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Shigeru Ban o la arquitectura como humanismo

El japonés, Premio Pritzker en 2014, pronunció ayer la lección inaugural del curso de la Escuela de Arquitectura en el Teatro Cervantes y brindó una ocasión histórica (Sab, 24 Sep 2016)
Shigeru Ban o la arquitectura como humanismo Cada movimiento que realiza Shigueru Ban (Tokio, 1957) en el Teatro Cervantes, bien revisando su conferencia en su portátil, ajustando las proyecciones con los técnicos, ultimando los detalles con el traductor o firmando en el libro de honor junto al embajador de Japón en España, Masashi Mizumaki, destila los repuntes propios de la disciplina más consciente y a la vez cierto aire propio de genio discreto, del que puedes encontrar en cualquier cafetería.

Ban, pionero en el empleo del papel y el cartón para la construcción de edificios e impulsor de una ingente labor humanitaria mediante el diseño de viviendas de emergencia para los refugiados de Ruanda y para las víctimas de los tsunamis de Sri Lanka y Fukushima, creadas igualmente con materiales ligeros y aptas para una instalación sencilla en pocos minutos, recibió en 2014 el Premio Pritzker (el Nobel de la arquitectura) por, entre otros muchos valores subrayados por el jurado, su "optimismo a la hora de transformar el entorno hacia un mundo mejor a través de la arquitectura. Donde otros ven un reto imposible, Shigeru Ban ve una llamada a la acción".

Ayer, el maestro nipón hizo gala de este optimismo en la conferencia inaugural del curso de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universidad de Málaga (al mismo tiempo que, paradójicamente, la UMA celebraba su propio acto de comienzo de temporada en otra parte) en un Teatro Cervantes a rebosar de estudiantes y profesores de arquitectura malagueños en su mayoría aunque otros, también, habían llegado de muy diversas ciudades de España (tampoco faltaron el alcalde, Francisco de la Torre, y varios miembros de la corporación municipal). Lo que aconteció fue una verdadera lección de arquitectura a un nivel seguramente nunca registrado en Málaga. Y hablamos, que conste, de un nivel humano.

El director de la Escuela, Carlos Rosa, puso sobre la mesa antes de la conferencia una cita del propio Ban: "La fuerza de la estructura no tiene nada que ver con la fuerza del material". Luego, el propio Shigeru Ban explicó cómo se traslada este principio a una acción social. Sus primeras palabras bastaron para conquistar al público:

"Yo me formé como arquitecto en Estados Unidos y cuando terminé de estudiar me sentí muy frustrado. Comprendí que mi profesión estaba orientada hacia el dinero y el poder. Pero el dinero y el poder son invisibles, y yo prefería trabajar para las personas. Eso he hecho hasta ahora. No hago ascos a hacer un monumento si me lo piden, pero mi prioridad son los hombres y las mujeres que viven en los edificios que construimos. Cuando regresé a Japón y comencé a trabajar en mi estudio, ya no me quedaron dudas de que los terremotos, por sí solos, no matan. Lo que mata es la corrupción que permite que se construya de cierta forma. Los arquitectos podemos mejorar la vida de la gente. Y éste es mi empeño desde hace 21 años".

Si algo ha caracterizado a Shigeru Ban en su práctica del oficio es el uso de materiales a priori efímeros. Esta querencia reveló con el tiempo asombrosas cualidades humanitarias dada la posibilidad de construir viviendas resistentes a las inclemencias más atroces con poco dinero y en menos tiempo, pero su origen fue, como sucede a menudo con los hallazgos históricos, decisivos: "Cuando terminé de estudiar arquitectura todavía no podía diseñar edificios, así que me puse a hacer exposiciones dedicadas a mis arquitectos japoneses preferidos en los que recreaba sus trabajos a escala. Como no tenía dinero para madera, empecé a emplear tubos de papel reciclado. Y me sorprendí al comprobar que eran mucho más fuertes de lo que yo esperaba".

En los años 90, Ban proyectó las primeras casas a realizar por completo en papel en Japón pero el Gobierno se negó a darle la licencia dada la alta capacidad de combustión, problema que el arquitecto solventó creando y aplicando una película de material ignífugo: "La primera vez que un gobierno concedió una licencia para construir una casa de papel me la dio el de Japón para construir la mía, donde vivo. Empleamos tubos de papel reciclado de hasta 120 centímetros de diámetro. En algunos sentidos, es muy práctico: si se termina el papel higiénico en el WC, puedes servirte directamente de la pared".



Sin dejar a un lado su sentido del humor, Shigeru Ban se adentró en algunas de sus obras emblemáticas, como el Pabellón de Japón Expo 2000 en Hannover ("Estaba dedicada al medioambiente, así que puse como condición que todo el material empleado se reciclara posteriormente"), el Museo Nómada realizado con contenedores portuarios que tras su instalación en Nueva York viaja por todo el mundo y las casas desmontables realizadas con materiales prefabricados, sin muros ni columnas ("No hacen falta carpinteros: cualquiera puede instalarlas en un solo día"), así como sus diversos proyectos humanitarios para ACNUR. La idea de que la arquitectura es un humanismo tiene en Shigeru Ban su praxis más feroz.

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