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Casas de cartón. Una solución barata, rápida e ingeniosa para salvar vidas

Shigeru Ban ideó una forma de responder a las catástrofes naturales. (Lun, 06 Abr 2015)
Casas de cartón. Una solución barata, rápida e ingeniosa para salvar vidas El 17 de Enero de 1995 a las 05:46 horas, la placa tectónica Filipina comenzó un proceso de subducción bajo las placas Pacífica y Euroasiática. La fase duró unos 20 segundos y agitó la falla del Pacífico desencadenando un terremoto de 7.3 grados. El foco se situó a apenas 16 kilómetros bajo el epicentro, en la prefectura de Hyogo, al norte de la isla japonesa de Awaji. El núcleo de población más cercano estaba a solo 20 kilómetros. Era la ciudad de Kobe, con un millón y medio de habitantes.



Al seísmo se le conoce como Gran Terremoto de Hanshin-Awaji, se cobró más de 6.500 vidas y dejó sin casa a unas 300.000 personas. La mayoría de Kobe. Las consecuencias del terremoto fueron múltiples y devastadoras. Por un lado, las pérdidas económicas ascendieron a 3 billones de yenes, lo que equivalía a un 2,5% del PIB de Japón.



Por otro lado, puso de manifiesto los fallos en los sistemas de protección sísmica y de construcción preventiva que existían en un país que es azotado por los terremotos con una periodicidad realmente notable. Sin embargo, el problema más grave estaba en esas 300.000 personas que habían perdido su vivienda. 300.000 hombres, mujeres, niñas y niños que necesitaban un techo bajo el que guarecerse y una dignidad que recuperar. Y que no podían esperar a la reconstrucción de la ciudad. La necesitaban urgentemente. La necesitaban ya.



El 17 de Enero de 1995, Shigeru Ban era un joven arquitecto de apenas 37 años natural de Tokio, pero que había estudiado en California y Nueva York. De hecho, se graduó en 1984 por la universidad Cooper Union de Manhattan. Unos días después de la catástrofe, Ban se ofreció a las autoridades de Kobe para desarrollar un proyecto de realojo temporal de los desplazados. Acababa de nacer la Red de Arquitectos Voluntarios. El proyecto se basaba en una edificación reciclada y reciclable, autoconstruible por los propios usuarios y que pudiese levantarse en un tiempo récord.



Muy rápido y muy barato

En poco menos de dos semanas, miles de los damnificados vivían en su propia cabaña independiente e individual; limpios y secos. Y dignos. ¿Cómo fue posible esta arquitectura casi milagrosa? Pues porque el proyecto de Shigeru Ban se llamaba "La Casa de Papel" y, efectivamente, cada cabaña estaba construida esencialmente mediante cartón y papel prensado.



Con una cimentación a base de cajas de cerveza rellenas de arena y una cubierta textil practicable que permitía levantarse en verano para ventilar y cubrirse en invierno para conservar el calor, la característica más interesante de las casas eran sus fachadas. Porque eran de cartón. Una doble pared de tubos de cartón prensado e impermeabilizado con espuma aislante entre ambos paramentos, que servían a la vez de cerramiento y de estructura portante.



Cada cabaña de 16 m2 tenía un coste aproximado de 1.800 euros que, por supuesto, no tuvieron que desembolsar los habitantes sino que fueron donados, bien por el Estado, bien por las propias industrias locales, como la empresa cervecera que donó las cajas de botellas o la fábrica textil que prestó el material para los tejados. Pero todas las casas sí que fueron construidas por los propios ciudadanos que, al sentirse de nuevo ocupados y útiles y al poder vivir de forma independiente y no en barracones comunitarios, recuperaron parte de la tan necesaria dignidad perdida.

Ban llevaba investigando con materiales constructivos alternativos desde 1986 y había descubierto que, pese a su teórica endeblez, el papel y el cartón, colocados adecuadamente e imprimados para resistir la intemperie, podían componer un sistema arquitectónico rápido, barato y enormemente eficaz para situaciones temporales.

