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El jardín errante

Mitad jardín, mitad máquina, esta esfera capta y también interpreta las reacciones de la vegetación según las condiciones del medioambiente y rueda de forma autónoma por la ciudad, dirigiéndose hacia zonas más saludables y menos tóxicas para esas plantas. (Lun, 13 Jun 2016)
El jardín errante Primero fueron los vehículos autónomos y ahora una nueva entidad está a punto de lanzarse a los caminos: un jardín rodante que se desplaza por la urbe conducido por las propias plantas que lleva dentro, para localizar la parcela óptima donde asentarse.

De este modo describe la gaceta "Newsweek" a la esfera geodésica, "mitad jardín, mitad máquina" llamada ‘Hortum machina, B’ y diseñada por el Interactive Architecture Lab (IAL), del University College London, en el R. Unido, y a la que sus autores califican como una nueva forma de vida cibernética.

El prototipo de jardín errante ‘Hortum machina, B’ es una parte del plan reEarth, que busca aprovechar la inteligencia colectiva que muestran las plantas en su comportamiento, para explorar nuevas formas de relación y colaboración biológica entre las personas y la ambiente en el espacio urbano, conforme los arquitectos William Victor Camilleri y Danilo Sampaio, del IAL.



EXOESQUELETO Y UN SÍMBOLO ECOLÓGICO.

Si bien la vegetación carece de sistema inquieto, del mismo modo que los animales, pueden ser estimuladas por fenómenos eléctricos y químicos del medioambiente, lo que equivale a una inteligencia primitiva , según Camilleri y Sampaio, autores más importantes de este diseño del IAL.

Los estudiosos del IAL han logrado conectar a través de electrodos y cables esa inteligencia primitiva de las plantas al sistema de control de un sistema robótico autónomo, capaz de desplazarse rodando.



El ‘Hortum machina, B’ consiste en una esfera geodésica, de tres metros de alto, inspirada en los proyectos del arquitecto estadounidense Richard Buckminster Fuller, y compuesta por estructuras tubulares unidas entre sí y con el aspecto de triángulos interconectados, que “es al unísono un esqueleto externo y un símbolo ecológico”, de acuerdo a sus creadores.


(Richard Buckminster Fuller)

Su “corazón” está formado por doce cultivos alojados en módulos, cada uno de ellos con diferentes especies vegetales nativas de G. Bretaña, colocadas sobre unos mecanismos llamados ‘actuadores lineales’, que permiten que toda la cuerpo se mueva, moviendo el centro de gravedad de la esfera.



“Las reacciones eléctricas que se generan de forma colectiva en las células de la vegetación, debido a los diferentes estímulos químicos y eléctricos del medioambiente, son captados por los sensores electrónicos del sistema y transformados en señales que son empleadas para establecer la orientación y movimiento de la esfera en todo momento”, conforme sus autores.



En el contexto de un futuro próximo en el que va a haber vehículos sin conductor, automóviles voladores autónomos y otras formas de inteligencia robótica conviviendo con nosotros en nuestro entorno construido, el Hortum machina, B podría transformarse en un jardín cibernético, un híbrido entre un ser vivo y un instrumento automático, que no sería estático sino más bien móvil, según este proyecto.



VEGETACIÓN CONECTADA A UN CEREBRO ELECTRÓNICO.

“Las plantas usan la energía para trasmitir señales como lo hacen todos los seres vivos, y nuestro objetivo consiste en aprovechar ese fenómeno llamado electrofisiología, para lograr que sean independientes, convertirlas en parte de nuestra sociedad y dotarlas de la capacidad de interaccionar y pasear con nosotros”, conforme a los arquitectos del IAL.

El sistema funciona mediante una serie de electrodos de contacto puestos por encima de las vegetación y empleados para medir sus señales microeléctricas y cambios de voltaje, las que son amplificadas hasta transformarlas en mensajes inteligibles para un sistema electrónico llamado ‘Green Law’, que marcha como link con los mecanismo que mueven y orientan la esfera geodésica, señalan desde IAL.



Las plantas perciben las condiciones ambientales como la luz, vibraciones, la temperatura y la humedad del sitio donde están ubicadas, y le mandan sus mensajes al ‘Green Law’ que, a través de un software informático, calcula si ese ambiente es conveniente y, caso de que no lo sea, pone en movimiento la esfera para hallar condiciones más favorables.



“Las plantas tienen una forma primitiva de inteligencia, consistente en que pueden percibir la luz y el sonido y pueden crear recuerdos, y al poder medir y amplificar sus reacciones al medioambiente, logramos diseñar un robot conducido por esa vegetación”, señala a ‘Newsweek’ Ruairi Glynn, directivo del IAL.

Las señales electroquímicas mandadas por las plantas dejan supervisar la orientación y movilidad de la máquina, dejando que maniobre por si acaso sola en torno a la ciudad o un parque para encontrar los microclimas más adecuados, eludiendo los ambientes que podrían ser tóxicos para las plantas, conforme ‘Newsweek’.

“La esfera está concebida como un vehículo o bien ‘ciber-jardinero’ con vegetación nativa a bordo que va a viajar por el Londres urbano, ayudando a repoblar la urbe con este tipo de plantas británicas al descubrir los microclimas más convenientes para ellas”, dice a Efe WilliamVictor Camilleri, coautor del diseño.
“Más adelante -aprovechando la tecnología de un proyecto anterior- este ciber-jardinero, asimismo podría generar semillas y sembrarlas en los lugares más convenientes para su desarrollo, ayudando a contrarrestar la invasión de especies foráneas”, refuerzan.



INTELIGENCIA VEGETAL EN ACCIÓN.

“La movilización de la esfera por las reacciones de las plantas actúa como una “provocación”, llamando la atención sobre su “vivencia” consistente en localizar y edificar mejores sitios para vivir y desarrollarse”, apunta el arquitecto Camilleri.

Por poner un ejemplo, cuando las vegetación perciben un cambio en la luz diurna, reaccionan y lo recoge la red, que hace que el módulo que las contiene se desplace cargando su peso en otra una parte de la esfera, y haciendo que ruede hasta salir de las sombras y situarse en un área más alumbrada.

Consultado por esta publicación sobre de qué manera puede el Hortum machina, B desplazarse de manera segura sin ser un peligro para las personas o el tráfico vehicular, Camilleri responde: “dado que es solo el primer modelo de esta estudio, todavía no está pertrechado con dispositivos que le proporcionen la capacidad de eludir colisiones”.

“Sin embargo este primer prototipo dispone de un GPS que señala su ubicación precisa y la distancia que ha recorrido, lo que quiere decir que puede contrastarse que continúe en áreas seguras en todo momento”, asegura este arquitecto técnico.

De todas formas, Camilleri explica que “hacen falta unos 30 segundos a fin de que la máquina extienda sus actuadores lineales hasta la mitad y, una vez completado este paso, la esfera precisa determinar su nueva situación, cerrar los motores innecesarios, y expandir otros nuevos, para entregar el próximo paso, lo que da a la gente un extenso margen de tiempo para separarse o bien esquivarla”.








Interactive Architecture Lab

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