Urbanismo: Montreal: Una ciudad subterránea.
Montreal, la metrópoli de habla francesa más grande del mundo después de París, esconde en sus entrañas una red oculta de túneles. (Lun Ene 14 2008)
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Al llegar del aeropuerto, en la parte central de Montreal, expresé al chofer mi admiración por todos los perfiles de iglesias que adornaban el horizonte.
Montreal es, después de París, la ciudad de habla francesa más grande del mundo, y parecía ser también una de las más espirituales.
El chofer empezó a reír: -La mayoría de estas iglesias ya no son templos-, me informó. -Se han convertido en edificios de oficinas, condominios, tiendas y restaurantes; en su mayoría, restaurantes. En los días de antaño rezábamos muchísimo. Ahora preferimos comer-, me dijo.
Yo había oído hablar algo sobre eso. La metrópoli más romántica de Canadá, o sea Montreal, es famosa por su buena comida. Los templetes de los sibaritas van de lo lujoso y elegante, a lo imaginativo de las pequeñas tiendas de sándwiches.
Son especialmente atractivos los -bistros-, cuyos huéspedes están invitados a traer sus propias botellas. Montreal es una ciudad universitaria en la que una cita suele empezar con la visita a una vinatería.
Todo esto es agradable saberlo si vas a pasar en Montreal una o dos noches en ruta hacia o desde algunos de los cercanos complejos de esquí. También es agradable saber que no necesitas planear envolverte en pesados abrigos de lana y piel para gozar de la ciudad.
Al aire libre podrán soplar esos vientos del ártico, pero los habitantes de Montreal huyen del frío caminando por una red de túneles subterráneos que en realidad son amplísimos centros comerciales. Lo único que uno necesita ponerse es un abrigo ligero.
Sería fácil dedicar días enteros a callejear por debajo de las avenidas de Montreal. Merodeando por las más de dos mil tiendas y comiendo algo en cualquiera de los aproximadamente 300 cafés que hay a lo largo de 30 kilómetros de túneles, los que conectan una enormidad de centros comerciales en la ciudad subterránea.
Olvídate del invierno, cómprate un bikini y broncéate [en un salón de -brozage-] después de nadar en una alberca de tamaño olímpico, ir al cine, hacerte lustrar los zapatos y encerar tus esquíes sin llegar a ver el sol.
En el subterráneo de Montreal no hay preocupaciones de ninguna clase. Todo es limpio, está iluminado y es seguro.
Para mí, el mayor problema es no perderme. En la superficie, durante los balsámicos meses veraniegos, uno tiene esos pináculos de iglesias y perfiles de edificios que sirven de referencia.
Los túneles carecen de esa ventaja. Las señales son numerosas, y cualquier conserje de hotel podrá indicarte direcciones y conseguirte mapas, pero probablemente necesitarás mucho más. Pide instrucciones específicas y pon mucha atención cuando te las den. Después, cuando tengas duda, pregunta.
La gente de Montreal es amistosa, y casi todo el mundo habla por lo menos algo de inglés. Caminar es buen ejercicio, pero yo no recomendaría hacerlo en la red entera de 32 kilómetros, a menos de que te estés entrenando para un maratón.
Los túneles se construyeron hace casi un siglo, cuando se hicieron excavaciones para un ferrocarril debajo de la ciudad, seguidas, como es natural, por una estación ferroviaria subterránea que todavía hoy es el lugar adecuado para alcanzar un tren hacia Quebec o Nueva York.
Lo siguiente fue el metro. Las estaciones de este transporte son especiales. Además de puestos de periódicos y locales de comida rápida, todas ellas exhiben obras de arte. Cada estación fue diseñada por un arquitecto distinto, y cada una es a su modo un museo.
Montreal es singular en cuestión de arte. El 1% del costo de cada nuevo edificio comercial debe ser gastado en una obra de un pintor o escultor, medida que ayuda a hacer la ciudad tan especial.
Luego tenemos los museos, no sólo de arte, sino también de ciencia, arqueología, historia; dos docenas de ellos tienen algo que sin duda te complacerá. Añade a los museos las salas de concierto, los teatros, las exposiciones y verás que casi cada semana se está presentando algo especial.
Y no dejes de lado esos inolvidables restaurantes. Prácticamente a todos ellos se puede llegar por los túneles. Es cierto que probablemente querrás echar un vistazo, por lo menos una vez, a una calle al aire libre, pero sólo una vez. -Baby, it’s cold outside!-.
Por: Jimm Budd.
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| El Estadio Olímpico de Montreal que se utilizó para las Olimpiadas de 1976 es un emblema arquitectónico de la ciudad. |

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| El mosaico arquitectónico de la ciudad conforma un gran cuadro por la mezcla de estilos, especialmente cuando se juntan los edificios antiguos, las cúpulas de bronce oxidadas y los estrechos rascaciel |
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