Así, el campamento de papel de Kobe permaneció activo durante varios meses, prácticamente todo 1995, hasta que las familias pudieron realojarse en la ciudad. Después, las casas se desmantelaron y todos y cada uno de los materiales se reciclaron. Las telas, la arena, las cajas de cerveza y los tubos de cartón se devolvieron, se recuperaron y se reutilizaron. Tuvieron una nueva vida como la volvieron a tener los ciudadanos.



Tras el éxito del campamento de Kobe, la arquitectura de papel de Shigeru Ban fue empleada en múltiples situaciones de realojo temporal por todo el mundo. Como el campamento del ACNUR en Ruanda en 1999, los refugios de emergencia de Turquía en 2000 y de Haití en 2010, o el proyecto de reconstrucción post-tsunami de Sri Lanka en 2007. Siempre basándose en la rapidez constructiva del cartón pero siempre aprovechando los recursos y los materiales locales, como el bambú y el barro de la India o el árbol del caucho en Sri Lanka.

Pero, aunque el principal objetivo es devolver un techo, la dignidad a veces necesita de algo más para recuperarse. Por eso los proyectos de cartón de Ban también incluyen edificios sociales y comunitarios, como la sala de conciertos de papel de L´Aquila, construida tras el terremoto que agitó esa zona del centro de Italia en 2009, o la catedral de cartón de Christchurch, en Nueva Zelanda, con capacidad para 700 personas y que sigue en activo desde su construcción a principios de 2013.

De hecho, hay un edificio de Kobe que aún permanece en pie: la iglesia de papel. Se levantó en 1995 junto al resto del campamento y se desmanteló diez años después, pero todos los materiales fueron donados a la comunidad católica de Nantou en Taiwán, golpeada por otro terremoto en 2005. Allí fue reconstruida en 2008 y aún puede visitarse en la actualidad.

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En marzo de 2014, la fundación Hyatt concedió el Premio Pritzker, el galardón más importante del mundo de la arquitectura, a Shigeru Ban. El anuncio que comunicaba el premio decía: "Shigeru Ban [...] es raro en el campo de la arquitectura. Sus proyectos son elegantes e innovadores cuando trabaja para clientes privados, y emplea esa mismo enfoque de diseño ingenioso e inventivo para sus extensos esfuerzos humanitarios".

Y es cierto. Ban es quizá el arquitecto más consciente de la importancia del oficio como verdadero regalo al mundo. Un regalo para todos, para los cultos y los poderosos pero, sobre todo, para los más desfavorecidos. El regalo de la dignidad que, a veces, viene envuelta en tubos de papel y cartón.



Al seísmo se le conoce como Gran Terremoto de Hanshin-Awaji, se cobró más de 6.500 vidas y dejó sin casa a unas 300.000 personas. La mayoría de Kobe. Las consecuencias del terremoto fueron múltiples y devastadoras. Por un lado, las pérdidas económicas ascendieron a 3 billones de yenes, lo que equivalía a un 2,5% del PIB de Japón.



Por otro lado, puso de manifiesto los fallos en los sistemas de protección sísmica y de construcción preventiva que existían en un país que es azotado por los terremotos con una periodicidad realmente notable. Sin embargo, el problema más grave estaba en esas 300.000 personas que habían perdido su vivienda. 300.000 hombres, mujeres, niñas y niños que necesitaban un techo bajo el que guarecerse y una dignidad que recuperar. Y que no podían esperar a la reconstrucción de la ciudad. La necesitaban urgentemente. La necesitaban ya.



El 17 de Enero de 1995, Shigeru Ban era un joven arquitecto de apenas 37 años natural de Tokio, pero que había estudiado en California y Nueva York. De hecho, se graduó en 1984 por la universidad Cooper Union de Manhattan. Unos días después de la catástrofe, Ban se ofreció a las autoridades de Kobe para desarrollar un proyecto de realojo temporal de los desplazados. Acababa de nacer la Red de Arquitectos Voluntarios. El proyecto se basaba en una edificación reciclada y reciclable, autoconstruible por los propios usuarios y que pudiese levantarse en un tiempo récord.



