Urbanismo: Sobreexplotación acuífera al Valle de México [Jorge Legorreta].
En la mayor parte de la Ciudad de México se resienten los efectos de la desecación de los mantos, sobreexplotados en 150 por ciento. Fisuras, fracturas, socavones, en calles, casas y edificios; dislocaciones, rompimientos de las redes del agua, del drenaje, del Metro, afectan al Distrito Federal y a parte del Estado de México, por la sobreexplotación del acuífero del Valle de México estimada en casi ciento por ciento superior a la recarga. (Mie Dic 26 2007)
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En la mayor parte de la Ciudad de México se resienten los efectos de la desecación de los mantos, sobreexplotados en 150 por ciento. En la Catedral Metropolitana y en El Sagrario, han invertido más de 300 millones de pesos para rescatarlos de la debacle, ya que se han hundido 12.5 metros; la vieja Basílica estuvo a punto de venirse abajo, igual que los templos de la Santa Veracruz y San Juan de Dios o la Casa del Marqués del Apartado.
En el Palacio Nacional hubieron de rehabilitar el Salón de Recepciones, el Salón Azul, reconstruir techos de madera, recimentar el área norponiente, así como la planta baja y el intermedio del Recinto a Juárez.
Además, realizaron unas galerías de concreto y en medio de ellas hincaron una serie de pilotes, con el fin de detener el hundimiento diferencial, toda vez que el edificio tenía unas fisuras. Repararon los techos en torno a la crujía de Corregidora y el Patio de Honor, donde hubo refuerzo de su último nivel con elementos de acero para tener un mejor comportamiento en caso de sismos. Colocaron pilotes de control y tensores en la Capilla de la Emperatriz, porque ya había problemas en sus bóvedas.
Jorge Legorreta, arquitecto y exdelegado en la Cuauhtémoc, especialista en la Ciudad de México y sus problemas cuenta que en una ocasión el entonces presidente Ernesto Zedillo dio el Grito -tres centímetros debajo de lo acostumbrado- debido a que en sólo 12 meses el balcón del Palacio Nacional, con todo y la Campana de Dolores, así como la Catedral, con todo y los restos de Agustín de Iturbide, el edificio del antiguo Palacio del Ayuntamiento, con todo y los fantasmas de los virreyes y la gran asta bandera del Zócalo, descendieron exactamente 2.8 centímetros.
Hundimientos y fracturas tienen denominadores comunes: suelo arcilloso y extracción de agua.
El Sistema de Drenaje Profundo no se ha salvado no obstante las sumas millonarias invertidas, tendrá que recibir inversiones similares en los próximos 15 años, puesto que el agua que salía por el Gran Canal del Desagüe ya no sale: perdió la pendiente.
Y que decir del Metro. Todas las líneas registran hundimientos diferenciales, Los más graves en la 9, la 5 y la -A- que ya fueron reparadas, pero por cuya causa hasta accidentes ocurrieron.
En el oriente, el 50 por ciento del territorio de Iztapalapa sigue descendente y fracturándose. Hace tres años el jefe delegacional, Víctor Hugo Círigo aseguraba que eran siete las colonias afectadas. Mientras, junto a las grandes unidades habitacionales, como la de Ejército de Oriente, cuando no se inundan sus calles, se fracturan o se producen enormes socavones. Son 14 kilómetros con problemas.
La Columna de la Independencia no canta mal. Al construirse en 1910 estaba al ras del piso, hoy cuenta con diecisiete escalones, está a 300 centímetros del suelo, se hunde 4.3 centímetros por año y el Angel, sube y sube, debido al profundo pilote de madera.
LLUVIA QUE NO PENETRA.
La extracción de agua es de 71 por ciento, ha señalado el Consejo Nacional de Población, mientras los expertos hidráulicos de la UNAM explican que la recarga ha ido disminuyendo conforme ha crecido la ciudad, puesto que el aumento de la mancha urbana se ha traducido en la extensión de las superficies cubiertas de asfalto, concreto y edificaciones -que son impermeables a la infiltración del agua-.
