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La irreverencia de Yoshua Okón y Santiago Sierra. Una crítica desde el arte a Carlos Slim

El artista mexicano y el español actualizaron en la edición 2016 de Zona Maco el concepto del urinal de Marcel Duchamp, para rebelarse ante la “plutocracia” aterradora” y burlarse del Museo Soumaya, la obra del arquitecto Fernando Romero (Mie, 22 Mar 2017)
La irreverencia de Yoshua Okón y Santiago Sierra. Una crítica desde el arte a Carlos Slim El excusado”, la obra del mexicano Yoshua Okón y el español Santiago Sierra, fue lo más polémico en la edición 2016 de Zona Maco, donde mucha gente vio y opinó sobre el orinal que copiaba el diseño del Museo Soumaya, obra del “yernísimo” arquitecto Fernando Romero.



“Estamos ante un hermoso objeto de coleccionista. Una vez adaptada la arquitectura del museo a su nueva función descubres que, como excusado, el Soumaya es un excelente diseño que muchos querrán tener en su hogar. Un objeto con un innegable valor simbólico añadido. Más que una crítica articulada como tal, esta pieza es más bien un esperpento de Valle Inclán adaptado a nuestro peculiar aquí y ahora. El Soumaya es la apoteosis del mal gusto, es un ofensivo monumento a la plutocracia más aterradora”, declaró Sierra a la prensa local, mientras el orinal que actualizaba el concepto de Marcel Duchamp, comenzaba a ponerse en boca de todos.



El Museo Soumaya, como se sabe, es propiedad de Carlos Slim, el hombre más rico de México y uno de los más acaudalados del mundo y que se erige en Plaza Carso con un destino de extrañeza del que no ha podido zafar desde que abrió sus puertas el 28 de marzo de 2011, para mostrar la colección de arte privada más grande de América Latina.



El edificio, que Okón y Sierra consideran como deficiente y mal diseñado, cuenta con un área de exhibición de 6,000 metros cuadrados, que distribuidos en seis pisos muestran parte de las 16 colecciones de la Fundación Carlos Slim formadas por unas 66,000 obras de arte.



Constituye en la zona un edificio poco amable sobre el que se estrella el concepto de lindo o feo, puesto que explicarlo a partir de un simple concepto estético sería en todo caso ser poco asertivo frente a una mole color plateada que no invita al paseo libre, la visión fresca.

Ya pasó Zona Maco y se atenuó la polémica, lo que no impide regresar a la interesante propuesta de los artistas en cuestión y por ello entrevistamos a Yoshua Okón, nacido en 1970 en Ciudad de México, fundador de los espacios de arte La Panadería, que funcionó de 1994 a 2002 y SOMA.

ESTA OBRA NO ES SOBRE FERNANDO ROMERO

– Supongo que si el museo Soumaya fuera lindo o ustedes lo consideraran lindo seguiría siendo de todos modos un monumento a la plutocracia, como dicen. ¿Es así?

–Así es

–El urinal de Marcel Duchamp está presente en “El excusado”, muestra creo de que lo mucho que todavía influye en el arte contemporáneo, ¿es así?, ¿lo ven así?



–Duchamp y muchos otros artistas de las vanguardias de principios del siglo 20 rompen con la idea de que el objeto artístico es universal, atemporal y que transciende a su contexto. Una misma obra puede ser interpretada de manera distinta dependiendo de donde, cuando y como se presenta. Es decir, el artista debe considerar el contexto en el que trabaja como parte de su obra y como parte de su discurso.

–El excusado en Zona Maco pone el centro de la protesta en un contexto banal, ¿lo expondrán en otros territorios?

–En el caso de “El excusado”, la idea fue precisamente adaptar el contexto de la feria al discurso de la obra e intentar darle la vuelta a la banalidad que describes. Por su misma estructura expositiva, en las ferias de arte las obras normalmente se presentan de manera descontextualizada y el promedio de atención es, literalmente, de 2 segundos. En un contexto así, el arte tiende a perder trasfondo y se vuelve superficie, forma sin contenido. Pero este contexto a la ves tiene un enorme potencial, ya que por el circulan decenas de miles de personas. “El excusado” reúne forma y contenido y fue pensado para sobrevivir en dicho contexto sin perder el trasfondo discursivo, ya que al apropiar un ícono de la ciudad se puede leer muy rápido. La idea con esta obra es transformar la banalidad del consumo pasivo, a la que haces referencia, en un terreno fértil para la reflexión tanto sobre el tipo de sociedad en que vivimos como sobre la dinámica de la feria misma, en donde la lógica empresarial pesa más que la artística. Otro punto importante es que esta pieza también fue concebida pensando en las redes sociales. Es decir, fue diseñada para volverse viral y la feria fue una excelente puerta de entrada para este propósito. Pero esto no significa que la obra no pueda ser presentada en otros contextos, tanto Santiago como yo tenemos pensado presentando en el contexto de nuestras exhibiciones en museos, adonde también puede tener mucho sentido.

–El comentario crítico resulta tal vez acumulativo. Tanto se lo ha criticado ya a Fernando Romero…

–Esta obra no es sobre Fernando Romero. Ni siquiera es sobre Carlos Slim, en un sentido personal. Es decir, se toma un caso específico para hablar de un problema estructural. El tema central aquí es el desproporcionado poder empresarial y las consecuencias que este está teniendo en nuestras sociedades. Las empresas transnacionales, las corporaciones, han acumulado tanto poder que tienen más injerencia que los gobiernos; se han vuelto ingobernables e irregulables. Esto se traduce en que la mayoría de las políticas responden a intereses privados y no públicos, trayendo terribles consecuencias a nivel social y a nivel del medio ambiente. Desde mi punto de vista, el modelo corporativo es la raíz de la terrible crisis que se vive a nivel local y a nivel mundial y es un tema del que no se está hablando lo suficiente. Muchos críticos parecen estar preocupados con el narco, con los políticos y otros temas que son solo sintomáticos, no de raíz. La pieza pretende poner al modelo corporativo sobre la mesa.

