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Guggenheim de Bilbao de Frank Gehry cumplió 18 años

El Museo Guggenheim de Bilbao llega a su mayoría de edad: innovando en la relación de la arquitectura con el arte contemporáneo, del museo con el entorno urbano, se ha convertido en ícono de exposiciones y modelo de financiamiento. (Lun, 21 Dic 2015)
Guggenheim de Bilbao de Frank Gehry cumplió 18 años No sin críticas, como ser "la sucursal de un museo estadounidense con franquicias culturales en España", según algunos.

En el país vasco, en la ciudad portuaria de Bilbao, junto a la ribera de la ría de Nervión, el monumental Museo Guggenheim está cumpliendo 18 años de vida. Tiempo en que el museo de titanio "se ha ido haciendo con tinta y su oleaje metálico bate y confunde las aguas de las polémicas...", según la visión crítica del arquitecto Luis Fernández-Galiano, director de Arquitectura Viva y miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Aunque ese autor celebra, a su vez, la "arquitectura escultórica del museo y su emplazamiento urbano irreprochable".

Esa innovadora arquitectura es la misma sobre la que varios polemizaron, antes de su estreno, en cuanto a que podía hacer irrelevante el arte que exhibiera en su interior. Pero los hechos han ido mostrando otra cosa: el artista indio británico Anish Kapoor, por ejemplo, pudo exhibir allí una compleja retrospectiva que incluía, incluso, cañones que disparaban pintura. Otros creadores, como Richard Serra, Premio Príncipe de Asturias 2010, expone en forma permanente su mayor reflexión escultórica en torno a la fisicalidad del espacio y la naturaleza: "La materia del tiempo"; obra (1994-2007) integrada por siete esculturas de dos pisos de altura, en acero, bajo las cuales y en medio de ellas el espectador circula, pasando desde sus volúmenes en forma de elipse hasta sus espirales.

La realidad apunta a que el Guggenheim de Bilbao ha pasado de ser el centro de la polémica y la tensión a transformarse en un ícono mundial como espacio arquitectónico y urbano, como museo y referente expositivo, así como modelo de financiamiento.

Destino en sí mismo

El museo formó parte de un plan radical para renovar y modernizar la zona portuaria e industrial degradada en Bilbao. Su objetivo era aportar y potenciar la ciudad. Hoy, el Guggenheim es un destino mundial turístico y cultural. Las cifras hablan de un promedio de más de un millón de visitantes al año, de los cuales cerca de un 70 por ciento no son españoles.

El asunto es que la mayoría viaja a la ciudad de Bilbao solo para visitar el museo y lo hacen por el día (queda a solo 100 kilómetros de las históricas ciudades de Santander y San Sebastián). La motivación es conocer este hito arquitectónico urbano y recorrer sus exhibiciones, y muy pocos se internan en Bilbao mismo, en su casco más antiguo, aunque quede a minutos, a pie o en tranvía.

Las autoridades de Bilbao y del país vasco, no obstante, están contentas con el resultado final. "El público de la ciudad siente el museo como suyo y participa muy activamente", señalan junto al director del Guggenheim, Juan Ignacio Vidarte . Y los números revelan que el museo aporta en promedio 300 millones de euros al año a la economía del país vasco. El polémico costo inicial de construcción del edificio -133 millones de euros- "está siendo bien amortizado , desde el primer año de vida". Prueba de la conformidad es que la comunidad autónoma de Euskadi -que negoció la construcción del museo con la Fundación Salomon Guggenheim de Nueva York- renovó el acuerdo entre ambas entidades por 20 años más.

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Nota Relacionada:

El efecto Guggenheim: Del espacio basura al ornamento [Frank Gehry].
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¿Arquitectura al servicio del arte y la ciudad?

Las enormes dimensiones del museo y su revolucionaria arquitectura de titanio, convirtieron al edificio de Frank Gehry en un emblema de la ciudad de Bilbao. La mayoría parece coincidir, ahora, en que la obra encontró su mejor emplazamiento en el escenario industrial en las márgenes de la ría bilbaína.

Fernández-Galiano, destaca: "Como arquitectura escultórica, la obra de Gehry es magistral en su inserción urbana, admirable en su modelado plástico e irreprochable en su realización. La apropiación del lugar es tan rotunda que ya no se concibe solución alternativa alguna. Sus volúmenes tormentosos y los interiores expresionistas son tan inesperados y emotivos que capturan la voluntad del espectador. Y la proeza técnica de su construcción impresiona. Es la mejor obra madura del arquitecto y es una representación ejemplar de la escenografía del arte en la sociedad del espectáculo".

El edificio de Gehry (Premio Pritzker 1989) -que debió sortear enormes retos para su construcción-, tiene 24 mil metros cuadrados cubiertos, de los cuales 11 mil están destinados a espacios de exhibición. Su estética fue planteada como una escultura habitable, que alberga diversas piezas artísticas en su interior. "Las formas y texturas del edificio evocan la tradición industrial y la actividad portuaria de Bilbao; a su vez, aluden a las velas de un barco o a un pez enorme", reconoce el arquitecto.

