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De los Pantalones al Walkie Talkie: apodos arquitectónicos

Que un edificio sea bautizado con un apodo no es una señal de desprecio o de burla: más bien indica que la gente se ha apropiado de él, que lo ha aceptado. (Vie, 07 Sep 2018)
De los Pantalones al Walkie Talkie: apodos arquitectónicos Por su forma, los edificios son susceptibles de convertirse en recipientes de la imaginación colectiva. Aquí van una serie de ejemplos de una lista que se antoja interminable.

El Pantalón. Teodoro González de León. Cuidad de México.



No vamos a negar que efectivamente una de las torres de Arcos Bosques parece un pantalón. Lo cierto es que en la zona de Santa Fe, ese zoológico de edificios, este edificio es un icono, pues gracias a sus 160 metros de altura y 33 niveles, se alcanza a ver desde diversos puntos.

La Licuadora. Pedro Ramírez Vázquez. Ciudad de México.



Este edificio perteneció a la extinta Mexicana de Aviación. Concluido en 1982, la licuadora -y sus 32 pisos- fue el edificio más alto de la CDMX. Según su creador, la forma es la silueta de una torre de control.

La Lavadora. Agustín Hernández. Ciudad de México.



Otro clásico. La obra de Agustín Hernández se caracterizó por desafiar una arquitectura más bien tradicional mediante formas poco convencionales. El Conjunto Calakmul, como en realidad se llama este edificio, es un inmueble inteligente, pues todas sus funciones están automatizadas. Para Hernández, este edificio reúne en sí mismo el cubo y la esfera, pero no podemos negar que sí parece lavadora.

El Walkie Talkie. Rafael Viñoly. Londres



Originalmente sería una torre de 200 metros de alto en pleno corazón de Londres, pero las normas urbanas de la capital británica lo impidieron. Al rebajar su altura, este rascacielos perdió escala y ese remate abombado no le favoreció demasiado.

El edificio de Batman. Earl Swensson Associates, Nashville, Tennessee.



Ciudad Gótica surgió de pronto en esta torre de 33 niveles. Su remate es digno de cualquier edificio del art decó, pero las reminiscencias formales lo hacen muy parecido a los edificios desde donde Batman vigila la seguridad de su pueblo natal.

El Pantalonzote. Rem Koolhaas. Pekín



No es un pantalón tan estilizado como el de Teodoro González de León; quizá la persona imaginaria va caminando por la ciudad y de ahí su forma. Se trata del cuartel general de la Televisión de China, una torre de 44 pisos diseñada por el polémico Rem Koolhaas.

El Pepinillo. Norman Foster. Londres



Ni siquiera un hombre tan educado y encantador como Norman Foster se libró de que uno de sus edificios más emblemáticos recibiera un apodo: el pepinillo. Su verdadero nombre es Torre del Milenio, cuenta con 30 plantas y le pasó lo mismo que al Walkie Talkie: su exagerada altura debió de ser modificada para no alterar el skyline de Londres.

La Pedrera. Antoni Gaudi. Barcelona



En su momento, la Casa Milà fue el hazmerreír de Barcelona. Periódicos y revistas publicaban lo que hoy llamaríamos memes burlándose de este edificio de departamentos construido entre 1906 y 1910. El interior es una fantasía de techos que parecen conchas, pasamanos futuristas, ventanas de formas caprichosas y una azotea con chimeneas fuera de este mundo. La Pedrera, que literalmente quiere decir “lugar de donde se saca piedra”, fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1984.

El Destapador. Monterrey



Se llama Torre Ciudadana. Es el edificio más alto del norte de México con 36 niveles y 180 metros de altura. ¿Por qué le dicen así? Una imagen vale más que mil palabras. Hay que recordar que hace tanto calor en Monterrey que tener un destapador a la mano es fundamental.

La Suavicrema. ‎César Pérez Becerril. Ciudad de México



La Estela de Luz generó uno de los más grandes escándalos en la historia de la arquitectura mexicana: lo que debía ser un arco conmemorativo terminó siendo una estela desfasada del eje de Paseo de la Reforma. Además, la construcción demoró tanto que no se completó para las conmemoraciones del Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución. Por si fuera poco, su costo de casi 1,305 millones de pesos dejó una inocultable huella de corrupción y mala administración.

¿Qué otras fotos agregarías a este álbum de apodos?

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