–¿Arte contemporáneo y arte social son conceptos opuestos y complementarios?

–El arte contemporáneo es necesariamente social. Como lo dije en una de las respuestas anteriores, en el paradigma del arte contemporáneo, que inicia con algunas vanguardias de principios del siglo 20, el objeto artístico se deja de concebir como un objeto universal, atemporal y contenido en sí mismo. Este es un objeto discursivo, con contexto e interlocutores, conectado y en diálogo con su entorno. Forma parte de un ecosistema. Es decir, sin contexto social no hay arte contemporáneo. Artistas que hacen obra en la que no hay ningún tipo de atención al contexto y al interlocutor están trabajando en un paradigma distinto, llámesele arte moderno, arte decorativo, etc.

–Cuando vi por primera vez vuestro excusado, me dije: -Pero, claro. Pocas veces una pieza de arte contemporáneo se expresó ante mí con tanta lógica, una lógica irrefutable, además. ¿Cómo nació ese objeto?

–Me queda muy claro que nadie se merece reunir fortunas tan desproporcionadas como las de los multimillonarios, ya que no hay una relación directa con el mérito. Vivimos en un sistema económico en el que el dinero genera dinero. Este tipo de acumulaciones están necesariamente basadas en la sobre explotación de humanos y de recursos naturales y atentan peligrosamente contra la justicia más elemental y contra nuestro ecosistema social y ambiental. Es decir, están poniendo en peligro a nuestra sociedad y a nuestra especie. Además de ser un objeto hermoso que desde mi punto de vista mejora el diseño del museo Soumaya, “El excusado” surge a raíz de este tipo de preocupaciones. Este opera como metáfora del lado oscuro del modelo de capitalismo neoliberal, es decir, del modelo tecnócrata y corporativo que no ve más allá del lucro y que no está siendo capaz de tomar en cuenta cuestiones humanistas o ambientales. Un modelo que desafortunadamente está dominando y depredando nuestro mundo.

–¿Se sienten obligados moralmente a marcar este abismo social, cultural y político en que nos vemos inmersos los mexicanos?

–Sí

–¿El artista está obligado a hacernos ver aquello que siempre estuvo ahí y no nos dimos cuenta

–Yo no diría que está obligado, pero sí diría que históricamente esa ha sido una importante función del arte.

–En un contexto social tan adverso como el mexicano, cierta banalidad del arte contemporáneo mexicano ¿podría convertirlo en un arte cómplice de los excesos del poder y del crimen organizado?

–Sí, por supuesto. Tristemente mucho del arte se ha convertido en lo que describes en tu pregunta. Y no solo a nivel local sino que este es un fenómeno mundial. El mercado del arte le vino como anillo al dedo al capitalismo financiero, nuestro modelo económico actual, que esta basado en la especulación. Y gran parte de lo que pasa en Zona Maco es ejemplo de esto. En el mercado del arte se especula y se lava dinero. Y en muchas ocasiones los artistas terminamos trabajando para agendas que nada tienen que ver con la cultura. Pero la plataforma del arte contemporáneo también da espacio al pensamiento crítico, la exploración estética y a discursos relevantes. El arte contemporáneo es un territorio muy amplio y diverso en donde, además de lo que describes, también están ocurriendo cosas relevantes y críticas. Y puede ser un excelente lugar para resistir a las tendencias culturales predominantes y para ejercer nuestra agencia como ciudadanos, cosa que resulta cada vez más difícil en esta sociedad de consumo. Depende de los artistas mantener sus ideas y lograr coexistir con la industria, no es sencillo.

–¿El mercado le ha quitado espíritu crítico al arte contemporáneo?

–Definitivamente pienso que la explosión del mercado del arte que ocurrió hace unos 15 años y la enorme industria que esto generó, han tenido mucho que ver con la banalización de mucho del arte y con la complicidad que describes arriba. Pero hay que tener mucho cuidado con no satanizar al mercado ya que el mercado en sí mismo no es el problema, sino más bien el modelo neoliberal de mercado que predomina, el cual impone el lucro como la mayor y única meta, como si este fuera un fin en sí mismo. Sin embargo los intereses de mercado pueden co-existir con intereses culturales y sociales. Existen empresarios y galeristas responsables. Es por eso que es importante preguntar ¿cuales son las reglas del juego del mercado del arte y de que forma se pueden poner límites y regulaciones para que los intereses comerciales no pasen por encima de los intereses estéticos y discursivos?, ¿De qué manera se evita comprometer la agenda de los artistas en un contexto de mercado? Como ya lo dijo Foucault hace décadas, el afuera no existe, todos formamos pare del sistema y solo podemos trabajar desde adentro, así es que la pregunta no es si debemos participar o no, sino más bien ¿de qué forma participamos? El reto para los artistas entonces es encontrar la manera de participar en el mercado, para así sostener sus prácticas y su economía, sin comprometer su libertad y sus ideas. Es un balance muy complicado pero creo que se puede lograr. Afortunadamente en el mundo del arte no todo opera desde una lógica empresarial y de lucro, hay muchos más intereses y agendas que coexisten con el mercado y que dan espacio a distintos tipos de dinámicas. Este es un mundo diverso y complejo.

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