Restauración y Remodelación: De Palacio a Museo [Antonio Jiménez Torrecillas].
Recorrido arquitectónico por el Museo de Bellas Artes que acaba de reabrir sus puertas en el Carlos V tras una compleja reforma. (Mie Ene 16 2008)
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EL fotógrafo José García Ayola capturó a finales del siglo XIX una instantánea de la planta primera del Palacio de Carlos V. Es sabido que el Palacio del Emperador, inconcluso desde 1644, no cubrió las estancias y la galería de dicha planta hasta las intervenciones de Torres Balbás y Prieto Moreno realizadas a lo largo del siglo XX. Desvelando el estado de abandono que acompañó al Palacio durante casi tres siglos, la foto de Ayola no es menos elocuente que el edificio íntegro: sin solería, sin carpinterías y sin techumbre, el Palacio se nos presenta en su desnudez, en la inmediatez de su construcción, revelando desde su ruina la diferencia entre ornamento y estructura, la evidencia de la piedra y el color de las texturas. El sol entra libre, sin obstáculos, proyectando sobre el suelo y sobre los muros un ventanal y su óculo integrados en la fachada sur.
Intervenir sobre el Palacio de Carlos V es exigente; en su azaroso devenir, el Palacio de Machuca, la única manifestación del poder imperial en un edificio civil español, ha aceptado las miradas cambiantes de cada época manteniendo el rigor con que fue concebido. Como cualquier otro organismo vivo, el edificio podrá admitir una transformación más si busca la solución en la propia esencia del Palacio, que así seguirá conservando su identidad a lo largo del tiempo. Tras asumir el difícil reto de adaptar la planta primera del Palacio de Carlos V a Museo de Bellas Artes de Granada, el arquitecto Antonio Jiménez Torrecillas propone la luz natural y el paisaje como argumentos de partida del proyecto.
Adaptar un museo a los requerimientos actuales demanda una extraordinaria capacidad de síntesis; la exigente tecnificación que asegura el mantenimiento de las obras de arte con unos niveles térmicos y de humedad adecuados y con una iluminación óptima obliga a la colaboración de equipos de especialistas que dominen estas complejas técnicas. El proyecto de arquitectura debe ir más allá: al arquitecto corresponderá filtrar todos los condicionantes evitando que los temas particulares que intervienen sobre el proyecto adquieran un indeseable protagonismo y perturben el equilibrio debido de la obra.
Adecuado cobijo.
La pasada semana se reabrió el Museo. Tras numerosos episodios dilatados durante más de un siglo, el Museo de Bellas Artes encuentra al fin adecuado cobijo en el Palacio de Carlos V con una propuesta que asume lo que el Palacio quiere ser, respondiendo admirablemente a las exigencias técnicas.
Aprovechando la generosa altura de techos, se superpone un soporte que acota la escala museística y aloja sus requerimientos técnicos, liberando la parte superior de los muros para mantener la intemporal tensión palaciega.
La luz artificial se regula automáticamente añadiendo de manera indirecta a la luz natural el aporte lumínico que precisa y potenciando el rigor de las sólidas paredes de piedra de Alfacar del Palacio.
La planta principal se convierte en un mirador panorámico que, gracias a la disolución de las carpinterías, pauta la contemplación de las obras con vistas lanzadas al paisaje que identifican al visitante con el entorno.
El recorrido del Museo de Bellas Artes abarca el perímetro completo del Palacio salvando el vacío de la capilla octogonal y convirtiéndose en una sucesión de fotogramas que, sala a sala, secuencia los relieves de Diego de Siloé y las esculturas de Jacobo Florentino con la visión del Patio de Machuca, alterna la obra de Alonso Cano y de sus seguidores con la Torre del Homenaje, dispone el Bodegón del Cardo de Sánchez Cotán junto al enfoque de la Torre Quebrada, y combina los temas granadinos de Fortuny o Rusiñol y las telas metálicas de Rivera con el engañoso volumen de la Puerta de la Justicia.
Terminada la visita, la sala de descanso enmarcada por la serliana de la Portada de la Emperatriz permite medir el siglo que nos separa de la fotografía de García Ayola. Desde esta sala concebida por Machuca como logia se asume tanto la representatividad palaciega como la sutileza museística, se advierte que aquellos argumentos de partida, la luz natural y el paisaje, son reconocibles en cada vieja sala del nuevo Museo de Bellas Artes.
Y se traza un recorrido fugaz por el Palacio de Carlos V que, desde los planos de Machuca hasta hoy, pasando por la ruina inmóvil de Ayola, nos evoca, sin nostalgia y sin protagonismo, el brillo de los muros, la tensión del espacio y el peso de la luz.
Por: Ricardo Hernández Soriano.
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| Fotografía de la planta primera del Palacio de Carlos V tomada por Ayola a finales del XIX. |
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