La forma sigue a la función: Una guía para arquitectos contemporáneos
Exploramos el concepto clásico de Louis Sullivan sobre cómo la función determina la forma arquitectónica, aplicado al diseño moderno con ejemplos que resaltan la vigencia de este principio. (Mar, 25 Mar 2025)
Imagina que estás frente a una hoja en blanco, a punto de diseñar un edificio. ¿Qué es lo primero que considerarías? Probablemente, las funciones que deberá cumplir. Esta idea, aparentemente sencilla, tiene profundas raíces en la arquitectura moderna gracias a Louis Sullivan, quien afirmó contundentemente: "La forma sigue a la función".
En 1896, Sullivan reflexionó sobre cómo debía diseñarse un nuevo tipo de edificio que emergía en las ciudades: el rascacielos. Su ensayo, "El edificio alto para oficinas, considerado artísticamente", plantea que cualquier construcción debe organizarse en tres partes fundamentales: una base que conecta con el nivel humano y la calle, las plantas típicas que cumplen con la función principal del edificio, y un remate superior que lo corona visualmente. Su énfasis estaba en evitar la ornamentación excesiva y que cada detalle arquitectónico tuviera una razón de ser relacionada directamente con su función.
Hoy en día, la mayoría de los arquitectos usan el término "
torre" para cualquier edificio alto, sin importar si cumple verdaderamente con una función clara o si impacta de manera positiva el entorno urbano. Pero, ¿qué pasaría si retomáramos el principio de Sullivan en la arquitectura contemporánea?
Para explorar esta idea, acompañemos en un recorrido por el edificio diseñado por
Alberto Kalach en la avenida Constituyentes #41 en Ciudad de
México, inaugurado alrededor de 2014. Desde la avenida, la construcción parece discreta y sencilla, con una altura modesta que no rebasa los 40 metros. Sin embargo, al acercarse y entrar, inmediatamente se nota un cambio en la escala: un acceso monumental de triple altura con un jardín interior crea una transición suave y acogedora desde la calle hacia el interior.
Siguiendo el recorrido, Rocha destaca la planta baja y su conexión con el sótano, donde Kalach diseñó una serie de tragaluces que bañan de luz natural el nivel inferior, generando una atmósfera sorprendente para un espacio que normalmente sería oscuro y funcional.
Al subir por las oficinas ubicadas en siete pisos de planta abierta, se aprecia claramente el principio de Sullivan: cada espacio se adapta fácilmente a diferentes usos y necesidades laborales. No hay detalles superfluos, cada ventana y cada muro parecen colocados con precisión para cumplir un propósito concreto, ya sea captar luz, ofrecer vistas o delimitar áreas de trabajo.
Finalmente, al alcanzar la terraza del octavo piso, surge un impacto visual inesperado: la impresionante vista del Bosque de Chapultepec domina el horizonte. Aunque el edificio en sí mismo no es monumental, esta terraza resalta cómo la función (ofrecer un espacio agradable y atractivo para los usuarios) determinó claramente su forma y ubicación.
Este recorrido por la obra de Kalach subraya cómo los principios clásicos de Sullivan pueden y deben ser aplicados con éxito en la arquitectura contemporánea. No se trata de diseñar simplemente para impresionar visualmente, sino de generar experiencias significativas para quienes viven y trabajan en los edificios. En definitiva, la arquitectura será siempre más valiosa cuando sus formas nazcan de necesidades reales y prácticas, confirmando así que la forma, sin duda, debe seguir siempre a la función.
Alberto Kalach
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