Muy rápido y muy barato

En poco menos de dos semanas, miles de los damnificados vivían en su propia cabaña independiente e individual; limpios y secos. Y dignos. ¿Cómo fue posible esta arquitectura casi milagrosa? Pues porque el proyecto de Shigeru Ban se llamaba "La Casa de Papel" y, efectivamente, cada cabaña estaba construida esencialmente mediante cartón y papel prensado.



Con una cimentación a base de cajas de cerveza rellenas de arena y una cubierta textil practicable que permitía levantarse en verano para ventilar y cubrirse en invierno para conservar el calor, la característica más interesante de las casas eran sus fachadas. Porque eran de cartón. Una doble pared de tubos de cartón prensado e impermeabilizado con espuma aislante entre ambos paramentos, que servían a la vez de cerramiento y de estructura portante.



Cada cabaña de 16 m2 tenía un coste aproximado de 1.800 euros que, por supuesto, no tuvieron que desembolsar los habitantes sino que fueron donados, bien por el Estado, bien por las propias industrias locales, como la empresa cervecera que donó las cajas de botellas o la fábrica textil que prestó el material para los tejados. Pero todas las casas sí que fueron construidas por los propios ciudadanos que, al sentirse de nuevo ocupados y útiles y al poder vivir de forma independiente y no en barracones comunitarios, recuperaron parte de la tan necesaria dignidad perdida.

Ban llevaba investigando con materiales constructivos alternativos desde 1986 y había descubierto que, pese a su teórica endeblez, el papel y el cartón, colocados adecuadamente e imprimados para resistir la intemperie, podían componer un sistema arquitectónico rápido, barato y enormemente eficaz para situaciones temporales.

Así, el campamento de papel de Kobe permaneció activo durante varios meses, prácticamente todo 1995, hasta que las familias pudieron realojarse en la ciudad. Después, las casas se desmantelaron y todos y cada uno de los materiales se reciclaron. Las telas, la arena, las cajas de cerveza y los tubos de cartón se devolvieron, se recuperaron y se reutilizaron. Tuvieron una nueva vida como la volvieron a tener los ciudadanos.

Tras el éxito del campamento de Kobe, la arquitectura de papel de Shigeru Ban fue empleada en múltiples situaciones de realojo temporal por todo el mundo. Como el campamento del ACNUR en Ruanda en 1999, los refugios de emergencia de Turquía en 2000 y de Haití en 2010, o el proyecto de reconstrucción post-tsunami de Sri Lanka en 2007. Siempre basándose en la rapidez constructiva del cartón pero siempre aprovechando los recursos y los materiales locales, como el bambú y el barro de la India o el árbol del caucho en Sri Lanka.

Pero, aunque el principal objetivo es devolver un techo, la dignidad a veces necesita de algo más para recuperarse. Por eso los proyectos de cartón de Ban también incluyen edificios sociales y comunitarios, como la sala de conciertos de papel de L´Aquila, construida tras el terremoto que agitó esa zona del centro de Italia en 2009, o la catedral de cartón de Christchurch, en Nueva Zelanda, con capacidad para 700 personas y que sigue en activo desde su construcción a principios de 2013.

De hecho, hay un edificio de Kobe que aún permanece en pie: la iglesia de papel. Se levantó en 1995 junto al resto del campamento y se desmanteló diez años después, pero todos los materiales fueron donados a la comunidad católica de Nantou en Taiwán, golpeada por otro terremoto en 2005. Allí fue reconstruida en 2008 y aún puede visitarse en la actualidad.

En marzo de 2014, la fundación Hyatt concedió el Premio Pritzker, el galardón más importante del mundo de la arquitectura, a Shigeru Ban. El anuncio que comunicaba el premio decía: "Shigeru Ban [...] es raro en el campo de la arquitectura. Sus proyectos son elegantes e innovadores cuando trabaja para clientes privados, y emplea esa mismo enfoque de diseño ingenioso e inventivo para sus extensos esfuerzos humanitarios".

Y es cierto. Ban es quizá el arquitecto más consciente de la importancia del oficio como verdadero regalo al mundo. Un regalo para todos, para los cultos y los poderosos pero, sobre todo, para los más desfavorecidos. El regalo de la dignidad que, a veces, viene envuelta en tubos de papel y cartón.
Shigeru Ban

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