Arquitectura: Las tres edades de la arquitectura y el Hotel Harlem.
Pensar en arquitectura nos lleva a sus tres formas de existencia, al principio podemos distinguir rasgos de maestría en el diseño. Con ayuda de un par de renders tenemos toda una perspectiva de lo que podría llegar a ser un edificio. (Vie Ene 23 2004)
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Con referencias notables sobre su inclinación hacia una arquitectura para todos los días o su innegable valor por ser, de estas, de las que más carecemos al pretender ser, de aquellas, en las que se le va la vida al autor, como aquel cartero de Chevalier.
La segunda forma de arquitectura es el edificio que a manera de radiografía o de corte necrofílico observamos sus partes. Percibimos a la hora de construirlo, ese que sin embargo siempre tiene una mejor forma de existir y que nos vemos forzados a detener, en el proceso de diseño, en un punto determinado; sin que por ello signifique que la obra está terminada. De hecho, yo podría asegurar que una obra arquitectónica nunca llega a su culminación ideológica, siempre es un proceso de intercambio de información materializada en un volumen con un destino predeterminado por distintos factores como las necesidades de su origen o mejor aún las necesidades del tiempo.
De allí al último paso que es el edificio habitado, que no obra terminada por razones anteriormente expuestas, nos lleva un enorme intervalo de tiempo, de circunstancias y de caracteristicas fenomenológicas. Un ejemplo es la generación de diseños que puedan tener una paridad con la erosión que el tiempo puede provocar en ciertos materiales. Es decir que el edificio llegara a ser sabiamente concebido para que en sus materiales, formas e interrelaciones creadas pueda tener siempre vigencia y llegue a ser atemporal.
Más importante que alcanzar la a-temporalidad en medida de los materiales usados es la a-temporalidad alcanzada por su vigencia cultural.
Alcanzar las marcas que la historia o el tiempo pudieran dejar en un edificio, cualesquiera que sea su material (concreto, acero, vidrio) es sin duda un logro que pocas obras en el hemisferio han logrado.
Alcanzar la universalidad. Esa condición de transplante ideológico que sólo algunos pensadores y entes creativos tienen, es un logro que se ve con menor frecuencia. Esa relación entre el pasado y el presente que da como resultado la a-temporalidad y el no lugar.
Dicho lo anterior ciertamente quedarían excluidos muchos de los arquitectos que hoy en día conocemos. Sin embargo, un despacho que a través de sus obras ha marcado rumbo en la arquitectura de un país, sin ningún un afán nacionalista, es el de TEN Arquitectos, quien desde sus inicios fue fundado por gente de una alta calidad creativa como Bernardo Gómez Pimienta y Enrique Norten. Que si bien ahora navegan por rumbos distintos siempre será parte de su huella.
Hoy en día en la cumbre del starsystem TEN arquitectos se plantea como un elemento capaz y despliega una inserción quirúrgica a gran escala en Nueva York, sumando sus esfuerzos a quienes han tenido a bien hacer una completa reingeniería en esta y en otras ciudades como la de México en el Centro Histórico. Prueba de ello es la gran retórica desvelada entorno al Ground Zero y sus múltiples autores quienes han quedado decapitados a manos de los grandes devoradores inmobiliarios.
Dos de sus últimos proyectos ponen bajo la lupa a TEN, por su capacidad creativa hoy puesta a prueba para medirse en diferencia de circunstancias. Uno de ellos es La biblioteca Pública de Brookling tema muy tratado y al que sólo nos referiremos por su cuestión cualitativa y el segundo que para este caso es el origen del artículo. El Harlem Hotel, NYC.
Un edificio de usos mixtos, con oficinas, comercio, y un hotel para la gran cadena Marriott de 208 habitaciones. 585,000 pies cuadrados y 29 pisos de altura, lo imponen como el edificio más alto de Harlem, como una afirmación hacia el rascacielos, tan marginado últimamente por los sucesos ya conocidos. Con su restaurant-bar, club de jazz y SPA, pretende ser un eclocionador de la renovación de esta parte de la ciudad, tan dañada socialmente, y detonar con esto la inversión de diferentes sectores que desde hace no mucho tiempo han tenido convergencia en dicho sitio. Una obra de tal envergadura sólo puede tener escala en los 2000 empleos que generará.
Un edificio que si bien sólo existe por el momento en renders marca un parte aguas en la cultura arquitectónica internacional, intentando llevar la obra por sus tres etapas, desde la idea, pasando por las capas de su percepción hasta la obra en uso, deteniendo el proceso en algún punto incierto para el tiempo o en un tiempo incierto, alcanzando esa arquitectura en la que a chevalier se le fue la vida y que será de las que cantan.
Con esta obra se corona la trayectoria de un camino, con el papel protagónico obligado que da el construir en Nueva York y quedará siempre la cuestión “detener el proceso de generación de un edificio en determinado momento , así como la incertidumbre de avanzar un momento más en el proceso, podría hacer de este un proyecto de resultados completamente distintos”.
El hotel Habita habría sido el mismo si la piel fuera distinta al cristal traslucido con ranuras transparentes y tuviera un extenso louver de madera. O el moda in casa habría sido el mismo si no se hubiera generado desde un origen como una caja de cristal transparente. La condición invariable del origen y la piel marcan el mensaje y la temporalidad física e ideológica de un edificio.
Rubén Anguiano
Rubén Anguiano - Laboarq
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