El exterior del museo (mirado desde la ribera opuesta a la ría) está integrado por planchas de titanio con sorprendentes formas. Mientras que la parte "más tradicional" del edificio (que da a la ciudad), la conforman bloques de hormigón a los "que se aplicó sobre ellos una piel ventilada con piedra caliza". Y en su parque, patio duro y sobre la pileta, se exhiben provocadoras esculturas: están los siete "Tulipanes" gigantes de acero y colores de Jeff Koons; y también el querido "Puppy", del mismo artista pop. Se trata de un perro de 12 metros de altura, construido en acero y cubierto por flores. La gran araña de Louise Bourgeois, en bronce, acero y mármol, en tanto, parece amenazar el entorno, mientras los arcos rojos sobre el puente vecino de La Salve, que el Guggenheim encargó al artista francés Daniel Buren (el mismo que pintó de cebra el Palais Royal), crea un diálogo más armónico con ese paisaje.

El interior del museo cuenta con espacios de amplias dimensiones y sus salas, en su mayoría despejadas -a diferencia de su homólogo de Nueva York-, permiten el mejor montaje para muestras complejas.



Exposiciones que marcan pauta

El nivel de calidad de las exposiciones ha sido un aspecto primordial. "Nos planteamos desarrollar un altísimo nivel de muestras que tuvieran una repercusión internacional fuerte, y que implicara aportar algo que no existía en la escena museística de Bilbao ni en toda España", cuenta el director.

Realizan proyectos con la Tate Modern de Londres y el Pompidou de París, y en Estados Unidos con el Whitney y el Guggenheim de Nueva York; incluso, en algunos casos, se han adelantado a entidades neoyorquinas: la mítica retrospectiva de Yoko Ono estuvo en Bilbao antes de llegar al MoMA.

Han exhibido al pop Koons, a Basquiat y Murakami. Y organizan algunas colectivas (algunas más logradas que otras) que han puesto en la escena temas luego tratados en otros espacios, como el de obras realizadas durante la Segunda Guerra.

Un flanco de crítica es la supuesta ausencia de una colección permanente. Pero Bilbao sí tiene una en formación, con obras clave, hasta hace poco prácticamente desconocida. Recién a partir de noviembre, el director decidió -"dada la madurez alcanzada por el museo"- mostrar en forma permanente "31 obras maestras de los mejores artistas, entre las 180 obras que hemos adquirido en estos años y que se exponían en forma esporádica".

Entre las piezas que se exhiben, ahora está el gran y colorido óleo de Mark Rohtko, pintado en 1954. Sobresalen "Gran antropometría azul", de Ives Klein, (1960) y "Los nueve discursos", de Cy Twombly, que rompieron los conceptos imperantes en la escena neoyorquina de principios de los años 60. Están las 150 Marilyn de Warhol. Hay obras maestras de los alemanes Anselm Kiefer y Gerarh Richter. Y en el tercer piso del edificio (con una planta más irregular) hay piezas de Polke y Rauschenberg, entre otros.

56 empresas asociadas, 19 medios benefactores

En el museo tienen claro la posición de referencia que ocupan. "Se debe a nuestro planteamiento, que es muy ambicioso. Está en nuestro ADN mirar hacia el futuro, buscar nuevas vías y lenguajes". Con tales fines pusieron en marcha, desde un inicio, un sistema de financiamiento mixto.

Este aspecto saca ronchas a algunos, porque "como museo de franquicia, el Guggenheim es un experimento cultural insólito, basado en un acuerdo deplorable del que se esperan unos frutos económicos equívocos. El hecho de que el mayor esfuerzo español en materia de las artes sea para la 'sucursal' de un museo neoyorquino es algo que resulta grotesco", aduce Fernández Galiano.

Las cifras muestran que solo "la nueva colección del museo está valorada en 443 millones de euros: cuatro veces más de lo que costó construir el museo".

El Guggenheim tiene un financiamiento que combina el apoyo público con la presencia privada, a través de la Fundación que crearon. El diario ABC de Madrid subraya que ello "les permite ser líderes entre las instituciones culturales europeas en nivel de autofinanciamiento, el que se sitúa en más de 64 por ciento de sus costos".

El museo tiene 113 miembros corporativos: cuatro patronos estratégicos y 21 patrones; 13 empresas benefactoras; 19 medios de comunicación asociados y 56 empresas auspiciadoras. Los "Amigos del Museo" son clave: lo integran 16 mil 749 miembros. Y el Guggenheim obtiene cada año un promedio de 30 millones de euros por impacto publicitario. Y contribuye con 6.375 empleos, de jornada o parciales.

El diario de Navarra publicó un artículo balance de este aniversario, en el que señalan: "Han pasado 18 años y el Guggenheim, como un "titán de titanio", se ha convertido en parte de nuestro entorno, de nuestra cultura, se ha transformado en un paradigma del museo del siglo XXI. El efecto Bilbao es el espejo en el que con frecuencia se miran las apuestas de proyectos culturales en otras ciudades del mundo. Y es caso de estudio en muchas universidades".
Frank Gehry

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