Arquitectura: Heterotropías deportivas [Francisco Mangado].
El nuevo estadio de fútbol de La Balastera, en Palencia, firmado por el arquitecto Francisco Mangado, desafía las convenciones trazadas para este tipo de construcciones y aporta soluciones naturales... (Vie Abr 06 2007)
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La dimensión agonística de la práctica tiene en el momento contemporáneo su máxima expresión en la competición futbolística. Deporte de masas por excelencia, porque, aunque la intensidad de su implantación sea desigual, su extensión cuantitativa la convierte en la más popular. El fútbol ha ofrecido la posibilidad de construir importantes infraestructuras que, en señalados casos, han alcanzado esa evanescente cualidad que las identifica como arquitectura. No sólo la arquitectura más culta se ha interesado por la temática específica de sus instalaciones, sino que los mismos gestores futbolísticos se han dirigido hacia algunos de los arquitectos más reconocidos para conseguir esa condición añadida de la expresividad arquitectónica.
Hasta el borde del mar. Un ejemplo significativo fue aquel intento de nuevo estadio para el Deportivo de La Coruña que proyectó Peter Eisenman hace pocos años. La propuesta no suponía una transformación en profundidad del tipo edificatorio. Lo fundamental de la aportación del americano era el diseño de una cubierta fluida y orgánica que prolongaba el estadio hasta el borde marítimo, integrando bajo aquella un ambicioso programa que incluía zonas comerciales y un hotel.
Años más tarde se inauguraba un nuevo estadio de más modestas proporciones: el Lasesarre para el club Barakaldo, según el proyecto de Eduardo Arroyo. Con una capacidad para 8.000 aficionados, su fachada-cubierta en continuidad, realizada con planchas de policarbonato translúcido, y sus asientos multicolores, proponían no sólo una imagen novedosa, renovadora de un género arquitectónico tan anclado en una tradición constructiva, sino que aportaba interesantes reflexiones de índole tipológica.
La más reciente aportación a este tema arquitectónico, el nuevo campo de fútbol para Palencia de Francisco Mangado confirma esta nueva tendencia que comprende el impacto urbano [y, por tanto, la necesidad de calidad arquitectónica] que supone esta escala de intervención. Esta cualidad tiene un importante protagonismo en la nueva obra de Mangado. Mediante la adopción de un juego de varias escalas y la estratificación de un programa funcional más complejo de lo que es habitual en el género, la edificación, sin abandonar su condición unitaria, ofrece una respuesta de estudiada innovación.
Por niveles. El estadio se ofrece dividido por una marquesina continua que señaliza la escala más doméstica de la planta baja, donde se abre a la calle, albergando distintos usos no directamente relacionados con su función deportiva. Los otros niveles, segregados visualmente por las líneas horizontales, a la manera de impostas tradicionales, se corresponden con las circulaciones superpuestas en el interior. El cerramiento exterior, resuelto en chapa de aluminio plegada, consigue una continuidad sólo alterada por las escultóricas luminarias que, situadas en las esquinas del perímetro rectangular, introducen una nueva escala monumental que responde al carácter singular del equipamiento.
El estadio deportivo es deudor de su genealogía histórica. En el caso del actualmente dedicado al fútbol, su adaptación a una geometría rectangular refleja las contradicciones inherentes a su auténtica filiación: el tipo de coliseo romano. Es este origen, es el que mejor desvela su condición de lugar para la representación trágica, heterotropía de la visualidad, donde se reproducen sin contaminación de lo real aquellas relaciones esquemáticas que traducen los valores de la ideología dominante.
La geometría del coliseo clásico estaba controlada por la servidumbre de la isóptica, una exigencia de la visión igualitaria que se traduce en el ángulo de los graderíos y en el trazado curvo de las esquinas, como si se hubiera invertido el principio del panóptico, aquella disposición diseñada por Jeremías Bentham, donde el vigilante, situado en el centro geométrico de una composición radial, controlaba visualmente a los reclusos confinados en sus celdas. Aquella propuesta que repudiaba la supuesta dimensión ejemplar del castigo físico, intuía la mayor efectividad de la autocensura.
El estadio deportivo contemporáneo está configurado, por tanto, por el traslado de una sección constante que se va adaptando al trazado y dimensiones de las zonas de juego o las exigencias de los flujos en el acceso y desalojo de los espectadores. La apariencia visual del estadio moderno quedaba confinada en la presencia exterior de los pórticos estructurales que exhibían la potencia tectónica de su osamenta, determinando una escala monumental y un carácter de icono singular, ajeno siempre a la complejidad del hecho urbano.
Estrategia dual. Francisco Mangado, consciente del contexto donde se inserta el estadio La Balastera, ha modificado las convenciones del tipo. Como en algunas de las poéticas actuales, ha sido el -principio del revestimiento- la lógica dominante en este proyecto, una estrategia dual que acepta la diferencia entre sistema portante -o estructural- y cerramiento, lo que permite una disociación de las dos lógicas constructivas: la del revestimiento de aluminio, que recupera la condición de -fachada- en un gesto urbano, y la de la sección estructural, que sólo se manifiesta como determinante de la modulación geométrica del estadio. La consecuencia lógica de esta dualidad es la definición de un «espesor» perimetral, que aquí se justifica como nuevo espacio funcional, el «poché» que introduce nuevos usos en ese -escaparate- urbano.
El tipo originario ya sólo está presente en aquel rasgo que Derrida definió como huella, una dimensión tipológica adecuada a nuestra actual modernidad. -No hay que decir que el pasado ilumina el presente o viceversa. La imagen es la dialéctica detenida-. Una vez más, Benjamin nos ofrece una posibilidad de comprender la naturaleza de esa imagen-dialéctica que reconstruye las relaciones entre memoria y futuro en la práctica creativa. La memoria ya no resulta una referencia al origen, sino algo presente en el proceso. Y aunque la innovación produce una mayor complejidad de significado, no puede tampoco eliminar aquella raíz escenográfica tan presente en estas heterotropías del deporte como espectáculo.
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