época, y se pueden ver algunos de sus objetos personales y su indumentaria.



Una ventana a la belleza



Además de su compleja y fascinante historia, México posee bienes y elementos culturales y naturales de singular belleza y de valor excepcional. Por ello, ocupa el primer lugar en América Latina y el sexto a escala mundial, con 41 sitios y elementos inscritos, tanto en las listas de Patrimonio Mundial como de Patrimonio Cultural Inmaterial y Mejores Prácticas de Salvaguardia, de la UNESCO.

El propio Palacio Nacional comparte la declaratoria de Patrimonio Mundial con la que la UNESCO distinguió al Centro Histórico de la Ciudad de México y Xochimilco en 1987, y recientemente estrenó una sala multisensorial que permite sumergirse en la prehistórica belleza de nuestro territorio y sus edificaciones prehispánicas, coloniales y modernas.



Para el visitante nacional o extranjero que quiera echarle un vistazo a México en poco más de 25 minutos y desee realizar una visita distinta a la habitual, recomendamos comenzar el recorrido por esta Sala de Patrimonio Mundial.

Presenciará un itinerario audiovisual que abarca más de 10,000 años de historia, desde las Cuevas de Yagul y Mitla en Oaxaca y las pinturas rupestres de la Sierra de San Francisco, en Baja California, pasando por ciudades prehispánicas, como Teotihuacán, Uxmal, Chichén Itzá, Palenque, Tajín, Monte Albán o Paquimé; o centros históricos como Oaxaca, Puebla, Morelia, Zacatecas, Querétaro, Tlacotalpan, Campeche; las villas de San Miguel de Allende o Guanajuato; el acueducto del padre Tembleque, en Hidalgo; o el paisaje agavero de Tequila; hasta edificaciones modernas como la casa de Luis Barragán o Ciudad Universitaria, de la UNAM.

Pero nada como sentir la atmósfera de la laguna de Sian Ka’an, el aleteo de la mariposa monarca; o el graznido de las gaviotas que surcan el cielo del santuario de ballenas de El Vizcaíno o las Islas del Golfo de California; y admirar la serena inmensidad del Gran Desierto de Altar y la biosfera de El Pinacate, en Sonora.



La proyección volumétrica de alta definición, proyectada en innumerables pantallas con sonido envolvente y una musicalización espectacular, hace que la sensación de “estar allí” sea una experiencia memorable.

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