Urbanismo: El desarrollo urbanístico y el calentamiento global [Jorge Ricardo Riba].
La ciudad es como un gran fogón y los edificios y áreas pavimentadas son las brasas que lo calientan [incrementando el calentamiento global a niveles generales]. Un 30% de la superficie del área urbana se destina a calles pavimentadas en concreto y asfalto; los edificios, estacionamientos y otras áreas pavimentadas, ocupan un 50% del área urbana, y el resto, o sea un 20%, son áreas verdes o parques mal distribuidos y mal provistos de árboles. Cierto es que tenemos el mar, las brisas y los grandes parques y reservas forestales en el área del canal que mitigan un poco el calor, pero que están en peligro, como es el caso del parque nacional Camino de Cruces. (Mar Dic 18 2007)
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A iniciativa del profesor Ricardo Arturo Ríos Torres presento mi comentario sobre -El Desarrollo Urbanístico y el Calentamiento Global-, subtitulada -Las Brasas del Fogón-. Antes me parece apropiado comentar la designación del premio Nobel de la Paz al señor Al Gore y al Comité de las Naciones Unidas sobre el Calentamiento Global, lo cual es un honor. Sabemos bien, gracias a ellos, lo que es la amenaza que tanto empieza a preocupar a la gente pensante y a la humanidad, y por tal razón compartimos la esperanza de que aún tenemos tiempo para tomar las medidas requeridas y poder controlar la tenebrosa situación. En esta tarea todos podemos contribuir de alguna manera.
Además, considero que son atendibles las críticas formuladas por el periodista Paco Gómez Nadal en su artículo -Pobre, este mundo loco- [La Prensa, oct. 16 2007], pues existen varias personas y grupos en diferentes países amenazados con guerras y enfermedades que hubieran merecido ese premio y la ayuda económica que conlleva. Espero que los suecos tomen en cuenta los señalamientos hechos y los valoren justamente para el próximo año. Por lo pronto creo que su último párrafo es digno de citar: -Este planeta está loco, o si no lo está, es un inmenso manicomio dirigido por nosotros, los napoleones que juran ser cuerdos disfrazados de locos y los esquizoides que recetamos medicinas contra la locura a los pocos sanos que quedan por ahí-.
Ante la mirada atónita de los países convocados por el Secretario General de las Naciones Unidas para discutir el preocupante tema del calentamiento global, el presidente George W. Bush se reunió en Washington, D.C. con los principales responsables de las emanaciones de los gases que contribuyen al efecto invernadero y declaró que estos países deben decidir por su cuenta los niveles de control a los que están dispuestos a llegar, lo que significa que no desean aceptar el acuerdo de Kyoto. En verdad, ¿quién puede afirmar que esperaba algo diferente de él? Cada día se divulga más información sobre las causas del calentamiento y sus consecuencias, no solamente en el mundo sino también en las regiones y países.
Según Gabriela Echelecu, directora de la Fundación Mar Viva, -el derretimiento de los polos afectaría directamente a Panamá, porque parte de la costa pacífica del país quedaría bajo el nivel del mar debido a su posición geográfica-.
Seguramente, mucha gente en el Istmo ha visto la película de Al Gore y recuerda los argumentos y pruebas contundentes sobre el tema a nivel global. Tal vez sea necesario ahora hablar de otras contribuciones que no se han analizado todavía, como por ejemplo, el tema que encabeza este escrito, es decir el desarrollo urbanístico.
Hace unos años pudimos apreciar unas fotos aéreas tomadas con filme infrarrojo en las que se apreciaba claramente la -mancha urbana-.
En otra ocasión, la revista National Geographic publicó una espectacular foto nocturna de los Estados Unidos con millones de luces encendidas, no eran muchos los espacios oscuros, la urbanización se había extendido de manera impresionante en ese país.
En el trópico es más probable el haber tenido alguna experiencia con el calor y se nos hace más fácil comprender lo que expuso Al Gore. Recuerdo que de niño en la isla de Taboga, caminaba con mi hermano hacia la playa en la mañana y el pavimento de concreto de las estrechas calles del pueblo empezaban a calentarse. La incomodidad nos obligaba a brincar de un lado a otro buscando las sombras. ¡Llevábamos los pies descalzos! En la playa, aquella parte que no se mojaba con la marea alta estaba muy caliente. Al regresar a casa después del medio día y con escasas sombras protectoras, el pavimento hervía y el calor ambiental era insoportable. Después de los tres meses de vacaciones, ya teníamos callos en los pies y podíamos tolerar el calor, lo cual no quiere decir que no nos hacía daño. Estas experiencias me ayudan a comprender el tema de hoy.
