Arte: Después de albañil, ahora es pintor de lienzos [Alberto Benavides].
Albañil se convirtió en pintor de lienzos, tras 30 años trabajando con brocha gorda. El artista ha expuesto en importantes salas y galerías del país y estuvo un mes en París. Hace parte del segundo salón BAT de arte popular. (Mar Feb 06 2007)
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Alberto Benavides comenzó su carrera de pintor con una brocha gorda y varios tarros de vinilos, encaramado en un andamio, pintando la fachada de un edificio de Bogotá.
Tenía apenas 13 años. Su padre había muerto y, como sus hermanos, tuvo que trabajar para ayudar en la casa a su mamá, Beatriz.
Solo había estudiado hasta tercero de primaria y lo único que consiguió fue empleo de obrero. Vivía en una casa humilde de Kennedy, en el sur de Bogotá, y salía en la madrugada a la obra a pegar ladrillos, pañetar y pintar paredes.
-Empecé como ayudante, a la semana era oficial y a los 6 meses era contratista. Aprendí a levantar una casa de abajo hacia arriba-.
Pero la pintura para Alberto era algo más que los brochazos uniformes que le tocaba dar en esas frías paredes.
Por las noches, con un pincel, pintaba a escondidas con acuarelas y vinilos, bodegones, santos y paisajes. -Nací con eso, me encantaba pintar-.
De día con la brocha y de noche con el pincel pasaban sus días. El trabajo de obrero le ayudaba para sobrevivir y comprar sus pinturas y pinceles.
-Poco a poco fui evolucionando, sin ir a ninguna escuela, un amigo del barrio me enseñó técnicas y comencé a pintar con acuarelas, pasteles y óleos-.
Pero primero estaba el estómago que el arte y tenía que seguir trabajando en construcciones. -Era muy duro pintar un edificio y no un lienzo. Yo pensaba, Dios mío, quisiera estar pintando mis cuadros y no estar haciendo este trabajo tan pesado-.
Alberto se casó a los 18 años con Lucy y tuvo cuatro hijos, pero no dejó ni el trabajo de obrero, ni la pintura.
En el puntillismo.
Pintaba cuadros y cuadros y después no los quería vender. -Me daba tristeza deshacerme de ellos-. Cuando necesitaba una figura humana sus familiares eran sus modelos. Pintaba hasta los edificios donde trabajaba y les vendía los cuadros a los arquitectos. Sus paisajes cambiaban de acuerdo a donde iba.
-Estuve en obras en Santa Marta y en Riohacha y allá pintaba el mar, los atardeceres. Mis compañeros me veían y se sorprendían-.
Alberto exploró con varios estilos. -Empecé como primitivista y después comencé a meter punticos en mis obras, de una forma inconsciente, yo ignorante de que el puntillismo existía y me quedó gustando. Después me compré un libro en el centro y había unas obras de Georges Seurat, el padre del puntillismo y me di cuenta de que yo hacía lo mismo sin ir a una escuela-.
Para hacer sus primeros cuadros de puntillismo, Alberto elaboraba sus pinceles con el cabello que le regalaban sus hijas cuando se lo cortaban. Todavía los guarda.
Con el tiempo comenzó a ir a galerías a mostrar sus obras. A vender sus cuadros. A recibir consejos de maestros como Eduardo Ramírez Villamizar y Alicia Tafur. A participar en concursos. A ganar premios. A viajar.
Hace ocho años, cuando cumplió 43 años de vida y 30 de trabajo entre andamios, cemento y ladrillos, tomó la decisión de dedicarse solo a la pintura. -Estaba cansado de esa vida. Las hijas ya eran mayores y quedamos en que cuando yo tuviera plata les ayudaba y que cuando no, ellas me ayudaban-.
Alberto dice que ha vivido tiempos duros en los que no se vende, pero en otras épocas le compran varias de sus obras, que oscilan entre los dos millones de pesos, que le alcanzan para comprar más óleos y los gastos de la casa.
En este tiempo ha tenido varios reconocimientos. Viajó un mes a París a un concurso durante el mundial de Francia. Ha ganado tres primeros premios, varias menciones. Ha expuesto en el Museo de Arte Contemporáneo, en el Minuto de Dios, en la Fundación Gilberto Alzate Avendallo y en varias galerías. Actualmente tiene un cuadro en la muestra del segundo salón BAT de arte popular que está en la biblioteca Luis Ángel Arango.
Su vida es otra. Se levanta temprano, se pone una sudadera con viejas manchas de pintura, una boina y se trepa al taller que construyó en el tercer piso de la casa de su madre, desde donde se divisan las terrazas vecinas con ropa mojada. En ese lugar pasa horas y días pintando paisajes al óleo de la sabana, del llano, de la Costa, de Francia.
-Lo de la construcción fue una prueba de Dios, ahora vivo tranquilo, en paz, pintando-.
-El arte abstracto no me llega, cuando el mensaje solo lo entiende el artista no me parece válido. Siempre trato de transmitir paz en mis paisajes-, dice Alberto Benavides.
LISTA DE COMENTARIOS |
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de los particiopantes encontró que el siguiente comentario es útil:
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espectacular
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2008-11-24
Comentarios por:
keilling
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muy interesante
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es una muy buena historia e interesante me ayudo mucho en mi tarea es una forma de ser luchador y perseverante con lo que nos gusta y es una forma de dar el ejemplo |
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| Alberto Benavides dice que descubrió el puntillismo sin saber qué era una técnica antigua. |
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