Noticias : Arquitectura : El auditorio que convirtió un cerro en escenario: la accidentada arquitectura de la Guelaguetza

Noticias de Arquitectura

El auditorio que convirtió un cerro en escenario: la accidentada arquitectura de la Guelaguetza

Conoce cinco datos curiosos de la historia arquitectónica del Auditorio Guelaguetza, una obra donde el paisaje, la cultura y los errores constructivos comparten el protagonismo. datos curiosos del (Lun, 20 Jul 2026)
El auditorio que convirtió un cerro en escenario: la accidentada arquitectura de la Guelaguetza Desde sus gradas, la ciudad de Oaxaca no se observa como un paisaje lejano: aparece frente al público como parte de la escenografía.

Esa relación entre arquitectura, topografía y territorio explica buena parte de la fuerza del Auditorio Guelaguetza. Sin embargo, detrás de su reconocible silueta sobre el Cerro del Fortín existe una historia menos conocida: el recinto comenzó como una estructura provisional, duplicó su capacidad durante el proceso de diseño y, décadas más tarde, protagonizó uno de los episodios más polémicos de la obra pública oaxaqueña.



Un teatro construido con la pendiente


El arquitecto Mario César del Olmo Sánchez concibió el auditorio moderno alrededor de 1970, después de recibir el encargo de proyectar un espacio permanente para la celebración de los Lunes del Cerro.

En lugar de imponer un edificio cerrado sobre la montaña, Del Olmo aprovechó la pendiente natural del Cerro del Fortín para organizar las graderías en semicírculo. La solución retomaba principios presentes en los teatros griegos y romanos: utilizar la topografía para mejorar la visibilidad y concentrar al público alrededor del espacio escénico.

El propio arquitecto relacionó el proyecto con los conocimientos adquiridos durante sus años de trabajo en Grecia y con su experiencia en el diseño de plazas de toros. El resultado fue un anfiteatro al aire libre en el que la ciudad, el valle y las montañas forman parte de la experiencia visual del espectáculo (1).

No se trata, por tanto, de una copia del Coliseo romano, como suele afirmarse de manera simplificada. Su parentesco más evidente se encuentra en la lógica territorial de los antiguos teatros: una gradería adaptada al relieve y orientada hacia un escenario abierto.

El proyecto que duplicó su capacidad antes de construirse




La primera propuesta contemplaba aproximadamente 5 mil espectadores. Sin embargo, el entonces gobernador Víctor Bravo Ahuja solicitó ampliar el recinto para recibir a 10 mil personas.

La decisión sorprendió a quienes participaron en la obra. Raúl Corzo Llaguno, entonces director en Oaxaca del Comité Administrador del Programa Federal de Construcción de Escuelas y responsable de dirigir los trabajos, recordó décadas después que consideraron excesiva la nueva capacidad.

“Pensamos que no se iba a llenar”, relató Corzo sobre aquella modificación. El tiempo demostró lo contrario: el auditorio terminó convertido en el principal escenario de una celebración capaz de atraer a miles de asistentes cada año (2).

La ampliación no consistió únicamente en agregar filas. Construir una gradería curva para miles de personas sobre una ladera requirió excavaciones profundas, maquinaria pesada y un control topográfico cuidadoso. De acuerdo con Corzo, participaron alrededor de 500 trabajadores y la precisión de los topógrafos fue decisiva para controlar los niveles y las curvas del recinto. La obra principal se desarrolló entre 1972 y 1973, y el auditorio comenzó a operar en su configuración moderna durante la década de 1970 (2).

Antes del concreto hubo tablones y árboles




La relación entre la Guelaguetza y el Cerro del Fortín es anterior al auditorio actual.

En 1932 se construyó en el sitio un primer recinto para celebrar el IV Centenario de que Oaxaca recibió el rango de ciudad. El espectáculo fue denominado Homenaje Racial y reunió representaciones culturales de las regiones del estado.

Aquel espacio recibió el nombre de Rotonda de la Azucena. Su arquitectura era elemental: tablones, un templete y los árboles del cerro proporcionaban parte de la infraestructura y de la sombra necesaria para los asistentes. Con el crecimiento turístico y la consolidación de la celebración, esa instalación provisional dejó de responder a las necesidades del evento (3).

El auditorio moderno no apareció simplemente para sustituir unas gradas viejas. Representó la institucionalización espacial de la fiesta: convirtió una reunión realizada sobre el cerro en un espectáculo masivo con un escenario permanente, sectores diferenciados y capacidad para recibir visitantes nacionales e internacionales.

También transformó la imagen de la Guelaguetza. La arquitectura comenzó a funcionar como marco visual y símbolo de la celebración.

El problema que siempre estuvo sobre las gradas


Durante décadas, el recinto funcionó completamente a cielo abierto. Los sombreros de palma del público no eran únicamente parte de la imagen tradicional de la fiesta: también protegían a los asistentes del intenso sol de julio.