Muchos años después de Taboga, siendo arquitecto y urbanista, me doy cuenta de lo que significa que un 30% de la superficie del área urbana se destine a calles pavimentadas en concreto y asfalto; que los edificios, estacionamientos y otras áreas pavimentadas, ocupen un 50% del área urbana, y el resto, o sea 20% son áreas verdes o parques mal distribuidos y mal provistos de árboles.
Peor aún, los edificios emiten calor o energía desde sus fachadas y techos, y los más altos y refrigerados emiten más. La ciudad es como un gran fogón y los edificios y áreas pavimentadas son las brasas que lo calientan. Tanto la temperatura como también la emanación de gases debido al tránsito de vehículos y otras fuentes es perceptible y se puede medir. Cierto es que tenemos el mar, las brisas y los grandes parques y reservas forestales en el área del canal que mitigan un poco el calor, pero que están en peligro, como es el caso del parque nacional Camino de Cruces.
Además los cambios de zonificación autorizados individualmente por el MIVI que permitirían grandes edificios en áreas protegidas por ley, extenderían el impacto negativo del desarrollo urbanístico desmedido.
Tanto que se ha denunciado la -sociedad de consumo-, pero muy poco se ha señalado el desarrollo urbanístico como parte significativa de esa misma sociedad. No sería exagerado decir que todo lo que existe en el área metropolitana de Panamá se podría organizar mejor, consumiendo menos espacio, en la mitad de lo que ocupa en la actualidad, una mejor distribución de áreas de parques vecinales, comunitarios y urbanos de tamaños apropiados, con un mejor emplazamiento de áreas residenciales, áreas de trabajo, áreas de deporte y recreación.
Con la crisis energética y los altos precios del combustible nos veremos obligados a pensar en un nuevo modelo de urbanismo para la humanidad y de una mejor ciudad para vivir. Este es el reto que confronta la sociedad urbana actual, el cual exige una cultura ética para producir los cambios necesarios, aceptando que tomará tiempo y mucha voluntad para lograrlo.
Primero sería indispensable superar la ignorancia que nos mantiene confinados a la prisión de nuestros prejuicios, como es el caso de los que aplauden el -boom- inmobiliario y ven la ciudad actual como señal de progreso, concepto que es extraordinariamente difícil de definir. Esta es una idea subjetiva, un juicio de valor, un concepto humano, y muy diferente según la manera de mirar el mundo de cada persona. Cada ser humano tiene sus propias aspiraciones y considerará que es un progreso llegar a satisfacerlas. La idea de progreso que tenía Buda, San Francisco de Asís o San Juan de La Cruz era sin duda completamente diferente a la idea de progreso que tenía Rockefeller, Morgan o Ford. Lo que Mahatma Gandhi llamaba progreso no tiene ningún punto de contacto con las ideas sobre progreso de George W. Bush. El progreso de Madre Teresa pertenece a una escala de valores que no se relaciona para nada con los comerciantes y banqueros de Wall Street.
El mundo es uno sólo. Si los indicadores económicos son magníficos en un país, ¿cómo se comparan con las situaciones globales que nos afectan a todos?
El 15 de junio de 1992, mientras se llevaba a cabo la conferencia llamada Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro, el diario -Toronto Star- publicó la siguiente noticia:
-Mientras los líderes hablaban en la conferencia de Río durante doce días,
*** 600 a 900 especies de plantas y animales se extinguieron.
*** 197,169 hectáreas de tierra arable se transformaron en desierto.
*** La población del mundo creció en 3.3 millones de habitantes.
*** 474,000 hectáreas de selvas tropicales fueron destruidas-.
Concluyo con estas palabras de Héctor Orrego M., en su libro -Currículum Vital- [1994]: -El Creador nos ha regalado su obra, un regalo de dimensiones colosales. Sólo es cuestión de mirar a nuestro alrededor, desde un pequeño insecto hasta la grandeza del mar y de las montañas. Gratis, un regalo para que lo gocemos, no para que lo conquistemos. Los occidentales hablan de conquistar una montaña; un budista, de hacerse amigo de la montaña-. Hagámonos todos amigos del ambiente en el que vivimos.
Por: Jorge Ricardo Riba.
LISTA DE COMENTARIOS |
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de
1
de los particiopantes encontró que el siguiente comentario es útil:
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URBANISMO
,
2008-01-16
Comentarios por:
LUIS ROSERO
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EXCELENTE ESCRITO PROFESOR RIBA...RECUERDO SUS INTERESANTES COMENTARIOS EN LAS AULAS DE LA UNIVERSIDAD DE PANAMA |
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