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Grandes proyectos que nunca se construyeron: la cúpula sobre Manhattan (1960), Richard Buckminster Fuller

En una época en la que nada parece sorprendernos, plantear un proyecto para techar una ciudad suena a ciencia ficción o a novela apocalíptica. (Mar, 28 Nov 2017)
Grandes proyectos que nunca se construyeron: la cúpula sobre Manhattan (1960), Richard Buckminster Fuller Richard Buckminster Fuller (1895-1983), arquitecto, teórico, inventor y utopista, desarrolló durante buena parte de su vida las cúpulas geodésicas.

Según su ideario, Buckminster Fuller se proponía hacer más con menos, —en esencia era un minimalista— a fin de garantizar que la humanidad no se extinguiera. Buena parte de sus ideas hablaban sobre sustentabilidad, respeto por el medio ambiente, uso adecuado de los recursos.

Aunque muchos de sus detractores se refieren a él como un hombre que planteó proyectos e ideas irrealizables, Bucky, como le decía sus amigos, desarrolló viviendas futuristas y hasta un vehículo para 11 personas (1930).


(Vista del pabellón americano de la Expo 67, por R. Buckminster Fuller, ahora la Biosphère de Montreal.)

Hacia 1945, el uso de mallas espaciales para cubrir grandes claros comenzó a popularizarse; justo ese año, Buckminster Fuller inició sus trabajos para más tarde bautizar a su creación como “cúpula geodésica”, aunque, hay que mencionarlo, él no la inventó sino el alemán Walther Bauersfeld (1879–1959) quien usó esta estructura por primera vez en 1923, en Jena, Alemania.

Por su comportamiento estructural, las geodésicas, conforme más se expanden, más resistentes se vuelven. Buckminster Fuller lo explicaba así:

“Una hoja de papel no tiene ninguna fuerza estructural real, pero si haces un cilindro se forma una columna y tiene algo de fuerza; si haces una curvatura compuesta obtendrá mayor fortaleza. Por eso las cáscaras de huevo tienen tanta fuerza. ¿Así que quieres obtener mayor fuerza? Usa una esfera, y si quieres obtener mayor volumen, usa una esfera. Por eso que una cúpula geodésica, en primer lugar, es muy económica y muy fuerte”.

Fue en 1954 cuando Buckminster Fuller patentó en Estados Unidos las cúpulas geodésicas y luego, como todo hombre de inventiva, por iniciativa propia quiso llevar su creación al máximo.



En 1960, en pleno auge de la era espacial, Bucky planteó la construcción de una cúpula de 2 millas de ancho (3.21 kilómetros) para regular la contaminación del aire y la temperatura.

En una entrevista, Bucky contó que un día se dio cuenta que Manhattan, a la altura de la calle 42, mide exactamente 2 millas de ancho, y para saber cómo se vería una cúpula de ese tamaño se puso a trabajar en una fotografía aérea.

Luego calculó el tamaño de las barras de acero y aluminio necesarios para la cúpula, así como un vidrio especial, chapado con aluminio para reducir el resplandor del sol.

Desde dentro la cúpula no se notaría a cierta altura ni impediría ver el cielo, las nubes y las estrellas.

Según sus cálculos, el costo del proyecto podría pagarse en 10 años gracias a que la ciudad de Nueva York dejaría de recoger la nieve que cae durante el invierno. Actualmente, se destinan cerca de 100 millones de dólares al año para retirar la nieve de las calles.

Es decir, la cúpula costaría hoy en día unos mil millones de dólares, suma que para el nivel de inversiones que se realizan en todo el mundo, no suena exagerada ni imposible.

Según Buckminster Fuller, su gran cúpula regularía el clima en esa parte de la ciudad al grado de que ya no sería necesario usar aire acondicionado en las épocas de calor ni calefacción en invierno, lo que contribuiría a un incremento en las rentas en beneficio de las personas.

Aunque el proyecto no se realizó por considerarse un disparate, algunas cúpulas geodésicas de Buckminster Fuller aún se conservan, como la que albergó el pabellón de Estados Unidos en la Exposición Universal de 1967, celebrada en Montreal.

La influencia de este genial inventor no ha quedado en el pasado: en 2014, para solucionar la contaminación que desde hace muchos años padece China, el despacho londinense Orproject propuso el proyecto “Bubbles” (Burbujas), una serie de domos transparentes hechos con plástico ETFE, material económico, flexible y duradero, que, según sus estimaciones, permite una reducción del 30% en los costos de energía usada en calefacción e iluminación.

¿Les suena familiar esta idea?

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