Arquitectura: La catedral de Los Angeles
Los Angeles estrena catedral. La segunda Ciudad de México en número de habitantes, inaugura estos días su nuevo templo católico, ya que los sucesivos terremotos dejaron en ruinas la vieja catedral. (Dom Sep 22 2002)
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El arquitecto Rafael Moneo, único español en recibir el premio Pritzker (1996) y premio Mies van der Rohe europeo (2001), fue escogido para construir la primera catedral del nuevo milenio.
Una selección exhaustiva entre las firmas más notables de los años 90 quedó reducida a cinco arquitectos: Robert Venturi, Thom Mayne, Frank Gehry, Santiago Calatrava y Rafael Moneo. Se convocó un concurso entre éstos para el diseño de una pequeña capilla dedicada a Fray Junípero Serra, fundador de Los Angeles.
La sencilla propuesta de Moneo era una estatua del patrón de California situada en el umbral de la iglesia, reflejando la doble condición de religioso y pionero. Conmovido el cardenal-cliente ante la sensibilidad del arquitecto cántabro, se le asignó el encargo.
La nueva catedral está ubicada en un terreno rectangular de 39 mil metros cuadrados, tangente a dos autopistas, en el downtown de la metrópolis californiana.
Desde ahí se domina el entorno, acentuando la condición de hito urbano del nuevo templo, orientado -figurada y literalmente- hacia Roma y hacia Hollywood. A unas cuadras está el MOCA (Museo de Arte Contemporáneo de Los Angeles), proyectado por Arata Isozaki, y el Auditorio Disney de Frank Gehry.
Como las primeras iglesias de la colonización española en tierras americanas, la nueva obra de Moneo se conforma por una gran plaza destinada a congregaciones multitudinarias que ocupa el centro del recinto, y los cuerpos edificados se sitúan en los dos extremos, unidos por pérgolas que cierran la explanada.
Entre el campanario exento y la catedral se crea un claustro trapezoidal que se prolonga hasta la explanada con un estanque triangular protegido por palmeras. En el otro extremo se disponen la residencia y las oficinas del obispado en dos volúmenes discretos que no compiten con la masa escultórica del templo.
El foco visual del espacio exterior lo constituye una gran cruz franciscana que recorta el lucernario de alabastro de la fachada principal. Es el telón de fondo para el altar de ceremonias al aire libre, de manera que la cruz preside tanto el altar interior como el exterior.
Si bien el ábside está orientado hacia Roma y conserva la planta cruciforme siguiendo la tradición, la nueva catedral aporta innovaciones tipológicas como la posición de las capillas laterales, que no se vuelcan hacia la nave central, sino que se abren a deambulatorios perimetrales, como salas de cine en un pasaje comercial.
La propuesta alude a la percepción del espacio y a la solidez envolvente de la que emana luz, recreando una atmósfera "sacra". A ese respecto, Frank Gehry añade que "no es tanto su aspecto exterior o el resplandor de sus ventanales de alabastro; lo verdaderamente hermoso son los pliegues interiores de los muros y la forma en que la luz incide en ellos".
De nuevo, Rafael Moneo se muestra más proclive a dar lecciones de historia y composición desde sus edificios que a diseñar obras geniales.
Su primera gran obra fue el Museo Romano de Mérida, ecléctico monumento a las formas y materiales del repertorio romano. Después proyectó museos de volumetrías compactas en Madrid, Estocolmo o Houston, de los que emergían lucernarios escorialescos, y hoteles que trataban de completar el tejido urbano de Barcelona y de Berlín con sutiles recortes gestuales y contextuales.
Sus obras son siempre la pieza que faltaba, la clave de arco, el edificio que completa su contexto en clave renacentista, barroca, expresionista o abstracta. Con el centro de congresos Kursaal de San Sebastián, que le valió el premio Mies van der Rohe, superó el umbral contextualista insertando unos objetos contundentes y luminosos.
Ahora, en la catedral de Los Angeles regresa a su estilo ausente de estilo, sustituyendo la caligrafía precisa por el cincelado del estilete. Moneo no sólo es el español más premiado de la actualidad, sino uno de los arquitectos más lúcidos del panorama internacional. Ecléctico, culto, refinado, nunca tuvo reparos en interpretar y reintepretar periodos de la historia.
En pleno corazón del fast-food, del drive-in y del check-out express, su arquitectura dialoga con sus vecinas obras maestras de Gehry e Isosaki, desde la serenidad y la calma. Moneo enseña que el arte y la arquitectura necesitan tiempo. Y el tiempo dirá si esta catedral se perpetúa o agoniza entre los fuegos de artificio de la arquitectura californiana.
reforma.com --- editorialistas
Miquel Adrià
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