Lo explican gráficamente: -Cuando llueve sobre la ciudad, el agua que cae sobre estas superficies es enviada directamente a la red de drenaje, y no tiene posibilidades de ser incorporada al acuífero por medio de la infiltración a través del suelo-.
Y precisan que la tala de los bosques en la periferia de la ciudad tiene también un efecto negativo sobre la recarga. -Mientras que el suelo orgánico del bosque es poroso, permeable, y tiene una alta capacidad de retención del agua, los suelos pisoteados y compactos de las zonas taladas son menos permeables y tienen una baja capacidad de acumular o infiltrar el agua. Por esta razón, los bosques actúan como verdaderas -esponjas osmóticas- en las grandes cuencas. Su importancia radica en que son capaces de regular el comportamiento de los manantiales y la incorporación del agua a los acuíferos profundos-, expresan.
También resaltan que una de las principales consecuencias del déficit entre bombeo y recarga del acuífero de la cuenca de México son los hundimientos diferenciales del subsuelo. -Al bombear, disminuye el contenido de agua de las arcillas que forman los fangos del antiguo lecho de los lagos en el Valle de México. Al perder humedad, las arcillas y los sedimentos orgánicos se contraen y el suelo disminuye su volumen y baja de nivel. Los descensos del nivel del terreno dependen de la velocidad local a la que se extrae agua del subsuelo y de la profundidad, y naturaleza de los sedimentos-, explican.
-En algunas partes del área metropolitana -precisan los expertos-, el secado del subsuelo ha sido de tal magnitud que ha producido hundimientos de hasta 8 metros en lo que va del siglo-. Hay quienes aseguran que a la fecha ya son 14 metros en algunas zonas.
Efectivamente, anualmente se pierde entre 15 y 40 centímetros en Xochimilco y Tláhuac; 40 en el río La Compañía; 30 en Chalco; 30 en el Aeropuerto Internacional; 27 en la estación Pantitlán del Metro; 18 en el Autódromo; entre 10 y 12 en el Zócalo y 5 en Tlatelolco, de acuerdo al Instituto de Geofísica, de la UNAM y a la Comisión de Aguas del Estado de México.
EN PICADA, MAMI...
Desde 1925 se alertó de que la Ciudad de México iba en picada. En la década de los años 50 alcanzó más de 50 centímetros anuales; entre 1973 y 1986, el descenso promedio fue de ocho centímetros cada año. Y continúa así hasta la fecha. En Xochimilco y Mixquic, hay hundimientos hasta de 40 centímetros anuales.
La cadena integrada por la falta de agua, la urbanización, la desecación de los mantos freáticos, los hundimientos y las fracturas es real. Por ejemplo, de acuerdo con la información del Programa Metropolitano de Recursos Naturales, se estima que de 629 mil 500 hectáreas que estudiaron, existen 131 mil 906 arboladas, de las cuales 37 mil 500 pertenecen al Distrito Federal y 93 mil 906 al Estado de México. Las áreas boscosas más importantes se encuentran al oriente, al sur y al poniente del Valle de México. Las más conservadas se localizan al oriente del mismo, en los límites del Estado de México y Puebla.
Desafortunadamente, señalan, dichas zonas están sujetas a un proceso de grave deterioro, causado principalmente por los desmontes, los incendios, las plagas y enfermedades, la tala clandestina, la contaminación y el crecimiento urbano.
La consecuencia de este y de los demás eslabones de la cadena es que anualmente son más visibles los efectos de la desecación y los hundimientos. Con mayor frecuencia aparecen socavones en plenas calles y cientos de familias deben ser desalojadas de los edificios fracturados.
Estimaciones de la misma fuente indican una pérdida de 651 hectáreas por año para el Estado de México y de 500 hectáreas para el Distrito Federal, lo que significa que en promedio existe una pérdida de 613 hectáreas forestales anuales.
Con tal tasa de deforestación, las proyecciones refieren que de 1990 a 1995, se redujo la superficie forestal en 5 mil 755 hectáreas, equivalentes a una disminución del 4.18 por ciento en cinco años. Para el año 2000 se perdieron más de 11,510 hectáreas de bosques, que representan una disminución del 8.36 por ciento, de la superficie que existía en 1990, y para el 2025 la pérdida será del 29.3 por ciento del total de 1990.
