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Una de las primeras casas modernas de la historia: Villa La Roche

Esta es una de la serie de casas por encargo que Le Corbusier construyó en la región de París en la década de los años 20, y que culminará en 1930 con la célebre Ville Savoie. En ellas, el arquitecto experimentó los principios instrumentales y conceptuales que paralelamente desarrolló a lo largo de los sucesivos prototipos de la Maison Citröhan. (Vie, 08 Dic 2017)
 Una de las primeras casas modernas de la historia: Villa La Roche Esta es una de la serie de casas por encargo que Le Corbusier construyó en la región de París en la década de los años 20, y que culminará en 1930 con la célebre Ville Savoie. En ellas, el arquitecto experimentó los principios instrumentales y conceptuales que paralelamente desarrolló a lo largo de los sucesivos prototipos de la Maison Citröhan.


La obra constituye una variante heterodoxa respecto de aquellos principios. Los trazados reguladores que componen la fachada y las ´fenêtres en longueur´ están presentes, así como las dobles alturas y los balcones característicos de los espacios interiores.

Pero a diferencia de otras viviendas de la época, el conjunto no se genera a partir de un volumen regular básico. Por el contrario, se trata de una composición articulada que surge de la adición de un volumen rectangular alargado con otro volumen ubicado a 90° con respecto al anterior, y caracterizado por un amplio frente curvo.

"Nosotros gustamos del aire puro y de la luz a raudales... La casa es una máquina para vivir, baños, sol, agua caliente y fría, temperatura regulable a voluntad, conservación de los alimentos, higiene, belleza a través de las proporciones convenientes. Un sillón es una máquina para sentarse: Maple ha mostrado el camino. Los lavabos son máquinas para lavar: Twyford los ha descubierto. Exceptuando la hora de la manzanilla o de la tila, nuestra vida moderna, el mundo de nuestro quehacer, ha creado sus cosas: la ropa, el estilográfico, la cuchilla de afeitar, la máquina de escribir, el teléfono, los maravillosos muebles de oficina... la maleta 'Innovation'... la limusina, el barco de vapor y el avión." Le Corbusier


Pasillo de Acceso

El uso de la doble altura en el proyecto de la Maison Citröhan marca un hito conceptual en el lenguaje arquitectónico de Le Corbusier. Por esta razón el espacio a triple altura del pasillo de acceso continuará con esta tradición, creando perspectivas muy interesantes a medida que se desarrolla el recorrido.

El tratamiento de este espacio hace alarde de su voluntad de escapar de la decoración, al mismo tiempo que deja ver las claras intenciones plásticas que su autor busca al establecer con el juego correcto de los planos, las superficies y los volúmenes (como bien lo demuestra el balcón en voladizo).

Otro rasgo significativo de pasillo es que permite el flujo de luz natural a través del gran ventanal que bordea la pasarela que conecta a los dos cuerpos de la vivienda.




Galería

Como contrapeso a la verticalidad del pasillo, se desarrolla en un sentido horizontal la galería, cuya elegante rampa curva se adosa a la fachada, constituyendo el elemento de mayor importancia (desde sus inicios la rampa representa para el arquitecto un elemento característico de su recorrido arquitectónico).

La galería no ofrece vistas directas sobre el exterior, pues procura iluminar lo más indirectamente posible las pinturas, para contribuir con su permanencia en el tiempo. Le Corbusier jugó con la composición del espacio como si de un lienzo se tratase, experimentó con las líneas rectas y curvas, la iluminación y más evidentemente, con la policromía.





Biblioteca

Siguiendo por la rampa, se accede a un mezzanine en voladizo por encima de la galería, que sirve como antesala hacia la biblioteca concebida como un espacio de retiro desde donde se puede ver sin ser visto. En dicho espacio destaca una gran estantería de concreto que sirve a su vez de antepecho. Un tragaluz y ventanales amenizan este lugar de meditación, donde la mirada se zambulle hacia el vertiginoso pasillo.





Comedor

Al igual que la galería, el juego cromático acentúa los rasgos de este espacio concebido para degustar mientras se vislumbran las telas puristas de Braque.

Una característica representativa del comedor es que posee un amplio ventanal que permite una clara iluminación durante el día, al mismo tiempo que incorpora el exterior en el interior. Al caer la noche, la iluminación artificial releva a la natural por medio de tres lámparas con bombillos desnudos que nos recuerdan la ruptura con el ornamento.




Cuarto

Similar al comedor en modestia, el cuarto purista -como lo llamó Le Corbusier- tiene un carácter casi monacal dentro del universo burgués en el cual estaba acostumbrado a desenvolverse Raoul la Roche. Este, al igual que el arquitecto, vivía con una gran austeridad y rechazaba la ostentación por medio del decorado.

La alcoba también posee un juego cromático y se beneficia de una iluminación natural, gracias a las ventanas de los muros este y oeste.




Techo Jardín

La Villa la Roche constituye para Le Corbusier una oportunidad de aplicar sus teorías de los cinco puntos de la arquitectura como el techo-jardín, que surge como una inquietud del maestro por restituir un poco del verde que se tomó de la parcela original.

El jardín en la techumbre confiere un poco de frescor a la vivienda, al mismo tiempo que la dota con un espacio destinado al esparcimiento.

El último piso posee una cubierta que protege de la intemperie y de donde parten unas baldosas de cemento que se mezclan con césped, creando un carácter bucólico que se ve reforzado con una mesa y unas sillas metálicas.

Seis meses después de la culminación de la villa, su propietario se establece con la colección de arte en su nuevo hogar solo para experimentar una serie de inconvenientes: fallas de iluminación, fugas en las tuberías, condensación en los ventanales y goteras en el techo.

La Roche tuvo mucha paciencia frente a tales contratiempos, pero a principios de 1928, con la interrupción de la calefacción central, entiende que una restauración radical es necesaria.

Serán Charlotte Perriand y Alfred Roth (colaboradores de Le Corbusier) los encargados de recuperar el espacio de la galería en donde presentaba la mayoría de los desperfectos.

Instalan una lámpara prismática para iluminar indirectamente los cuadros y directamente al techo, crean un vacío bajo la rampa para colocar un armario empotrado de vidrio y metal, recubren con vinil rosa el antiguo suelo de parquet, dividen el mezzanine de la biblioteca por medio de bastidores de vidrio, fijan una mesa de mármol negro con tubular cromado en “V” y por último refuerzan la policromía corbusiana.

Esta no será ni la primera ni la última remodelación: en 1936, a fin de mejorar el aislamiento térmico y sónico, los muros y el techo de la galería son recubiertos con placas de isorel.




En 1940, durante la ocupación nazi, la Roche se muda a Lyon y deja la villa y su preciada colección bajo el resguardo de su devoto asistente y pareja Bénain.

Al cabo de unos años, luego del armisticio, regresa a la Villa con una seria condición artrítica en manos y pies, lo que vuelve complicada su vida en la casa El constante ascenso y descenso deteriora su salud, así que pide a Le Corbusier diseñar unas rampas para las escaleras, pero este más bien ingenia unos pasamanos con tensores para facilitarle el apoyo en la dura faena de subir los tres niveles hasta su habitación.

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