En 2009 comenzó la instalación de una gran cubierta textil o velaria destinada a proteger las graderías del sol y la lluvia. La intervención alteró radicalmente la apariencia del auditorio y añadió una estructura visible desde buena parte de la ciudad.

Pero la solución pronto se convirtió en un problema técnico, financiero y político.

Según declaraciones del entonces secretario estatal de Infraestructuras, el proyecto de techado alcanzó un costo total de aproximadamente 105 millones de pesos y presentaba trabajos inconclusos y materiales de calidad deficiente. Una revisión posterior atribuyó cerca de 40 millones de pesos específicamente a la membrana, mientras que el resto correspondía a la estructura y otros componentes del proyecto (4).

La cubierta comenzó a mostrar daños por la acción del viento. En marzo de 2012, una parte de la velaria colapsó, dañando elementos cercanos. Debido a los riesgos, la estructura permaneció parcialmente instalada hasta que fue retirada por completo en 2014 (5).

La historia ofrece una lección incómoda para la arquitectura pública: una estructura ligera puede parecer formalmente sencilla, pero su comportamiento depende de cálculos aerodinámicos, tensiones, anclajes, detalles constructivos y una ejecución rigurosa. En una membrana tensada, un error local puede alterar el comportamiento del sistema completo.

La segunda velaria: más membrana que superficie cubierta


Ted McGrath. (2026). 2018 - Mexico - Oaxaca - Auditorio Guelaguetza. [JPG]. Flickr. Link. CC BY-NC-SA.
La cubierta fue reinstalada años después mediante una solución revisada. La nueva estructura ofrece uno de los datos más llamativos del recinto: para cubrir aproximadamente 12.5 mil metros cuadrados se utilizaron cerca de 22 mil  metros cuadrados de membrana.

La diferencia se explica por la geometría tridimensional de la cubierta, sus curvaturas, uniones, traslapes, tensado y desperdicios derivados de la fabricación. Una cubierta textil no se calcula como una superficie plana extendida horizontalmente.

La estructura incluyó diez mástiles de acero A-36, ocho retenidas y arcos apoyados sobre zapatas aisladas de concreto armado de aproximadamente 2.40 por 2.50 metros. La membrana, de fabricación francesa, fue especificada con una vida útil estimada de 30 años y garantía de 15 años (5).

Después de la experiencia anterior, la seguridad frente al viento recibió una atención especial. El Gobierno de Oaxaca informó que el sistema fue sometido a distintas evaluaciones, incluida una revisión del Instituto de Ingeniería de la Universidad Nacional Autónoma de México y una prueba realizada por la empresa responsable, en la que la cubierta habría soportado ráfagas de hasta 150 kilómetros por hora (5).

La afirmación debe entenderse con precisión: una prueba o modelación reportada no garantiza por sí sola el comportamiento indefinido de una estructura. La seguridad también depende del mantenimiento, la conservación de la tensión, el estado de los anclajes, la fatiga de los materiales y la inspección periódica.

Más que un edificio para espectáculos


El Auditorio Guelaguetza es relevante para la arquitectura mexicana no únicamente por su escala o por su cubierta. Su principal mérito es haber convertido una condición territorial en la idea central del proyecto.

La pendiente organiza las gradas. El horizonte prolonga el escenario. La ciudad se convierte en telón de fondo y el edificio establece una relación visual entre quienes observan desde el cerro y quienes contemplan el auditorio desde Oaxaca.

Al mismo tiempo, sus modificaciones muestran los riesgos de intervenir una obra reconocible sin comprender completamente las condiciones ambientales, estructurales y simbólicas que le dieron origen.

La primera versión moderna resolvió el proyecto apoyándose en el terreno. La velaria intentó resolver una necesidad climática mediante una pieza de enorme protagonismo formal. Una intervención nació del lugar; la otra tuvo que aprender, de manera costosa, a resistirlo.

Redacción por equipo de Buscador de Arquitectura
1. NVI Noticias. (2023, 11 de julio). El nacimiento de un coloso; así se construyó el Auditorio Guelaguetza. Publicado originalmente el 21 de julio de 2019.Link
2. Quadratín Oaxaca. (2010, 19 de diciembre). Costó 105 millones de pesos cubierta “mal hecha” del Auditorio Guelaguetza.Link3. Secretaría de Cultura. (s. f.). Auditorio Guelaguetza. Sistema de Información Cultural, Gobierno de México.Link4. Expansión. (2011, 16 de marzo). Sobregasto en Auditorio Guelaguetza Link5. El Universal. (2016, 22 de mayo). Inicia reinstalación de velaria en Auditorio Guelaguetza. Link
Imagen principal: nsaum75. (2026). File:Auditorio Guelaguetza en Oaxaca.jpg - Wikimedia Commons. [JPG]. commons.wikimedia.org. Link. Creative Commons Attribution-Share Alike 3.0 Unported.

Compartir artículo:

Lista de comentarios



Agregar un comentario

Por favor llene completamente la forma abajo, y nosotros agregaremos su comentario tan pronto como sea posible.