Arquitectura: No es Roma, pero sus muros sacros también resguardan historias y reliquias invaluables por conocer: París adorada
París normalmente se define a si misma como una ciudad de museos, monumentos, vecindarios y compras –además de grandes oportunidades para comer. Pero hay otra manera de descubrir su historia, cultura y cotidianidad, una travesía que hasta los mismos parisinos pasan de largo: sus casi 100 iglesias. (Jue Nov 01 2007)
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Ver a la capital gala a través de sus recintos religiosos —sus "vastas sinfonías de piedra" parafraseando una descripción de Victor Hugo de su amada Notre Dame— es como morirse por un rayo. Las sorpresas van de lo alucinante (el intrincadamente labrado arco de la iglesia de St. Étienne-du-Mont, localizada junto al panteón, a lo culinario, (el sótano de la iglesia polaca del siglo XVII Notre-Dame, de l’Assomption que funciona como un restaurante, ofreciendo milanesas de puerco).
Ciertamente, París no es Roma, donde el Vaticano compite para dominar el paisaje, y cada esquina tendría una iglesia llena de monjas y sacerdotes. Ahí, parece perfectamente natural andar de iglesia en iglesia, sabiendo que tarde o temprano, uno se encontrará un tesoro.
París, en contraste da el aire de lo sofisticado y lo secular. Este después de todo es el país que en 1905 creó un código que separa a la Iglesia del Estado; hoy , incluso, no se puede preguntar por la religión en los censos.
Los templos son sobrevivientes silenciosos, testigos de sucesivos levantamientos en Francia.
Comienza la travesía
¿Cómo empezar? Es fácil. Para los primerizos es necesaria una visita a Notre Dame (el monumento más visitado en la ciudad) y Sacré Coeur (el segundo) por arriba del Louvre (tercer lugar) y la Torre Eiffel (cuarto lugar). Decidir que vale la más la pena por descubrir es difícil, en parte porque no hay unidad entre las iglesias.
Se agrupan en diferentes categorías históricas: las iglesias medievales como la Ste.-Chapelle, uno de los mejores ejemplos de arquitectura gótica; las renacentistas francesas que mezclan lo mejor del gótico con detalles clásicos como la de St-Eustache cerca de Les Halles; arquitectura clásica y barroca del siglo XVII como la iglesia jesuita de St.-Paul-St.-Louis: los grandes templos neoclásicos llegaron un siglo después incluyendo el Panteón; y finalmente las extravagancias del siglo XIX con columnas y vigas de hierros como las de St.-Augustian, producto de la renovación del siglo XIX del barón Haussman.
Otro reto es que la mayoría de las pequeñas e intrigantes iglesias no están acostumbradas a los turistas. Los tours disponibles en inglés enfocados en iglesias no son de fiar, así que a uno debe de gustarle deambular.
Muchas iglesias sólo tienen luz natural, por lo que sus atmósferas cambian al pasar el día. La pintura de "St. Étienne predicando al Ángel" en la iglesia de St.-Thomas-d’Aquin, una estructura limpia y elegante cerca de la rue du Bac, es luminosa por la mañana y opaca por las tardes. Lo mismo pasa con "La transfiguración" situada en el techo, arriba del altar, la única parte de la decoración original que sobrevivió a los revolucionarios.
Se pueden seguir a St.-Sulpice, en el sexto Arrondissementen la parte elegante de la ciudad, para ver dos pinturas y un fresco de Eugène Delacroix envueltas en sombras. La más impresionante "Cristo en el Jardín de los Olivos" cuelga arriba de una puerta en St.-Paul-St.-Louis en la Marais al otro lado de la ciudad.
Una iglesia puede cambiar junto con el vecindario. De lunes a sábado, la esquina sudoeste de la rue du Bac, en el séptimo Arrondissement, pertenece a los compradores de La Grande Épicerie, la tienda al mayoreo más grande de París.
Los domingos permanece cerrada y Notre-Dame-de-la-Médaille-Miraculeuse que se encuentra junto se adueña de la calle. Los que buscan milagros peregrinan a esta iglesia, ya que en 1830, una joven novicia llamada Catherine Labouré dicen que tuvo visiones de la Virgen María, que le dijo que hiciera una medalla devocional. Los mendigos tienen sitios permanentes en la calle.
Las iglesias también son refugios. No hay mejor manera de escapar de los turistas en Deux Magots sobre boulevard St.-Germain, que meterse a la quietud de la iglesia de St.-Germain-des-Prés cruzando la calle. Y no paga más de 50 pesos para tener un café y un lugar para sentarse.
A menos que una iglesia sea un punto de interés, puede pasar desapercibida. Uno se puede cansar tanto en el Louvre, que se salta la iglesia de St.-Germaon-l’Auxerrois, unicada al cruzar la calle. De las más viejas, es lugar de descanso de poetas, arquitectos, pintores y escultores franceses, dueña de uno de los órganos más hermosos y done el basquetbolista Tony Parker se casó con Eva Longoria.
Y uno puede pasar tanto tiempo subiendo los cientos de escalones que separan a Montmartre de Sacré Coeur (llamada por Émile Zola como "la basílica de lo ridículo"), que uno no toma el camino empedrado a St.-Pierre-de-Montmartre, el último vestigio de la abadía de Montmartre.
Vagar sin sentido no siempre sirve y es muy fácil para el novato entrar a una iglesia y perderse la mejor parte.
Algunas iglesias son secretas, las cuales solo abren para misas los domingos o por medio de citas. Mi favorita es St.-Séraphin-de-Sarov, una iglesia ruso ortodoxa, en una calle obrera del quinto Arrondissement. Sólo una pequeña placa en una puerta verde, anuncia su presencia en reja cerrada al fondo del patio.
La iglesia — un cuarto de madera sin iluminar— fue construida en su forma presente en los años 70 entre dos árboles, cuyos troncos sirven de pilares. Íconos rusos adornan el altar, transportando a los visitantes muy lejos de París. "Has entrado al paraíso", me dice el reverendo Nicolás Cernokrak, el pastor croata, cuando me da la bienvenida una tarde.
Los visitantes son invitados a los servicios los sábados por la tarde y los domingos, cuando hay café y té disponibles en el jardín. La otra manera de visitarla es haciendo una cita con el pintor que vive en una casa contigua y quien sea feliz de invitarlo a uno a su casa para enseñar sus acuarelas (todas en venta).
Quizá la joya religiosa más pasada de largo de París, por su tamaño e importancia, es la basílica de St.-Denis. La cual se encuentra en el suburbio de clase baja de St.-Denis afuera de la cuidad, al cual se puede llegar fácilmente por la línea de metro número 13, una perfecta salida de domingo.
El universal
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