Noticias : Diseño y Dibujo : [Crítica] ¿Cómo sería un velero diseñado por Frank Gehry?

Noticias de Arquitectura

[Crítica] ¿Cómo sería un velero diseñado por Frank Gehry?

Recientemente se difundió la noticia de un velero diseñado por el arquitecto canadiense-norteamericano Frank Gehry. Presentamos una crítica. (Lun, 18 Abr 2016)
[Crítica] ¿Cómo sería un velero diseñado por Frank Gehry? Cuando se piensa en un velero diseñado por el arquitecto Frank Gehry, creador del museo Guggenheim Bilbao, se espera entonces que tengamos frente a los ojos una estramancia flotante llena de chipotes y geometrías onduladas, de gestos gratis y materiales excepcionales, y cuya más que antojadiza forma no pudo haber sido determinada más que con computadoras que compiten en complejidad con las de la Nasa.



Un seguro contendiente al naufragio, pues, y al habituado absurdo que conllevan la intención y la vanidad formal.



Las imágenes, por suerte para el armador, desmienten lo anterior.

El barco responde sobriamente a las leyes marinas: el casco es equilibrado, afilado, de acertadas proporciones. Su cubierta es limpia y lleva en torno an ella una prudente balaustrada muy normal.



La vela mayor está en su sitio y tiene una botavara curiosamente recta (para las manías de quien la dispuso) y la vela triangular guarda el orden obligado.



Absolutamente nadie lo creería, de entrada.

Mas edificar un construcción que además de esto navegue es cosa realmente seria.



Las demandas de la supervivencia en los mares son astringentes. Primero, flotar sin zozobra, aguantar el infatigable ir y venir del marejada; y después, avanzar de manera eficaz, con certidumbre, usando las fuerzas de los vientos como herramienta.



Estos son principios milenarios, constantes. Los marinos de todas las latitudes y de todos los tiempos, a pesar de la relativa alteración de sus soluciones, se ajustan an ellos, estrictamente.



Hay armonía, equilibrio, escasa resistencia a la fricción del agua, reciedumbre. Hay proporción entre la superficie de las velajes y el casco. Hay quilla, proa, popa, timón: todas estas piezas marchan con un orden claro, bajo exactamente el mismo imperio de los elementos.

Y hay, frecuentemente, una extrema, refinada belleza. La que nace de la función bien resuelta, del pacto de la barco con sus fines -y en algunos casos-, del genio intransferible del marino.

Pero, al final, un buen velero es todos y cada uno de los barcos de vela, y es él mismo.

Las construcciones que se fincan sobre la tierra deberían, quizá, atender an exactamente los mismos principios. Adaptándose, claro, a cada emplazamiento particular, a cada circunstancia concreta. Mas, sobre estas señales, una arquitectura debería aspirar a la economía, la funcionalidad en términos extensos, la expresión de la belleza que radica en su propia esencia. Como un barco de vela. (Esto, Renzo Piano, descendiente de armadores genoveses, bien que lo sabe).

Nada que ver entonces, señor Gehry, con las protuberancias confusas y desconcertantes que por años han hecho su fama.

Nada que ver con las inquietantes incongruencias de los espacios internos de sus edificaciones con su manifestación externa, con los elementos absurdos, con el pueril despliegue tecnológico y monetario que no alcanza ni a tocar la piel de la belleza, ni a dar -en medio de un planeta convulso- ni un ápice de serenidad.

Más bien, daría la sensación de que toda esa gesticulación es un superficial intento de sumarse an esas siniestras conmociones del mundo.

En otras palabras, podría ser que estos multipremiadas, multifotografiadas construcciones, pese a sus onerosas construcciones, se hundan, como barcos absurdos. Que se hundan en el confusión de una temporada tan necesitada de los pies en el suelo, de lógica, de inteligente economía, y sobre todo de belleza.



Lo peor es que esos naufragios ocurren, embelesan y engañan a los ojos ingenuos de miles y miles de estudiantes de arquitectura y de arquitectos de todo el planeta, a la mirada de quienes piensan que semejantes producciones son la última manifestación de la moda, de "lo que se lleva esta temporada".



Extraño velero, puesto que, por ser de un autor como Gehry. Realmente bonito, indudablemente, realmente útil asimismo como reflexión, aguardemos. Apenas ciertos ineludibles ademanes manchan al grácil barco: el timón está hecho de maderas desordenadas; y cualquiera que haya asido un timón sabe de qué manera tal instrumento debe construirse.



Entonces, la cabina tiene un ridículo plafoncito con perforaciones medio "fractales". Y de este modo, prácticamente nada. El barco de vela, en cuanto al resto, semeja impecable.

Compartir artículo:

Lista de comentarios



Agregar un comentario

Por favor llene completamente la forma abajo, y nosotros agregaremos su comentario tan pronto como sea posible.