Construcción: La Torre del Agua perfila ya la Expo [Enrique de Teresa].
El símbolo del recinto de Ranillas luce su imagen definitiva, mientras algo más de un centenar de operarios compatibilizan los remates interiores del edificio con la instalación de los contenidos expográficos. (Lun Dic 31 2007)
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Es el símbolo de la nueva Zaragoza, como lo ha demostrado el alcalde, Juan Alberto Belloch, incluyendo su estampa en la felicitación navideña de este año. Los 73 metros de la Torre del Agua lucen sobre el papel, pero sobre todo en el meandro de Ranillas. Su imagen exterior ya es la que mostrará definitivamente, a falta de remates en la característica forma de gota que imprimió el arquitecto Enrique de Teresa al pabellón vertical de la Expo. Más de un centenar de operarios trabajan ahora en los acabados del interior, que en unos días se compatibilizarán con el montaje de las instalaciones expositivas.
Ni el cierzo ha logrado frenar a las empresas adjudicatarias, OHL y CELSA, en su empeño por acabar el techo de la muestra internacional. El viento, que sopla con especial fuerza en la azotea, impidió que las grúas trabajaran durante días, pero se ha recuperado todo el tiempo perdido en la construcción de los dos núcleos de hormigón y en la propia estructura metálica forrada de cristal, que suma un millón de kilos de acero. Ahora solo queda una pluma, que se mantiene en pie con el único fin de poder descolgar desde la azotea una monumental escultura que lucirá en el vacío del edificio. -Cuando esté montada, en torno a febrero, cerraremos por completo el edificio-, señala el jefe de Construcción de Expoagua, Alfonso Pérez.
Sus formas serán tan contundentes como las del edificio. Emulará el estallido de una gota de agua en el suelo, solo que pesará doce toneladas y flotará en el interior de la Torre del Agua, sustentada del forjado de la última planta, donde se podrán tomar copas o un café en el Nube Bar. Las piezas de la escultura, que llega a medir 23 metros de longitud y 6 metros de diámetro, están listas para su traslado a Ranillas.
Su montaje debe esperar todavía un mes porque todo tiene que encajar como un mecano. Los esfuerzos están ahora centrados en los acabados interiores de la obra, en los que se trabaja desde finales de verano. La fachada se está forrando por el interior por una chapa de aluminio de color blanco -denominada composite- para ocultar el tratamiento ignífugo. -Esta tarea va bastante adelantada, a un 70%, por lo que acabarán a finales de enero-, señala Pérez.
Las rampas que abrazan la fachada por el interior también empiezan a mostrar su imagen definitiva. La mayor parte del público ascenderá y bajará sin miedo gracias a la barandilla que se está terminando de montar, aunque también lo podrán hacer en dos ascensores panorámicos adosados a los dos núcleos de hormigón. El jefe de Construcción garantiza la robustez [es de hierro] al mismo tiempo que una cuidada estética: va cubierta de paneles de madera por el interior y de aluminio por el exterior. De esta forma, se mantendrá la misma imagen. En esta tarea está involucrada una cuadrilla, que ya ha instalado un 20% y que prevé completar para febrero.
Los visitantes no pasarán ni frío ni calor mientras ascienden o bajan por estas rampas, que suman 2.5 kilómetros. Para ello, Enrique de Teresa ha diseñado un complejo sistema de climatización que arrojará aire a distintas temperaturas en función de la altura y de la orientación. Las conducciones cuelgan a lo largo de este paseo aéreo y en algunos tramos ya están cubiertos por los falsos techos.
Los contenidos expositivos, en marcha.
Estos trabajos básicos se compatibilizan desde hace dos meses con el montaje de las instalaciones de las exposiciones. -Llevan muchos elementos ocultos, como conducciones de agua, que se están coordinando en un proyecto conjunto de arquitectura y expografía. Así, no tendremos que rehacer obras-, detalla el número dos de Construcción de Expoagua.
El paso siguiente será el montaje de los contenidos, que comenzará a mediados de enero con el gran muro de agua del vestíbulo. Este elemento será uno de los más impactantes, dado que los visitantes tendrán la sensación de tener que mojarse para acceder al interior: deberán atravesar este obstáculo ficticio de 30 metros de anchura y 5 de altura, en el que habrá juegos de luces y que de forma periódica se abrirá como una cortina para dar paso a la sala del vestíbulo, de algo más de 3,000 metros cuadrados.
Esta instalación competirá con la -fuente-lluvia- a la que dará paso, constituida por 280 tubos de 16 metros de longitud colgados del techo de la planta intermedia. El público verá caer las gotas a un gran recipiente de chapa, que se convertirá en un órgano de música. La celda metálica que sustentará los tubos luce en el techo, a 21 metros del suelo. También están las conducciones que bombearán el agua, aunque no se aprecian.
El jefe de Construcción garantiza que para el mes de marzo ya se podrán ver -cosas, espacios reconocibles- en la Torre del Agua. Para entonces, estarán los audiovisuales interactivos del vestíbulo y los contenidos previstos en la única planta intermedia, sobre la que gravitará otro vacío de 41 metros ocupado parcialmente por la citada escultura de la gota de agua. La contratista del Nube Bar también estará enfrascada en la decoración del local.
El símbolo de la Expo no solo lucirá de día, ya que la iluminación nocturna resaltará su singularidad al apreciarse que no tiene plantas.
Por: Jorge Alonso.
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| La instalación de los parasoles de la fachada acabará en breve. |
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