General: Desafiando a la gravedad y jugando con la estética: Teatro aéreo en La Plata.
Intervienen en barrios y plazas volando con sogas y arneses. Utilizan una amplia gama de recursos que vienen del arte y los deportes de riesgo. Un retrato del único grupo platense que se dedica a esta nueva y compleja disciplina, que combina alpinismo, circo y dramaturgia. (Lun Abr 09 2007)
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En la entrada de un viejo almacén transformado en centro cultural se encuentran las marcas necesarias que denotan actividad teatral: una sala con butacas, un mostrador con programas y carteleras con fotos de actores bajo suculentos títulos. Pero, en el patio al fondo, una estructura muy alta rompe un poco con la tradicional geografía dramatúrgica: siete metros hasta el techo, dos escaleras fijas, trapecios, colchonetas de alto impacto, cuerdas y arneses que sostienen cuerpos volando.
-La acrobacia aérea es un arte lúdico, podés jugar, divertirte y contar algo- explica el escenógrafo Paco Suárez y el actor Matías Streitenberger reafirma la hipótesis: -Si uno se abstrae de la vorágine en la que vive puede cautivarse, volver a ser nene y jugar, sentir el viento en la cara-. Los dos están a cargo de hacer volar por los aires a más de 50 alumnos de entre 17 y 55 años, y de lograr un hecho teatral que, por lo visto, permite un choque estético muy variado y por demás interesante.
Hay tres caminos que se cruzan para sentar las bases del teatro aéreo: deportes de riesgo [alpinismo, esquí, paracaidismo y aladeltismo], métodos circenses y recursos teatrales. -En algún momento un director quiso que vuelen los actores. ¿A quien iba a llamar si no era a un escalador o a un acróbata de circo?-, dice la pregunta retórica de Paco, quien desde 2002 se hace cargo de estos talleres en el Centro Cultural Viejo Almacén El Obrero, en 13 y 71.
El amplio espectro de alumnos que reciben enriquece la actividad: cantantes, arquitectos, actores, ingenieros, clowns, bailarinas y odontólogos. Y la tabla sigue, avalada por Matías: -La idea es poder fusionar lo que traen todos: el que actúa, el que sabe colgar una estructura, el que maneja bien el cuerpo, tenemos cantantes líricas, humoristas y músicos-. A las técnicas de dominio del cuerpo se las complementa con infinidad de recursos estéticos: música y percusión, danza, canto y monólogos. Todo depende de la puesta y del lugar.
Límite vertical.
El Municipio local, en varias aperturas a sus temporadas culturales, ha recurrido a los servicios del teatro aéreo para vestir sus actos. Hace algunas semanas, Paco y Matías volaron por los blancos techos del Pasaje Dardo Rocha inaugurando la muestra Cartas, Valijas y Encomiendas, con un cartero volando en bicicleta que repartía cartas y cosas por el estilo, tarea facilitada por la altura del lugar y sus amplios espacios. La capacidad física de los posibles escenarios es definitoria: -Hay lugares que son muy bajos o no tienen estructura, o el cableado es sólo para sostener el techo y no te podés colgar-, asegura Paco y Matías agrega: -Tienen que estar en buen estado las vigas y paredes, y todos los materiales de construcción-.
Montaje clave.
El lugar para montar las obras es clave y le da una característica muy propia a la acrobacia aérea: es una actividad callejera y nómade, que utiliza por lo general emplazamientos públicos como escenarios . Para eso cuentan con una estructura de caños móviles que necesita pasto y tierra como base para sus estacas. Muchos recursos dependen del lugar, entre ellos el proceso de guionado: según Paco se puede -enganchar desde la acción y la forma, desde lo que tenés en el lugar y vestirlo o al revés- y según Matías: -Por ahí se prepara una rutina y surge un error que supera visualmente a lo que se tenía planeado, por eso hay una flexibilidad para dejar que juegue la improvisación-.
Esa indeterminación se activa también a la hora de interactuar con el público, aunque nunca librada al azar. -Colgar a un espectador es peligroso, le puede dar un ataque de pánico-, asegura el escenógrafo y su partener profundiza sobre como se puede interactuar con la platea desde los juegos de miradas: -Cuando trabajamos para chicos los acostamos en el piso en colchonetas y nosotros volamos por arriba, a veces sentamos a la gente en el medio y los acróbatas vuelan alrededor, o la gente arriba y nosotros abajo-.
Con respecto a los textos que trabajan y a la música que eligen, pueden ser obras ya escritas y compuestas o piezas especialmente preparadas para estas rutinas. Matías lo explica desde los clásicos: -Hay obras de Shakespeare que uno las lee y piensa en meterle algo de aéreo, lo mismo pasa con todo lo que tenga que ver con vuelos, bosques y brujas-; Paco desde la música: -Es ideal que un tipo componga música a partir de lo que ve, que pueda conmoverse y componer a partir de eso es fantástico-.
Y así trabajan, con la cabeza abierta a estilos, para acentuar cada vez más la belleza estética de las puestas, ejercitando formas mecánicas de subir, bajar, mezclarse y enredarse, con dos grandes formas de desafiar la gravedad: la cuerda indiana, que según Paco se trata de -una cuerda gruesa y anudada, que se sube trepando y a partir de una técnica para pisarla haciendo la menor fuerza posible-, o el deslizamiento por tela, más arriesgado pero más complejo, “una tela que se cuelga de una viga reticulada y con la que se generan figuras que traban sobre el cuerpo y que permite ascender u descender, y moverse por el aire”, de acuerdo a la explicación de Matías.
En sus clases lo indeterminado también es una constante: a veces les hacen cerrar los ojos a sus alumnos cuando están arriba. Y ni hablar de los shows infantiles: -Los chicos piensan de verdad que estás volando, no hay cómo explicarles que hay un arnés o una soga- dice Matías, disfrutando de ese inocente goce estético infantil, quizás muy apropiado para cualquier edad. Quizá esa sea la clave para cautivarse adecuadamente con el teatro aéreo: el placentero vértigo de sentir [y creer sentir] el viento en la cara.
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