Arquitectura: El último desafío de Rem Koolhaas
La embajada holandesa es un compendio de la arquitectura vanguardista de ese país y un manifiesto crítico al urbanismo de Berlín. (Mie May 19 2004)
 |
|
|
|
Calificar el artículo |
Comentar el artículo |
Ver comentarios |
Padre y gurú de la segunda modernidad holandesa, canciller arquitectónico de su país, estudioso y crítico del urbanismo de Berlín y un hombre a pasos de los 60, Rem Koolhaas puede lograr que todas estas cuestiones confluyan naturalmente en un edificio.
En el 2000, poco antes de recibir el premio Pritzker, su estudio OMA inició la construcción de un concurso que había ganado en 1997: el de la nueva Embajada de Holanda en Berlín, Alemania. Habitada recién en diciembre de 2003, su inauguración se demoró un año y medio por la extraordinaria complejidad del proyecto. El diseño no convencional de Koolhaas y ciertas innovaciones técnicas, como la construcción de bases especiales, hicieron que la primera empresa contratista alemana tirara la toalla. Una segunda aceptó el reto.
"No hay brillo sin frotar", parece decir hoy, luego de pasar por tantas manos, la radiante embajada de proa filosa. El predio a orillas del río Spree, en el centro urbano de la capital alemana, fue elegido adrede por la Cancillería holandesa para ubicar la obra en un paisaje familiar: de agua y canales. El edificio es una composición de dos piezas: un cubo traslúcido y una placa de viviendas que lo rodea en dos de sus lados. El cubo está horadado por una suerte de serpentina circulatoria interna, que recorre sus ocho pisos de arriba a abajo. Esta espiral define la comunicación interna de la caja. La placa, con su planta en forma de "L", hace las veces de cerco y está separada unos 10 metros de la estructura cúbica, aunque se une a ésta por cuatro puentes aéreos.
El cubo central es mayoritariamente de cristal, con nervaduras de aluminio de 27 metros de largo. Y su circulación espiralada remite al interior del Guggenheim neoyorquino o bien, al pabellón holandés que MVRDV plantó en Hannover en el año 2000.
Como sea, las imágenes de esta obra generan el impulso de caminarla ascendiendo por esa espiral, que combina tramos escalonados con otros de rampa. El paseo permite acceder a todas la secciones de la embajada y deja espiar el paisaje de Berlín. Desde la entrada, el recorrido pasa por la biblioteca, las salas de reunión, el auditorio, el gimnasio y el restaurante hasta llegar a la terraza.
Así, paso a paso, se va desglosando parte del programa de 8.500 metros cuadrados de la embajada (4.800 de oficinas; 1.500 de vivienda y 2.200 de estacionamiento). "Las áreas de trabajo —explican en el estudio OMA— se acomodaron en los espacios que quedaron luego de calar la circulación". Levemente sobrepresurizada, la trayectoria espiralada funciona como el conducto principal de aireación, que manda aire fresco a las oficinas para chuparlo por un pleno en la fachada doble.
Sobre uno de los frentes cuelga una caja de cristal: es la ampliación del despacho del embajador. Y, aunque este tipo de voladizos recibe el nombre de skybox, la gente ya le estampó el poco elegante apodo de grano. Con ese recurso, Koolhaas parece catalizar gestos de los jóvenes MVRDV, cuyo edificio WoZoCo, aquella suerte de colorido botiquín gigante, se convirtió en uno de los íconos de la nueva movida holandesa.
VISTA ETERNA
El despacho del embajador tiene vista al río Spree, lo mismo que el gimnasio para los diplomáticos. Pero, si de vistas se trata, la gran postal que captura este edificio está al final de la diagonal vacía de su circulación interna: una ventana abierta en la placa de viviendas enmarca la torre Fernsehsturm, en Alexanderplatz, un ícono de Berlín Oriental. Para su protección, esta vista única fue registrada en el catastro de la ciudad, de manera que ya nunca se podrá edificar entre la embajada y la torre de la tevé alemana.
Y en ese detalle se puede medir cómo esta obra marca a la ciudad por partida doble, en términos urbanísticos e históricos. Touché Berlín. Como si se tratara de la elegante venganza de un esgrimista, el revolucionario arquitecto holandés puso su marca en una ciudad a la que le venía criticando sus principios urbanos.
La crítica arreció en un ensayo que Koolhaas publicó en 1991 contra el servicio urbanista de Berlín, que mantiene el criterio de construcción en bloques del siglo XIX. Pero la antipatía que cosechó entonces, ahora dio un vuelco de 180 grados. Y el holandés recibió el Premio de Arquitectura de Berlín 2003.
Desde OMA, explican que el proyecto de la embajada exploró "una combinación de obediencia (llenando el perímetro de la manzana) y de desobediencia (edificando un cubo solitario)". Quizá, el mayor atrevimiento de Koolhaas sea haber construido un catálogo de arquitectura holandesa actual que, a la vez es un manifiesto contra los principios urbanísticos dominantes de Berlín. Y, como si esto fuera poco, la embajada—embajadora es vista como una "ciudad dentro de una ciudad".
Aunque, tratándose del autor del libro S/M/L/XL ¿debería asombrar que diseñara un talle especial para su propio país?
Clarin.com
COMENTAR EL ARTÍCULO |
 |
|
 |
|
|
|
Calificar el artículo |
Comentar el artículo |
Ver comentarios |
|
| Páginas
Relacionadas |
-
ARCHI-BOX, el buscador de despachos de Arquitectura +Poyectos de Alemania
-
El portal internacional de la madera
-
Cucina Bella - Argentina
-
MAP Architects
-
arcbau
|
Vínculos Patrocinados
|