Según la Comisión Coordinadora del Desarrollo Rural [Cocoder], entre los años de 1953 y 1988, desaparecieron 17 por ciento de los bosques, 40 por ciento de los matorrales y 42 por ciento de las chinampas en el Distrito Federal.
Estiman también que de no revertirse la tendencia de crecimiento poblacional y el modelo de desarrollo de la Zona Metropolitana del Valle de México, en un futuro no lejano, podría perderse el 90 por ciento del área lacustre actual, el 75 por ciento del área boscosa y un 90 por ciento de los suelos.
La urbanización creció más de 175 mil kilómetros cuadrados en la última década, de los cuales 20 por ciento corresponde a suelo de conservación, otro 20 por ciento a bosques y cañadas en las demarcaciones de Cuajimalpa, Tlalpan y Magdalena Contreras, y 40 por ciento a asentamientos en Iztapalapa, Gustavo A. Madero y Tlalpan.
EL RIESGO ES ELEVADO.
Los efectos del hundimiento son visibles en la estructura urbana y constituyen un peligro inminente dado el carácter tectónico de su geografía. Un grupo de trabajo del Instituto de Geofísica de la UNAM ha utilizado el Sistema de Posicionamiento Global o GPS, [creado por el Departamento de Defensa de Estados Unidos para que barcos y aviones supieran con exactitud su ubicación] en las mediciones, a través de 24 satélites, de los hundimientos. Y han sido exactos. Señalan los especialistas que desde el punto de vista del uso de los recursos naturales, la cuenca de México ha cambiado durante este siglo de un alto nivel de autosuficiencia a una completa dependencia de productos provenientes de otras regiones. Los mejores suelos de la cuenca han sido ocupados por construcciones, el acuífero subterráneo se ha hundido en algunas zonas más de diez metros, y buena parte del agua dentro de la cuenca está fuertemente contaminada.
El 67 por ciento del agua que abastece a la Ciudad de México se extrae de su acuífero, mediante 452 pozos, perforados a más de 700 metros de profundidad. Y el resultado de la sobreexplotación es lo que ya sabemos.
La formación de grietas o fracturas de desecación en la Ciudad de México, además, aparentemente se debe a la riqueza de arcilla como uno de los componentes principales en las capas que forman el suelo y subsuelo del valle. Actualmente el Gobierno capitalino mide el movimiento horizontal de las grietas.
Los expertos consideran que los materiales del subsuelo arcilloso pueden sufrir el deslave interno provocado por algún flujo subterráneo de agua. El Distrito Federal padece constantes fugas de vital líquido.
Por: Nidia Marín.
LISTA DE COMENTARIOS |
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de
0
de los particiopantes encontró que el siguiente comentario es útil:
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Riesgo de inundación
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2008-06-25
Comentarios por:
Héctor Luis Macías González
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La manifestación del riego de inundaciones
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El riesgo de una enorme inundación en la porción sureste de la cuenca como usted lo dice, es enorme. Además de Ixtapalapa, Tlahuac y Xochimilco, los municipios Valle de Chalco y Chalco se inundarían totalmente por una lluvia de 68 mm y de dos horas de duración para un periodo de retorno de 15 años, contados a partir del 2006. La Facultad de Ingeniería de la UNAM, realizó el estudio hidrológico y propone una nueva salida alternativa. Un túnel de 58 Km de longitud y 6.5 m de diámetro para evacuar las aguas de lluvias extraordinarias. El túnel iniciaría en la Laguna de regulación El Salado, atravesaría Iztapalapa, Tlahuac, La Sierra de Chichinautzin y terminaría en en la Cuenca del Río Balsas en un afluente del río Cuautla. Por si le interesa, el resumen del estudio se puede buscar en internet como "Nuevas alternativas de drenaje geológico artificial para el desagüe del Valle de México. |
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| La gran asta bandera del Zócalo, descendió exactamente 2.8 centímetros en tan sólo 12 meses. |

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