Noticias : Arquitectura : 2001 a 2010 : 2006 : Más que la forma [Keaton vs Wyne].

Noticias de Arquitectura

Más que la forma [Keaton vs Wyne].

En julio de 2005 el arquitecto japonés Hitoshi Abe visitó Argentina invitado por la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Palermo, a través de Marcelo Vila, Director del Ciclo Intermedio de esa institución. El objetivo de esta invitación fue una conferencia en el espacio dirigido por Tomás Dagnino, en la que el arquitecto japonés presentó y explicó, con gran cantidad de imágenes, varias de sus obras e ideas. También se llevó a cabo la entrega de los premios Río a los estudiantes de la UP. Al día siguiente, compartimos una reunión en la que pudimos conversar más ampliamente sobre algunos de los temas en los que Hitoshi Abe había hecho hincapié. (Vie, 27 Oct 2006)
Desde el comienzo de su presentación, el discurso de Hitoshi Abe estuvo fuertemente marcado por sus reflexiones sobre la relación del hombre con su espacio y arquitectura, dejando entrever que a pesar de las grandes diferencias que se pueden plantear entre su manera y las nuestras de practicar y entender la arquitectura, en relación a las tradiciones o creencias en Oriente y Occidente, o incluso en lo referido al presupuesto, o a las tecnologías utilizadas para la construcción, hay siempre algunas preocupaciones comunes, o hasta universales. Una de las primeras imágenes que mostró contenía una foto de Buster Keaton y otra de John Wayne. Con ella, el arquitecto quería simbolizar dos maneras de practicar la arquitectura:

-Eso resume un poco mi actitud frente a la arquitectura. Hay diferentes posturas. Una puede ser pensar en algo absoluto que necesita trabajo dirigido a la creación de un todo; y otra, entender que hay cosas existentes, que ya están ahí antes de que uno haga algo. El diseño para mí es una conversación con el entorno, con lo existente. Cuando uno piensa en la analogía entre John Wayne y la arquitectura podría relacionarla con la postura de los arquitectos
japoneses tradicionales que quieren diseñar todo un entorno de la nada. Esa es una muy vieja noción diferente a la de construir algo que ya existe allí. Yo pienso que, posiblemente, cuando el hombre de las cavernas dibujó manos en las paredes indicó que algo mejor podría hacerse. Sus manos se convirtieron en mediadoras entre él y su entorno produciendo otro tipo de relación en la que uno complementa al otro. Por eso aparece Buster Keaton.

Él responde permanentemente a las situaciones que van aconteciendo. Hay una cierta tensión constante entre él y el entorno para crear el drama y generar eventos particulares y divertidos. No como John Wayne, que entra con su gesto característico y crea de esa manera todo un clima-.

Para ampliar esta idea, Hitoshi Abe propone pensar en la metáfora de una burbuja: al analizar cómo funciona esta masa de aire limitada por una superficie fina y no rígida, se pueden entender dos tensiones en constante movimiento –la interior y la exterior–, que condicionan su comportamiento,
tamaño, forma y posición. Entonces, idealmente, el límite de cada espacio debería responder a la búsqueda de un equilibrio entre estas fuerzas diferentes, que para el pensamiento de un proyecto de arquitectura estarían representadas por el entorno y el programa, con todas las variables topológicas que estos pudieran incorporar racionalmente. Continuando en esta clave, también se retomó en la conversación uno de los temas más usuales de las discusiones sobre arquitectura contemporánea: el de la relación entre lo local y lo global. La manera de proyectar con un compromiso con el lugar, no debería, para el arquitecto japonés, necesariamente imitar formas o recursos tradicionales. Es decir, que lo local, o más específicamente, lo singular, estaría ligado a la capacidad de actualizar o generar un lugar, más que a la reproducción de un imaginario particular.

-La diferencia está en poder proponer algo flexible que explore diferentes modos de relación con su entorno. Esto lleva a la generación de una arquitectura que es local justamente porque se basa en esos modos de relación, no por su forma. De la misma manera, creo que recién cuando una obra llega a convertirse en un objeto valioso en su lugar, proponiendo relaciones que no son las obvias, la arquitectura puede ser competitiva o valorada internacional o globalmente. No me gusta que se reduzca lo local a los símbolos más obvios. Eso sería como definir a la Argentina sólo con una imagen proveniente de la cultura del tango. Y eso no alcanza como recurso para hacer que una arquitectura sea local. Algo puede ser muy auténtico y a la vez global, estas categorías no son opuestas.

Hay que romper un poco los preconceptos y trabajar con cada situación específica-.

Este modo del pensamiento permite salirse críticamente de la discusión polarizada y limitante que suele predominar en esta temática, iluminando otras opciones y dejando afuera a las que sólo oscilan entre lo absoluto o lo absolutamente relativo. -La globalización hace que no haya respuestas únicas sino que todos los procesos puedan ser válidos. Por eso me parece tan importante en el presente, más allá del camino que uno elija, que el esfuerzo esté puesto en ser coherente en ese proceso propuesto. Por ejemplo, si habláramos del Centro Comunitario que hicimos en Reihoku, sabemos que no tenía por qué tener la forma en la que finalmente resultó. Pero la intención estuvo dirigida a crear una plataforma en la que cada pieza guardara una clara relación con una lógica determinada, de manera que cada pieza existe y no puede alterarse sin alterar a las otras. Esa relación entre las partes, esos condicionamientos, proponen una singular relación con ese lugar, con ese programa, y, por supuesto, con nuestro propio background.”
Marcelo Vila, que formó parte de esta reunión, explicó que notaba entre las culturas oriental y occidental, una diferencia significativa en el modo de entender la vida, y que esto incidiría en la relación con todo, incluso en el pensamiento y en las ideas sobre el espacio y la arquitectura. Su propuesta se basaba en las distintas ideas de Dios de estas dos partes del mundo: “Para los orientales, Dios está en todas partes, es un estado de perfección, un estado del alma. Para nosotros, en cambio, Dios está por fuera, es un Otro con quien nos relacionamos. Esto de alguna manera estructura nuestro pensamiento, nuestra manera de estar en el mundo y de hacer las cosas-. Hitoshi Abe coincidió en la importancia de esta reflexión para la concepción del espacio, explicando que para
los japoneses, Dios es infinito porque hay algo de Dios en todas partes y en cada uno. Entre las obras que este arquitecto mostró en su charla estaban el Centro Comunitario de Reihoku; el Estadio Miyagi, que muchos habíamos visto televisado en el Campeonato Mundial de Fútbol de 2002; el restaurante Aoba-tei; el Museo privado K-museum para ocho esculturas italianas; la maternidad Sekii; las oficinas de Sendai y un Sushi-bar, también en Sendai. En el mosaico que ellas conforman aparecen varios datos sobre su particular enclave, y llama la atención el eclecticismo formal que da libertades para resolver cada caso de manera específica variando el grado de importancia de las imágenes.

El Centro Comunitario retoma la idea de la burbuja expuesta más arriba, dejando espacios liberados a nuevos usos y entendiendo que este edificio se genera de adentro hacia fuera. El restaurante o el museo, en cambio, hacen hincapié en investigaciones ligadas al plegado y trabajo con placas metálicas y la conformación de límites continuos que encierran recorridos y lugares que estimulan sensualmente la percepción.

La preocupación sobre la que se trabajó en la Maternidad es muy diferente. Generar intimidad y barreras de protección frente al tránsito de una vía muy rápida, al mismo tiempo que diseñar patios y visuales que la enfaticen requirió una investigación formal y tipológica muy comprometida con responder a las especificidades de su programa. Cerca también está el Estadio de Miyagi, buscando dar un valor agregado a una tipología que funciona desde la Antigüedad al generar espacios de uso en sus bordes peatonales. A pesar de estas fluctuaciones que permiten variar según el caso el eje decisivo de cada proyecto, aparecen algunas constantes que tornan fuertemente coherente el conjunto. Además de los puramente culturales, hay muchos factores de esta arquitectura que sin duda la alejan de la práctica latinoamericana. Los presupuestos para estas obras son muy altos, y la mano de obra que permite las investigaciones en el metal plegado es altamente especializada como para poder acompañar los procesos de diseño estudiando la relación entre forma, rigidez y posibilidades de calados o moldeados para mejorar la eficacia. Sin embargo, el discurso de Hitoshi Abe no se siente tan lejano y permite ciertas empatías. Parece que las ideas, tantas veces maltratadas en los últimos años, colaboran con una producción comprometida que puede tener diferentes matices, formas, actualizaciones o producción, generando una arquitectura para la que el adjetivo internacional o -global paradójicamente no habla de la ciega y negadora repetición de fórmulas.

Florencia Rodríguez es arquitecta y crítica de arquitectura.




Por Florencia Rodríguez.

Compartir artículo:

Lista de comentarios



Agregar un comentario

Por favor llene completamente la forma abajo, y nosotros agregaremos su comentario tan pronto como sea posible.